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miedo

El cadáver apareció junto a un contenedor de basura, en un callejón estrecho y poco iluminado de la parte vieja de la ciudad. Estaba sobre uno montón de cajas vacías, semitumbado y apoyado en la pared. Se trataba de una mujer de mediana edad y por su aspecto y el lugar donde se encontraba, todo hacía suponer que era una prostituta. El cuerpo inerte estaba totalmente lleno de moratones, las articulaciones desencajadas y la cabeza ladeada hacia un lado, apoyándose sobre el hombro. Parecía una muñeca de trapo.

Al inspector Mendoza lo avisaron sobre las cuatro de la madrugada instándole a presentarse en el lugar de los hechos pues se trataba de un asesinato especial por su atrocidad. Rigoberto Mendoza llevaba toda la vida en el cuerpo de policía. Se había especializado en los crímenes más horrendos porque de todos sus compañeros era el único que no tenía familia ni obligaciones extralaborales y le podía dedicar todo el tiempo del mundo a esos horripilantes delitos. Además era frío y no le quitaba ni el el hambre ni el sueño el lastimoso aspecto de las víctimas.

-¿Qué hay? -Preguntó Mendoza al agente que llegó primero.

-Mujer blanca, de unos 40 años que presumiblemente lleva muerta una tres horas. Recibimos el aviso de su compañera quien la encontró hace apenas media hora.

-¿Habéis hablado con ella a ver si ha visto algo o si sabía con qué cliente se encontraba?

-Sí, pero dice no saber nada. Se preocupó cuando no le contestó al teléfono después de muchos intentos.

El inspector echó un vistazo a la zona haciendo un barrido fotográfico hasta depositar su mirada sobre la mujer. Observó que estaba totalmente magullada, pero no de haber recibido una paliza, sino que parecía haber sido estrujada con mucha fuerza, como si la hubiera abrazado un oso.

-¿Se sabe la causa de la muerte?

-Probablemente le rompieron el cuello -dijo el agente Fernández.

-Hay una cosa que no me cuadra…

-¿Qué es?, inspector.

-A pesar de la crueldad aparente, su mirada no denota terror ni angustia. Todo lo contrario, tiene una expresión placentera. Yo diría que estaba sonriendo en el momento de la muerte. 

                                                        ≈≈≈≈

-¡Quién dice que han desaparecido! Yo tengo uno en casa.

-¿A qué te refieres, Sofia?

-A la conferencia sobre la desaparición del Neardental -le contestó burlona.

-¡Aclárame eso! ¿Desde cuando tienes novio? -le preguntó Luisa.

-Hace unos meses conocí a un hombre en otro coloquio sobre el paleolítico. Era muy educado y agradable, aunque su aspecto impresionaba por robusto y ancho. No pude dejar de fijarme en sus maravillosos arcos superciliares. Se me acercó y estuvimos hablando mucho tiempo sobre prehistoria.

-Sigue, sigue…¡No pares ahora!

-Cuando estaba cerca aún sorprendían más sus grandes facciones. Había una total discordancia entre su cuerpo y sus modales, que eran exquisitos. ¡Acabamos en la cama!

-¿Y…?

-Tenía unas manos grandes y fuertes con las que me acariciaba cálidamente al principio, para después abrazarme con tanta fuerza que creía desfallecer en sus brazos. Su mirada era intensa a pesar de tener los ojos un tanto pequeños. Yo no podía soportarla, era evidente que estaba encolerizado por la pasión. Me dejé llevar.

-!Qué fuerte!-alucinó Luisa.

-Sí, mucho -le contestó con picardía Sofía.

Prosiguió con el relato de la primera noche de amor, detallando cómo la desnudó y cómo la tumbó boca abajo para obsequiarle con todo tipo de carantoñas y arrumacos mientras lamía con fruición y glotonería todo su cuerpo. La delicadeza inicial iba dejando a paso a un ser más salvaje que parecía disfrutar de la pasión más primitiva sometiéndola hasta que ella no podía más.

-Ese hombre consigue llevarme al infierno del placer… y me gusta -concluyó Sofía.

 ≈≈≈≈Abrazo 010                                                          

-¡Inspector, tiene que venir urgentemente…Lo tenemos! -le soltó por teléfono él agente Fernández. -Mendoza se aseó rápidamente y salíó disparado de su casa-.

-¿A quién tenemos?

-¡Al asesino de la prostituta! Lo ha vuelto a intentar esta noche.

-¿Dónde está?

-En el coche patrulla bien sujeto. Han sido necesarios varios hombres para despegarlo de la mujer que tenía abrazada mientras la poseía en el callejón. Unos segundos más tarde y la pobre no lo cuenta. También es prostituta como la primera.

¿Cómo está la víctima? -se interesó Mendoza.

-Conmocionada, con cardenales por todo el cuerpo, sin saber exactamente qué ha sucedido. Dice que era un hombre muy cortés y que estaba disfrutando del sexo como nunca antes lo había hecho, cuando de repente sintió que no podía respirar. Uno de los agentes que vigilaba la zona escuchó los gritos de la mujer.

-¿Y qué dice el detenido?

-No se lo va a creer: ¡dice que lo hace por amor!  Las abraza porque las desea y que no se puede controlar. Lo dejamos en el coche sollozando como un niño y eso contrasta con su físico vigoroso. No parece un hombre moderno. Su aspecto es -y disculpe el atrevimiento- de hombre de Cromañón o Neardental.

 ≈≈≈≈≈

Sofía y Luisa salieron a cenar. Repasarón su jornada laboral y rápidamente Luisa se interesó por su misterioso amante.

-¿Cómo es que hoy no has quedado con él?

-Muchas noches no nos vemos. Dice que no puede dormir y que necesita deambular por las solitarias calles. “Reminiscencias de mis ancestros que eran cazadores”, me contesta tajantemente cuando le pregunto.