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Vi como rodaba la tercera canica por el oscuro pasillo, el impulso por la que fue propulsada fue tan exacto, que desembocó justamente entre mis dos zapatos, no me atreví a cogerla, pensé que me quemaría si lo hacía, las otras dos se quedaron a medio camino, no se oía nada, la ventana estaba abierta, sólo entonces, cuando un pájaro se posó encima de una rama y esta crujió, me desperté de mi ensimismamiento.

Me quedé mirando a la luna llena, a través de la ventana abierta, y por un momento pensé en saltar al vacío, al otro lado del pasillo había algo, estaba sólo, no llevaba el móvil encima, llevaba tal aturdimiento que no pensaba con claridad.

Entonces me eché a reír, ¿qué estaba pasando? estaba en un depósito de cadáveres, estaban todos muertos, ahí era imposible que hubiera algo, ¿qué podía haber al otro lado del pasillo?, me vino a la cabeza, la imagen de un señor que llegó la noche anterior, pendiente de que lo reconociera algún familiar, aunque dudaba que alguien pudiera identificarlo, era un amasijo de carne, completamente deformada, con las cuencas de los ojos vacías, como si se los hubieran arrancado con una cuchara, y de los oídos, salía un líquido rojizo y grumoso, entonces me lo imaginé al otro lado del pasillo echándome las canicas, un sudor frío empezó a envolver todo mi cuerpo, me quedé completamente empapado, intenté dar un paso atrás, y los pies no me respondieron, un zumbido penetrante se apoderó dentro de mi cerebro, no podía pensar.

Pero, ¿me estaba volviendo loco o qué?, la vista se me empezó a nublar, me apoyé en la pared, y la canica al verse sin apoyo siguió pasillo abajo, como si tuviera vida propia.

Una sombra apareció a través del resquicio de la puerta, y me saludó con un buenas noches, me dieron ganas de abrazarlo cuando lo reconocí, era la persona que me contrató, no sabía su nombre, pero daba igual, le respondí con otro buenas noches y una risa floja e incontrolable se apoderó de mi cuerpo.

-Pasaba por aquí dando un paseo -me dijo.

No contesté ¿quién paseaba a esas horas? ¿quién se iba de madrugada por esos parajes?, no quise saberlo, por una milésima de segundo, volví a barajar la idea de tirarme por la ventana de nuevo, pero solo supe decir que iba a por café.

-¿Le apetece un café?

-No, gracias, me voy ya, pero no se demore, que los muertos necesitan ser vigilados.

Entonces se marchó, no me dio tiempo a reaccionar, solo recuerdo que cerré la ventana, las canicas las dejé en el suelo, y volví a mi silla, ya no necesitaba café, el sueño se me había pasado por completo.

Volví al trabajo la noche siguiente, no le conté a nadie mi experiencia de la noche anterior, no quise darle importancia, me decía a mi mismo que por las noches se magnifica todo demasiado, que todo lo malo siempre ocurre de madrugada, pensé en llevarme una novela y pasar la noche distraído, pero todo lo que tenía en casa eran libros de asesinatos y zombies, al final cogí mi cubo de rubik y lo eché a la mochila.

A las dos de la mañana sonó el teléfono, era mi jefe, y quería que me acercara a la cámara frigorífica número tres y comprobara si estaba completa.

-No te entiendo, – le dije.

-Qué te acerques a la cámara, sólo tienes que abrirla y mirar si hay hueco, es una urgencia.

-¿Tiene que ser ahora?

-Pues claro, venga, es de máxima importancia pero dónde te piensas que trabajas?, no tengo que darte explicaciones, haz lo que te pido ahora mismo ¡ya¡.

Dejé el auricular encima de la mesa, y me dispuse a hacer lo que me mandaba, sabía donde estaban las cámaras frigoríficas, mi superior tenía razón, además después de haber visto ayer a ese amasijo de carne¿podía ser peor?, pero claro, después de la experiencia de anoche…

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esmeralda egea rabinad

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