Andamios

Andamios

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Duelen los verbos que nunca dijimos,
golondrinas que deambulan sin cielo,
sirenas mudas que cantan a las estrellas,
resabios que escuecen el alma.
Los andamios de la soledad son andares míos.
Mejor ensayemos a querernos para no morir
y besémonos hasta quedarnos secos.
Grita en el desierto tus silencios,
quema el poema que soñamos juntos.
Que arda el deseo en la tarde gris
mientras el sol intimidado por tu fuego
murmura nostalgias de otro tiempo.
El corazón madura en invierno
a fuerza de soledades y frío.
Cae la lluvia como manantial dolido.
Y un rayo se abre camino a tu centro.

De reniego y olvido

De reniego y olvido

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En víspera del reencuentro mudo
un artefacto androide avista el futuro.
Tanto progreso espanta lo cuerdo.
Y el diálogo, en cuarto oscuro.

Rudos ordenadores cuánticos,
se posicionan en silencio mustio.
Es poético extrañarte tanto
Y nostálgica la nube de cúmulos.

Orbitan en el cielo gotas de rocío.
Y en el proceso de lluvias ácidas
un silencio agrio puebla el vacío.

Sondeo los fueros de un dios dormido.
Mi credo profundo y sin idiosincrasia
inventa falacias de reniego y olvido.

Tierra herida

Tierra herida

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( I )

La soledad vaga sin sosiego
y abandona sueños que naufragan.
Las nostalgias crecen y se apagan
sin dejar rastro alguno de su fuego.

La tierra tiene heridas de llantos
que mustios se secaron en su vientre,
se ha preñado de dolor y cansancio
quedando sin raíces ni simientes.

La pueblan mieses grises y cardos.
El canto desoído de los bardos
regurgita entre zanjones dolidos.

Ya no hay letra firme ni promesas
que devuelvan al aire las certezas
que ronda entre penas y olvidos.

(II )

Su huella viene preñada de cantos
con ecos que rompen el silencio,
trae letras que gritan entre necios
y repite las dolencias de unos cuantos.

No son tantos, para no prender alarma,
un puñado de cascotes en el fango
que se pega en los rincones del alma.
Niños solos, bosques ralos y rayos.

Un acopio de lamentos y desgracias
se pasean por las letras cual fantasmas
y perturba la conciencia de los sabios.

Más valiera que empeñáramos el habla,
antes de quedarnos sin eco ni palabras.
Y el fuego creciéndose entre agravios.

Algarabía de la locura

Algarabía de la locura

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Bienvenidos a esta verbena de espesuras.
Lobos de la estepa, poetas sin musa
que solitarios le aúllan a la luna.
Costal de gatos, locos sin cura
arañando el silencio hasta que llore lluvia.
Ahora que los laberintos
se resuelven por la senda más oscura,
Borges planetario encuentra investidura.
Dionisos se ha puesto máscara de verso.
Y busca musas sin faldas y maduras,
vuelan páginas abrasadas por el fuego.
Un Dios tronante rayo en mano
entró en mi pecho con su empuñadura,
para sembrarme truenos sin descanso.
Donde habita un corazón sin coraza
con la cordura de un palomar agitado.
Que sabe él, ni nadie, si la locura
es un recurso infalible de la utopía,
ahora que gravitan mis conjeturas
entre cardos, fuegos ralos y letanías.
Y sueño con la palabra-luz sin ataduras.
Un vértigo por ese relámpago domesticado
que nos sacude los cimientos de la duda.
El mismo Dios, piadoso, me deja con endoso
El Acta de nacimiento de la luna.
Ahora que los dueños del insomnio
son demonios que muestran sus facturas.
Vienen los pájaros en éxodo sin retorno,
con vuelo grave sobre sendas inseguras.
Y un alma impura, densa de inventarios,
más oscuros que los dardos de la injuria
se extravía sin remedio entre mis brazos,
imposible salvarlos sin daño, ni raspaduras
de esta lujuria de palabras, por abecedario,
que se puebla de cantos y versos soterrados
Añoro al poeta sin armadura, guerrero milenario
hermano lobo, que propuso salvarnos
del insomnio, del desamor y la negrura;
con hojas, rayos, brisas, gotas y bálsamos
en dosis precisas y controladas, de la luna.
Recurso infinito, consuelo de este poetastro,
con versos en verbena y algarabías de la locura.

Terraza cómplice

Terraza cómplice

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Las postales empiezan en la terraza,
ventana al horizonte sin alarmas.
Un trajín de besos en tu espalda…
Y mis sueños escapistas por las ramas.
Las nubes que se alzan sobre el alma.
Y los pájaros nos elevan con sus alas.
No es la locura lo importante,
ni el loco que se asoma al vacío,
el poema es la cuerda delirante
que se fuga de los lodos del hastío.
Soledades exiliadas en el cielo
lloran turbias y espesas de nostalgia,
es la lluvia que viene sin recelo
a lavar mi cielo en lontananza.
Un tigre desaloja mi entrecejo,
un jilguero en el pecho que me canta,
tu liguero se enreda entre mis dedos
que deambulan sin recelo por tus nalgas,
tus gemidos se crecen con el juego,
mis caricias-alas que se desatan.
Dos locos se montan en el fuego.
Y el deseo volcado en la terraza.

RESILIENCIA

RESILIENCIA

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La página habla de los sueños
El sueño habla de la noche
Las noches hablan de ti…
Todas te saben, y extrañan,
palpitan con sólo pensarte,
se avivan con tus ecos,
se pueblan de tus latidos y rumores,
despiertan con tu aroma mis sentidos
Y tus gestos relajan mi entrecejo,
la memoria vulnerada resiente
aún están abiertas sus heridas,
cautelosa resguarda tus caricias,
en casilleros resilientes se reaviva,
cuando las sábanas cantan tu poesía
el alba amanece sin alarmas.
Una musa que ronda la utopía.
acude con versos a mis páginas,
para renacer, entre besos…
Sin duelo y sin lágrimas.

La tarde que arde, y vuelo a ras de piel.
Una melodía inédita silba en el viento.
Las luciérnagas abrirán el oscuro diálogo,
Iluminando vacíos que temen al relámpago,
La ropa cae a la menor provocación del verso.
El silencio esta pariendo palabras y vértigos.
Una flor en el hito más cálido de tu cuerpo
renace entre los claroscuros y mis besos,
testimonio en la infinita soledad de los espejos;
como si supieran la canción que los solitarios
le aúllan a la luna, entre gemidos, sin complejos.
El mar batiente se escucha en tu pecho.
Y las caracolas me cantan al oído
el canto resiliente de los cielos.

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