El cadáver del alma.

El cadáver del alma.

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Se espera a que el día llegue, y amanezca propicio para darle las pautas .
No es que no quiera seguir, es que seguir es latente agonía!!
Los ojos vidriosos, desazón en el cuerpo , desidia en su aspecto y una gran nube en su cabeza, que arrebata todos los sentidos.
Sabe que abrir camino,
supone calzar sus pies de angustioso pánico, con la incertidumbre de saber hasta donde llegarán sus pasos.
Más, el trayecto se inicia después de una taza de café caliente, sujetada entre manos temblorosas.
Ahí va, enfrentándo a el fantasma de si misma!!
Amaneció gris, pero es imperceptible ante sus ojos.
El pensamiento evadido, es signo de que su alma es ya, un cadáver.

Carmen Escribano.

Entre certezas y soledades

Entre certezas y soledades

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Tengo una alma constante
aderezada con salsita de hambre
que busca las certezas de la humildad
y el manso sosiego de las soledades.
Habitante de la luz que emanas,
huésped de un cuerpo magro
al que le reconoce sus fatigas;
se reinventa con el sol,
colecciona atardeceres, lluvias,
lo mismo que aromas de azahares
y cúmulos del cielo azul,
en el cuenco de mis manos
para los días de pena,
menores desde que tengo un perro,
que también reconoce mis fatigas,
y homenajea con el difícil arte de la espera.
Y nunca ve más verde el jardín del vecino
porque sabe que la ventana es nuestra.
Compañero de nubes, apegos y tardes solitarias,
presiento que tiene un corazón lunar
donde una estrella titila
sobre su borde más cercano.
Se acerca al alma mucho a mucho…
Y a mi poco a poco,
para no sobresaltar un corazón
que construye sobre escombros y soledades.
Soledades
disueltas en el profundo silencio
de la tarde desvaída.
Ahí encuentra calor y se reencuentra
como quien se mira atento en el espejo.
En el inmenso abrazo de un cielo rojo
donde se refleja la grandeza de los sueños.
Y la voz de un Dios piadoso que reclama:
Dejad que se acerquen más los perros.

Pueblos ..

Pueblos ..

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Hablo de estrechas callejuelas, que mirando al horizonte pareciesen unirse en el infinito!
Con sus casitas abalconadas, casi rozando sus labios para encontrar el beso entre ambas!
Donde los buenos días, suenan a un verso cantado entre sus habitantes.
Esas gentes nobles, de corazón sano, que acontecen su día a día en la plaza mayor! También en la vieja taberna, los agricultores resumen sus quehaceres diarios, acompañados de un vasico de vino , ante la atenta mirada de quienes lo fueran en su día, convertidos en ancianos!
Donde uno se marcha, y otro llega entre sollozos, fruto del seno sufriente de una madre!
De paisajes de esplendoroso verde en primavera, y a la vez
achicharrados por un sol de verano, que hasta ampollas levanta!
De esa iglesia que levanta al vuelo las campanas, llamando a gloria a los feligreses, y a su pesar también a duelo!
Hablo de ese pueblo perdido entre valles, montañas, llanuras, donde un río refresca el paisaje, y crea duende.
De ese pueblo sin nombre, pero soñado
en nuestro interior!

Carmen Escribano…

Era tan blanca su soledad…

Era tan blanca su soledad…

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Era tan blanca su soledad, como negro todo a su alrededor. Su sonrisa escondía
el dolor de toda su cordura, como le hubiera gustado estar loca de atar,
escapar de su asfixiante cárcel
de realidad intransigente.
No le permitían cerrar los ojos para soñar…

Así que aprendió,
aprendió a soñar despierta
en cada consuelo y en cada olvido.

A trepar por sus lagrimas
hasta el ultimo rayo del sol.

A tejer telarañas de pasión
encubiertas de casualidad.

A escabullirse entre cortinas de humo
y ser despierta tras la luna.

A respirar tras guardar la respiración
mientras cadenas desollan
razones de desquiciada desazón.

No deseaba más la cordura de esa razón.

Cuanta cadena de plomo en ella había,
cuanta soledad maldecida.

Solo deseaba colgarse de la locura
escondida,
la de cualquier letra o cualquier sonrisa,
ser la majestad de lo callado,
ser la princesa de lo amado
ser la caricia de una nota.

Lo natural en esta realidad era ser mentira, una mentira llena de maquillajes y pompones , estatuas de bronces vacías. Y ella odiaba esas mentiras y los maquillajes la intoxicaban, y los pompones la mataban, no soportaba los hombres de negro y sus guadañas de lo correcto.

Ella no era de bronce hueco.

Ella era de alma y luz,
de universo y magia liberada,
estrella de cualquier sueño,
marea de las estelas.

Ella estaba hecha de risa infinita
y de miradas del corazón,
de amantes sin razón
y de locuras pintadas en libertad.

Le gustaba nadar entre ballenas y delfines del cielo,
pasear con los gigantes
de cualquier molino,
y entrelazar dedos de los bosques.
Adivinar el camino de las nubes
y surcar los charcos
sin timón ni botas de agua.

Ella era así…
tan blanca en su soledad,
tan loca de atar
que aprendió a soñar despierta.

 

FRAN RUBIO VARELA.© Septiembre 2018.

 

Canto Comunitario

Canto Comunitario

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( A Jordi Rosiñol )

Que la piedad nos llegue de la gracia de Dios.
Y la reciba el sano juicio del corazón,
que no se instale la indolencia ésteril
ni nos inmute la insensibilidad.
Los egoísmos rastreros provocan vértigo
Y el futuro acusa ventanas al subsuelo.
Ven a pronunciar la palabra urgente,
la insondable que navega en el alma
como repuesto de la furia que se anega
con sordo y fatigoso latido para no herir,
esa palabra sin miedo; prodiga y ubérrima
que se adivina en la mirada de los que aman,
donde tu incrementas la lista que crece en gracia.
Y se desdibuja en la frente
de quienes portan el Infierno del Dante.
Y nosotros distantes e indiferentes.
Nacimos en la generación del esfuerzo
por eso conocemos el gemido del alma,
que habita en las páginas que nos reclaman,
palpita la vida en el costado de una herida ancestral;
callada, secreta y sin aspavientos.
El corazón hala y el olvido harta,
reniego de la orilla, el silencio dejó de ser marginal.
Una psique vulnerada se rebela contra el cuerpo,
cuando el azar te depara lo inesperado
tan precioso como arduo,
intuye que ya no sólo eres el prólogo de ti mismo,
sino el epílogo fantástico de algo.
Con la sangre erguida hasta la cresta
el comunitario canto de tus gallos anuncia…
Que ha llegado la hora de batir las alas y aventar la garganta.

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