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Tiempo, siempre mientes en tus agujas
de reloj cruel, sin cuerda ni destino.
Me llenas de horas yertas el camino
y en rostros olvidados me dibujas.

A mis sueños sometes y embrujas
con el pulso de tu tictac cansino.
Me convierto en esclavo y peregrino
persiguiendo quimeras y burbujas.

Pues la vida entre tus orillas fluye
ciega en deseos y mendiga de horas
mientras la muerte fría me acorrala.

Me buscas y mi paso te rehúye
porque sé que son pocas las auroras
que el vil hijo de Gea me regala.