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Es terrible no saber adónde ir.

Vistes con las calles como un abrigo.

Ciertas casas son amigas, otras ya no pueden visitarse.

Viejos amores acechan en los portales;

tras las ventanas las mujeres envejecen.

Florece el desdén.

 

Has declinado muchas invitaciones,

dejado teléfonos sin contestar,

dicho -No- a los pocos que te necesitaban.

Abandonado en una isla de tu propia invención

has lanzado mensajes, deseos.

 

Que inútil es saber que adónde quieres ir

no es ningún lugar definido.

Los trenes no te llevarán allí,

los autobuses pasan de largo sin detenerse,

no hay taxis disponibles.