Caprichos del calendario

Caprichos del calendario

[Total:0    Promedio:0/5]

Caprichoso este calendario que marca una maldita fecha , aún no entiendo por qué nuestra historia que se iba formando a pequeños pasos de golpe y porrazo se rompe para siempre, es muy complicado pasar un año sin ti , sin tú presencia…. Tengo aún una sensación de frío en mis labios de nuestro ultimo beso como si cuándo te lo di quería que te llevarás tanto amor vivido y del que nos quedó por vivir juntos, maldita mañana ,maldito aquel destino caprichoso o azar que corto el hilo de tu vida demasiado pronto, cómo quisiera compartir tantas lagrimas y sonrisas contigo , tú lo bueno lo hacias maravilloso y lo malo pasaba a menor plano por que simplemente estabas a mi lado, mi amor creo que este duelo por mucho que la gente quiera curar y pasar más amablemente no saben lo duro que es recomponer el puzzle cuando le falta la pieza esencial en mi vida eres tu.

Mi amor fuiste , eres y serás el amor de mi vida , hoy , mañana y siempre.

Te quiero.

El pesebre de la abuela

El pesebre de la abuela

[Total:0    Promedio:0/5]

“Cruza el amor

por el puente”

 Gustavo Cerati – Puente

1

La casa de mis abuelos tenía dos entradas; una entrada principal que daba hacia la sala de la casa y, otra secundaria, que daba a un cuarto en forma de “L”, que era en donde la abuela montaba su pesebre cada Diciembre y que, unos años después, pasaría a ser la habitación de la tía Nila.

El pesebre adoptaba la forma del cuarto en “L”, era bastante grande y su estructura estaba montaba encima de dos mesas.

Yo me deleitaba mirando ese pesebre grande y me imaginación volaba nutrida con los pastores, reyes magos, el burro, el buey, las ovejitas y demás figuritas tradicionales que rellenaban el espacio de las dos mesas. Sin embargo, lo de tradicional iba a cambiar con nuestra mudanza a la casa de los abuelos.

En el tercer nivel de la casa, mis abuelos habían construido una vivienda con un patio nuevo. Mi madre, mis hermanos y yo fuimos los que estrenamos dicha vivienda a raíz del divorcio entre mis padres. Recuerdo que el día de la mudanza coincidió con el entierro de la mascota de mis abuelos, una perra de pelaje largo, que murió por esos días. Mi abuelo la enterró en una esquina cercana a nuestra vivienda. Yo vi todo el proceso de entierro y recuerdo que constantemente miraba el sitio donde la perrita estaba enterrada… Quizás esperaba que algo más fuera a pasar, pero el tiempo se encargo de demostrarme que todo iba a seguir igual a como lo había dejado mi abuelo.

La mudanza a la casa de mis abuelos fue un bálsamo para mí. Veía a diario a mis primos Juan y Javier, haciendo un sinnúmero de travesuras y jugando hasta el cansancio. Durante los fines de semana se nos unía el resto de primos: Cecilia, Katia, Janeth y Fausto. Para aquel entonces, Sylvia, hermana de Juan y Javier, era un cometa más en el cielo estrellado.

Así fueron transcurriendo los días y los meses hasta llegar a Diciembre y con él los arbolitos adornados, los regalos y los pesebres. Ese año subí a ver el pesebre de mi abuelita y noté que había unas figuritas nuevas. Se trataba de algunos de mis soldados de plástico, que en diversas posiciones de combate-se mezclaban con las cabras, los pastorcillos, reyes magos, el burro, el buey y las ovejitas.

Yo le dije a mi mamá que esos eran mis soldados. Mi mamá me dijo que me quedara tranquilo y no dijera nada. Nada dije, pero no por eso me fui satisfecho. ¿Por qué mi abuela había tomado algunos soldados para ponerlos en su pesebre? ¿Pensaba devolvérmelos o se los iba a quedar?

Estoy seguro que mi abuela trató de decirme algo con sus ojos pero yo, en ese momento, no estaba para esos juegos sutiles del alma.

Al llegar el mes de Enero el pesebre fue desarmado y vi que los soldados que mi abuelita había tomado estaban de vuelta. Es decir que solamente los había tomado prestados.

2

María Encarnación Carrasco o la abuela Maruja fue una mujer de carácter fuerte. Casada con Jorge Pazmiño. Fruto de ese matrimonio nacieron seis vástagos. Alicia, Fausto, Virginia, Elsa, Nila y Jorge, siguiendo un estricto desorden alfabético, cronológico y de género. El cuidado de su casa le obsesionaba. Constantemente estaba tapando huecos, arreglando el jardín, pegando ladrillos, y, frisando y pintando paredes.

Sufría de dolores de cabeza que eran cíclicos. Cuando los padecía se solía decir que “tenía la luna”. En esos días, la abuela Maruja andaba con un humor agrio, sin embargo, con sus nietos se le desaparecían todas sus dolencias y solía ser muy cariñosa.

La relación madre-hija entre Matilde y Encarna no fue del todo buena. Encarna o Maruja fue la hija primogénita y Matilde, quizás de manera inconsciente, la rechazó como un mecanismo de defensa en contra del matrimonio impuesto por su padre con Prudencio Carrasco. Este mismo rechazo se manifestó entre Maruja y Virginia, también su hija primogénita. Fue así que Matilde se encargó de la crianza de Virginia. Estos rechazos, inconscientes o no, llevaron a relaciones tensas entre madres e hijas. Felizmente, tanto Matilde como Encarna y Virginia tuvieron la suficiente sabiduría como para criar a sus otros hijos de tal forma de romper ese ciclo maligno. De esta manera, las tres criaron hijos capaces de mejorar sus vidas, de ser mejor personas y mejorar la sociedad que los rodeo. Afortunadamente sus esfuerzos no han sido en vano, las generaciones que les sucedieron así lo han demostrado y a las pruebas habrá que remitirse.

Marujita, además de ser albañil, jardinera y pintora de brocha gorda, también fue artesana, pintora de brocha fina, costurera, tejedora y vendedora. Los retazos de telas, lanas e hilos que pasaban por sus manos se convertían en hermosas muñecas de trapo que ella misma se encargaba de venderlas. La época decembrina era la mejor en cuanto a ventas y, Marujita se apostaba en el portal de Santo Domingo o en el Palacio Arzobispal, en un puesto de venta callejero, a vender sus muñecas, sus flores de tela y papel, sus tejidos, sus costuras y juguetes de hojalata que fabricaba su esposo Jorge, en su taller de hojalata.

3

Volvió a llegar otro Diciembre y noté que algunos de mis soldados se habían vuelto a ir de excursión al pesebre de mi abuela. Allí los vi, otra vez mezclados entre la flora y la fauna del nacimiento. Sin embargo, ¿cuál significado podrían tener unos soldados en un nacimiento?

Ese año, mientras veía el pesebre sentí la mirada de mi abuela sobre mí. Subí mi mirada y nuestros ojos se encontraron. Mi abuela me estaba hablando a través de sus ojos. Con seguridad me estaba diciendo lo que quiso decirme hace un año. Vi como un puente se fue construyendo entre sus ojos y los míos. Un pacto, sin palabras dichas, fue sellado ese día.

Con el paso de los años he ido expandiendo mis horizontes y mi visión. Supe del conflicto entre palestinos y judíos ¿Será que mi abuela quiso hacer un pesebre más real y moderno? ¡Ah como me gustaría oír su respuesta!

Ahora que escribo estas pocas líneas recuerdo a mi abuela presta a servirme el cafecito de la tarde con pan, queso y mantequilla en cuanto llegaba de la escuela. Usualmente, también llegaba Paquita, una gata blanquita con pequeñas manchas negras, que también venía a merendarse su ratoncito vespertino.

Miles de recuerdos se agolpan en mi mente en torno a mi abuela. Compartirlos todos sería imposible. Sin embargo, el que toma mi mente es ese acuerdo tácito y jamás dicho de compartir mis soldados con su pesebre.

De esta forma supe que no hay ninguna cosa que no se pueda compartir. Puede ser tu bien más preciado, pero si alguien te pide que lo compartas es porque lo necesita. Si es agradecido también compartirá su bien más preciado contigo, sean unos simples soldados de plástico, una casa, su café, su gata o simplemente su vida.

Felicidad natural

Felicidad natural

[Total:0    Promedio:0/5]

Me he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.

Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierva, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.

Lluvia y silencio

Lluvia y silencio

[Total:1    Promedio:5/5]

 

 

Seis días con sus noches lloviendo sin parar y después, tiniebla y jazz. Se precipita lo inevitable al tratar con torpeza los silencios, las atmósferas de falsa tranquilidad.

Veréis, yo vivía con una mujer a la que amaba con cierta pasión. Irma, mi tercera esposa. Ella poseía todos los dones juntos que ninguna de mis anteriores esposas había conseguido reunir. Inteligente, con gran ingenio resolvía pequeños y grandes problemas cotidianos. Sonreía y hasta apreciaba con sensibilidad la música. Culta e irónica. Me gustaba demasiado para dejarla marchar. Su humor y su conversación me alegraban considerablemente los días, por lluviosos que estos fueran. En la cama era generosa, sin limitaciones insulsas que muchas mujeres tienen a bien prohibir a sus parejas… Ella era activa y sumamente receptiva… Gocé de una plácida vida a su lado, tan dulce y caliente, tan divertida, que veía grandes posibilidades de eternidad a su lado. Pero ciertas catástrofes son inevitables, y yo comprendo que incluso las atraigo. Tengo un imán poderoso para atraer cierto tipo de problemas. Lo acepto.

Y como caído del cielo, se atravesó en mi vida el vertiginoso cuerpo de Sally Preston. Uno de esos cuerpos que surgen una vez en un millón de años. Quedé deslumbrado con aquella cantidad de curvas que se daban cita en tan poco espacio de cuerpo… voluptuosa y explosiva, aún sin proponérselo… Sus demás virtudes no eran gran cosa, pero ¿a quien le importaba que no fuese perfecta? ¿Acaso lo soy yo?…

Nada más conocerla en una conferencia sobre ovnis y platillos volantes, sentí la inevitable necesidad de obsequiarla con una mini conferencia personalizada. Le expuse mi inquietud y preocupación por los agujeros negros y la velocidad de la luz, recité al aire incluso algunos poemas que recordaba de la niñez. Mi comportamiento estúpido e infantil pareció caerle en gracia, pues ella no podía dejar de reír ante mis ocurrencias. Mis instintos erótico-salvajes crecían por momentos…

Un poco más tarde en la habitación de su hotel, algo más crecía en mi entrepierna mientras la chica se desnudaba silenciosamente y dando saltitos sobre la cama. Sencilla como un animalito, no brillaba por su inteligencia, pero llegados a este punto podría haberle perdonado cualquier cosa. No quise evitarlo, es cierto. A partir de ahí las mentiras se fueron sucediendo en casa. Cada noche salía con un pretexto, un velatorio, una enfermedad o un accidente de tráfico… Al pasar las semanas había estrellado tres veces el coche, matado en dos ocasiones al mismo amigo, e ingresado en urgencias por intoxicaciones alimenticias varias…

Irma, mi tercera esposa era paciente, madura y sensata… Supo desde el primer velatorio, que yo andaba con otra… Pero no me dijo nada… Se mostraba comprensiva y observadora. Y silenciosa, muy silenciosa. Nuestras relaciones íntimas se habían espaciado considerablemente, aunque intentaba satisfacerla en la medida de lo posible, dado que los encuentros con Sally me dejaban sin reservas. Pero hay que comprenderlo ¿quien puede ser feliz con una única mujer? A cada una la apreciaba de un modo y por una virtud distinta, ambas se complementaban. Tener a dos mujeres excelentes a mi disposición me elevaba por encima del cielo… Como un dios que decide al elegido. Los encuentros se fueron manteniendo en el tiempo, mi tercera esposa consentía mis escapadas con su habitual generosidad, aunque yo desconocía su “conocimiento”. Y Sally, la mujer del cuerpo bomba, me veneraba y admiraba con especial dedicación. ¡Qué felicidad!

Pero ya os dije que tengo un imán para los problemas, y a los pocos meses comencé a perder la cabeza por Margaret Fidz, la uróloga que conocí en una de mis revisiones sin importancia… Cada semana acudía a la consulta con un pretexto… ella sonreía sin parar, aludiendo que no había conocido a otro paciente tan sano y tan insistente… y entre risas me invitó a salir. ¿Cómo decirle que no? Aquella noche le dije a mi tercera esposa que mi jefe había muerto. A Sally le confesé, que yo mismo había muerto….Y a la bella y delicada Margy, le di la bienvenida a mi vida…

Durante tres años fuimos felices, Irma, Sally, Margaret y yo… Pero las desgracias nunca vienen solas… y apareció.. Svitlana, una pianista ucraniana de largos dedos, de mirada dulce y cándida… Sin duda la mujer perfecta… al menos hasta que apareciese la definitiva.

Hace unos días, una orquesta de jazz improvisaba unos acordes funestos bajo la lluvia, mientras yo recibía sepultura… Mis cuatro mujeres decidieron en silencio que debían acabar con la mala hierba que crece en mi. No las culpo.

Por fin puedo descansar, siempre supe que las mujeres acabarían conmigo.

 

Todo está dentro de tí.

Todo está dentro de tí.

[Total:0    Promedio:0/5]

Dentro de tí
lo cotidiano y lo especial´
los sentidos para percibir la vida
las emociones para reconcer los sentimientos
aquello que te hace reir
o lo que puede traer lagrimas en tus ojos,
te advertiran de quien es quien,
quien te quiere bien y aprederas
a advertir quien no esta cerca de tí.
Dentro de ti guardas lo necesario
Ser feliz…
está en tí ,
lo que ya aprendiste,
tus principios y valores
tus pensamientos y fe,
tus sueños, tu vivir…
todo ello te transformará…
Si sigues un poco más…
ahora que crees que todo acabó´,
ahora que algunos se volvieron atrás,
ahora que el final crees que va a llegar,
no te pares de buscar,
porque tan solo un poco más allá,
tus ganas de hacer,
tu impulso, tu coraje
tu esfuerzo e ilusión
y quizás un poco más de confianza
¡si! quizás entonces tu lucha acabará..
No abandones hasta el final.
Encontrarás en tí mismo
dentro de tí…el orgullo y el placer
de conseguir tu sueño…
te dará felicidad.
¡ Todo está en tí!

A %d blogueros les gusta esto: