Cuando nadie me ve, llamo a tu puerta

y nunca estás.

Suelto un suspiro y me siento aliviada.

 

Luego, llamo al fijo para escuchar tu voz en el contestador

y me mata esa risa con la que terminas.

 

Después me escondo en el ascensor.

Cierro los ojos y me imagino andando desnuda por tu casa

mientras escribes la canción de nuestra vida.

 

Cuando nadie me ve, entro en tus sueños.

Provocando.

Y luego me suelto el pelo

deseando que, algún día, cuando abras los ojos,

no sea solo la chica de tus sueños,

sino quien se despierta a tu lado y te abraza.

Hace poco descubrí la escritura de la manera más casual posible. Me divierto e, incluso, a veces, lloro. Escribo de todo y hace poco se cumplió uno de mis sueños cuando vi muchos de mi poemas en un libro publicado. "Solo iba a Marte y vaya si te amé" es un poco más de mí. El pedacito que faltaba para comprenderme o, quizás, para comprender mejor el mundo.

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