ENTREVISTA TERESA MATEO ARENAS

ENTREVISTA TERESA MATEO ARENAS

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Tengo que reconocer que admiro muchas cosas de Teresa.

La primera su determinación y su tesón. Escribe a un ritmo envidiable, ya tiene cinco novelas publicadas, pese a tener otro trabajo. Yo creo que su mejor novela es siempre la misma: la última. Es tremendamente modesta, sensible, y franca. Eso te hace pensar que Teresa puede ser una mujer débil y nada más lejos de la realidad. Da igual que le pirateen sus libros, ella hace lo que quiere y sabe hacer, que es escribir. No gasta mucho tiempo en redes sociales porque su nivel de autenticidad, timidez y de humildad le impiden venderse a sí misma. Rechaza cualquier cosa que se parezca remotamente a un elogio y así nos demuestra que no son los que más se arengan a sí mismos los más sólidos y preparados para superar los reveses.

A continuación, esta magnífica entrevista que Mara Marley ha realizado a nuestra escritora y amiga: Teresa Mateo Arenas.

ENRIQUE BROSSA

 

 

¿Qué hace que te levantes todos los días con la intención de escribir?

Pues no es que me levante con esa intención, sencillamente necesito escribir todos los días, como necesito leer o como necesito comer, forma parte de mis necesidades básicas.

¿Cómo surgió la idea de tu última novela “ UN DÍA PARA OLVIDAR”?

Pues UN DÍA PARA OLVIDAR surgió por un suceso acaecido en mi entorno. fue dramático y sentí la necesidad de expresar con palabras lo que sentía al respecto. Necesitaba darle un final a tan trágica historia.

¿Qué esperas que sienta el lector al leer tu novela?

En realidad no sé qué espero, quizá la misma impotencia que sentí yo cuando supe de la desaparición de aquella criatura inocente. Me gustaría llegar al corazón del lector.

Con respecto a tus anteriores trabajos… ¿En qué se diferencia este último?

Mis otros trabajos eran novelas románticas básicamente, con alguna aventura infiltrada una de ellas, con un punto de erotismo otra, pero todas en la línea del romance. Este último aunque hay una historia de amor en el trasfondo, la historia principal es de suspense, intento mantener al lector pegado a las letras esperando el desenlace. Entonces es cuando se da cuenta del subtitulo del libro, en el que nada ni nadie es lo que parece.

¿Tu secreto literario mejor guardado?

Pues como todo en mi vida no tengo secretos. Soy bastante transparente. quizá por poner algo diría que haber empezado a leer desde muy niña, saltarme las clases para irme a pasar el día en la biblioteca, me gustaba más que aguantar las matemáticas.

¿Tu meta como escritora?

Mi única meta diría que es que al lector le guste lo que escribo, con eso soy feliz… y que me lo digan, por supuesto.

¿Te gustaría denunciar algo a través de esta entrevista?

Denunciaría algo muy manido y muy denunciado, la piratería, es una lacra que hace que muchos escritores se planteen dejar de escribir.

 ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha?

Pues para nada, debería, lo sé, pero no hay manera, cuanto más intento planificar, más me salgo del guión. Es como si los personajes tirasen de la historia y yo solamente fuera el instrumento para que ellos cuenten sus vidas o sus aventuras.

¿Autopublicación o editorial?

Pues de momento autopublicación, ninguna editorial ha apostado por mis novelas, de todos modos si no es una editorial relativamente grande es como apostar a la lotería publicar con ellos, he leído toda suerte de aventuras que dan para más de una novela de gente que se han sentido estafados por estas.

¿Ebook o libro en papel?

Como gustarme me gusta más leer en papel, pero reconozco que el Ebook tiene sus ventajas, por ejemplo en casa no caben más libros, sin embargo puedo seguir comprando y almacenando en el dispositivo, incluso en el móvil de manera que siempre llevo unos cuantos libros encima por si se tercia que pueda leer un rato.

¿Qué te aporta la escritura, Tere?

Qué me aporta ¿Qué no me aporta? Todo, vivir aventuras, otras vidas, relajarme. Me aporta poder decir con letras cosas que no soy capaz de decir con palabras. Me aporta ser yo misma, cosa que no siempre puedo ser.

¿Para qué tipo de lectores escribes? ¿Algún género literario que te apetezca experimentar y aún no te atrevas?

Escribo para todo aquel que me quiera leer, al principio pensé que mis novelas solo las leerían mujeres por aquello del romance, pero me sorprendió que algún caballero me dijo que le habían gustado, así que diría que para todo el mundo. No me atrevía con el thriller o suspense y en esta última lo he probado, debo decir que me ha costado bastante escribirla, pero estoy bastante satisfecha con el resultado. No me atrevo con la ciencia ficción, puede ser porque no es lo que más leo.

Háblanos de tu siguiente proyecto. ¿A qué género literario pertenece? ¿Con qué nos vas a sorprender en esta ocasión?

Mi siguiente proyecto quiero que siga el camino del anterior, el suspense con algo de romance. La novedad quizá sea que igual me meto en camisa de once varas, va a ser un thriller político, me he propuesto denunciar alguna de estas asociaciones que hacen todo lo contrario de lo que predican y solo quieren la subvención de turno.

¿Una película, una canción, una novela, un color, un olor evocador, una cita o frase?

Una película: De padres a hijas. Una canción: Puente sobre aguas turbulentas cantada por Camilo Sesto. Una novela: La madre de Gorki, Un color: El violeta, Un olor evocador: el del azahar y los jazmines del patio de mi abuela en Córdoba, Una cita: La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir De García Márquez.

¿Cómo reaccionarías si descubrieras miles de copias piratas de tus libros en el mercado negro?

Te puedo decir cómo he reaccionado puesto que antes prácticamente de que estén publicados ya están en páginas de descargas ilegales, pues reacciono con resignación, al principio me enfadaba mucho, pero me doy cuenta que es imposible luchar contra ellos, denuncias las páginas, las cierran y al día siguiente abren diez en su lugar. Todas mis novelas han sido pirateadas desde el primer día y eso duele.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Pues en este momento y como casi siempre llevo varios libros a la vez, estoy leyendo el de una colega y amiga El disfraz de una mentira en digital y en papel Ofrenda a la tormenta última parte de la trilogía del Baztan.

¿Cuáles son tus autores preferidos y qué recomendarías leer?

Esta pregunta es la más difícil de todas, recomendar yo recomendaría leer de todo, todos los libros aportan algo. Recomendar me es muy difícil, recomendaría leer lo que te guste, que yo recomiende un libro que a mí me guste mucho, pero a ti no te guste nada no es una buena recomendación, un libro tiene que hacerte sentir bien, tiene que engancharte y no todos los libros son adecuados a todos los momentos, así que mi recomendación es esa, leer lo que te haga sentir bien en el momento de leerlo, eso sí, si en un momento no te apetece dale otra oportunidad, a veces sencillamente no era el momento.

¿Sabes ya cual será tu próximo trabajo?

Pues más o menos, en principio tengo un par de capítulos de una novela que se llamará LA CANDIDATA… pero como escribo despacio, le queda mucho tiempo antes de ver la luz.

MARA MARLEY

ENTREVISTA  JUAN PABLO GOÑI CAPURRO

ENTREVISTA JUAN PABLO GOÑI CAPURRO

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Juan Pablo Goñi Capurro. Escritor, actor y dramaturgo. Ha publicado “Alejandra”, “Bollos de papel”, “La puerta de Sierras Bayas”, “Mercancía sin retorno”, “La mano” y “A la vuelta del bar”. Cuentos, micro-ficción, novelas y poemas. Colaborador en Solo Novela Negra.

Dos veces Ganador Premio de Novela Corta La verónica cartonera (Barcelona, España), 2015 (Mercancía sin retorno) y 2019 (Soltando la mano)

Ganador ediciones XVI y XVII Teatro mínimo Rafael Guerrero (España)

Ganador del desafío ” De Caperucitas y Lobos” en desafiosliterarios.com

Actualmente, representa El Gran Loquero Nacional, una obra de teatro imperdible. Espectáculo de monólogos humorísticos.

 

—¿Qué fuiste antes, actor o escritor?

Pregunta difícil, he escrito y actuado desde pequeño, pero si hablamos de trabajo serio en sí, primero escritor.

—¿Te formaste a conciencia para trabajar en ello, o llegaste a ese mundo empujado más por tu talento que por tu formación?

Me he formado a base de prepotencia de trabajo, de talleres varios en diferentes aspectos de las disciplinas y de experimentaciones.

—¿Dónde encuentras la inspiración para comenzar a trabajar?

La inspiración en mi caso proviene de distintas vertientes. Puede inspirarme alguna historia en particular que conozco, otras veces es el tema que quiero tratar, en otras una imagen o un personaje o un conflicto que palpo en el ambiente.

—¿Qué te hacer reír?, ¿qué te hace llorar?

Me hacen reír situaciones desubicadas, cosas puestas fuera de su lugar, y por supuesto, varios cómicos de procedencia diversa. En cuanto a llorar, me vienen las lágrimas con las emociones, con la gratitud. Y me pone mal la injusticia y, en especial, la discriminación.

—¿Quién es Juan Pablo Goñi, cuando baja del escenario?

Es un tipo que intenta hallar su camino, que procura ser sincero y busca momentos de felicidad. Un tanto errante sin moverme de la misma manzana, diría.

—¿Escribes el guión de las obras que interpretas?

Sí, de las que estoy a cargo de producción y/o dirección, en tanto grupo teatral. También he actuado y actúo en obras de otro, en ese caso me limito a la actuación.

— ¿Con qué género literario te encuentras más cómodo a la hora de escribir?

No sé si cómodo, porque cada texto es un desafío, pero diría que me desempeño con más herramientas en el policial, el terror y el género erótico, con incursiones en la ciencia ficción en orientación especulativa. En teatro, me siento más habituado a la comedia.

— ¿Hay algún tema tabú sobre el que no escribirías?

Me cuesta tratar las enfermedades, pero no diría que es un tema tabú. Con algunos temas me es más difícil, en especial si me piden cosas optimistas.

—¿Cuáles son tus obras publicadas?

Como obras integrales de mi autoría “Alejandra”, “Bollos de papel”, “La puerta de Sierras Bayas”, “Mercancía sin retorno”. De modo artesanal, las compilaciones “La mano”, “A la vuelta del bar”, “Destino”, “Agosto” y “Cabalgata”. Hay obras teatrales editadas en complicaciones argentinas, mexicanas y españolas, así como centenares de poemas, cuentos y microrrelatos recogidos en antologías y revistas virtuales.

—A parte de tu trabajo como actor, ¿estás escribiendo algo en este momento?

Siempre escribo, a veces más, a veces menos. En estos momentos estoy haciendo cuentos y trabajando en una novela.

—Te conocimos con un poema que todos recordamos “Salí de ella” original, sin duda alguna. Tanto que, nos hizo leerte cada semana, por ver con qué nos sorprendías de nuevo, y lo fuiste consiguiendo en cada ocasión. ¿Cómo olvidar “La hormiga traviesa” o “Amor de ofidios”, por citar algunos. ¿Eres consciente de tu originalidad a la hora de escribir?

Agradezco los conceptos. Intento ser original para evitar la escritura repetitiva, no siempre lo consigo. Me gusta explorar los límites de los géneros y entrecruzarlos, cosa que a veces perjudica la difusión, en tanto hoy la comunicación se encasilla dentro de parámetros bastante rígidos.

—¿Sobre qué temas versan tus monólogos?

Vivo en un país donde la “locura” está a flor de piel, al borde del estallido constante. Los personajes de mis monólogos son sujetos que expresan este estado de las cosas, y, claro, no son conscientes de lo alterados que están. Trato por lo general temas presentes en la sociedad, buscándoles el costado humorístico, de forma que estimulen alguna reflexión cuando se acaba la risa.

—¿Qué es lo más agradable que te ha dado el mundo de la escritura?

Más allá de los reconocimientos, que agradezco y son una caricia, me hace feliz cuando la gente disfruta de los textos y me lo hace saber.

—Cuéntanos tus próximos proyectos.

Estoy en proyectos de unipersonal en materia teatral, y de producción de nuevas ediciones artesanales para poner al alcance de la gente de mi ciudad aquellos textos que circulan lejos de nuestras coordenadas.

—¿Qué es lo más gracioso que te han contado en tu vida?, bien sea un chiste o una anécdota real.

No puedo definir lo más gracioso, no se me aparece un hecho puntual que se destaque.

—¿Qué esperas que te traiga el próximo año? Si no te lo trae, ¿Irás a buscarlo?

En realidad, estoy atravesando una situación que me impide ver mucho más adelante. Me propongo tener más presencia en los escenarios que en este año me ha resultado particularmente difícil. Y la idea de publicar alguna de las novelas inéditas está vigente.

Gracias, Juan Pablo

Mara Marley

Hasta el Sol

Hasta el Sol

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Con el tiempo, hasta el planeta se acaba con el tiempo. Hasta el Sol…

Esta frase tan lapidaria, era más que una simple frase. Era una gran premonición, un aviso. Y era la muletilla que repetía una y otra vez el muchacho, ante los ojos atónitos y desolados de su pobre novia de pueblo, ajena a los vaticinios científicos del chico inteligente de ciudad.

Ella no entendía de fórmulas aritméticas, ni de astronomía. Ella solo sabía lo que sentía. El ruido que emitía aquel latido que rugía entre su pecho y su espalda cuando él articulaba una sola palabra. O cuando lo miraba al respirar. Aún a sabiendas, que más de un discursito de los que él le metía aprovechando la penosa tarde del domingo, no le favorecían en nada.

Pero él era así, los domingos y fiestas de guardar. Orador de intensas jaculatorias con mensajes aclaratorios sobre el futuro. No podía consentir de ninguna de las maneras que Martina pensara que, el amor es infinito. ¡Qué grave error de cálculo por su parte! Él tenia que dejarle claro que el amor se acaba, y explicarle todo aquello de que se vuelven cadenas lo que fueron cintas blancas. Si Martina hubiese podido darle un caramonazo a Martín en la cabeza, todos los domingos y fiestas de guardar, lo habría hecho sin contemplaciones.

Martín Coscurro, era el típico noviete que vaticina el futuro, así no sepa ni en que día vive, pero el futuro… ¡ahh el futuro!, eso es otra cosa. Eso era algo que a él se le daba muy bien. De hecho no era alguien que viviese anclado en el pasado, no. Él siempre andaba pensando en el día de mañana, aunque se apoyara cada cierto tiempo en sus vivencias pasadas,  tan solo lo hacia para comprender mejor el futuro.
Sus raíces le daban las alas necesarias para entender lo que estaba por llegar, con tal claridad y acierto que no le quedaba la más mínima duda. Esto es algo que las personas como él administran de maravilla.
A menudo le gustaba decirle a ella: “Mañana lloverá, mi condromalacia rotuliana, me dice que mañana lloverá, sí o sí”.

Ella no entendía muy bien si lo hacía por fastidiarla, o porque a él le daba cierta seguridad tener atado el tiempo y las consecuencias de cualquier acto. Era importante para él dejar claro, cuales son las limitaciones como pareja, conocer las etapas del romance. Saber en todo momento que tal hecho conducirá sin remedio a este otro.

Por ejemplo, la tarde en que aquella muchacha enardecida y extasiada con tan solo acariciar la mano de Martín, se atrevió a decirle… ¡Ojala pudiese hacerlo más a menudo!

Aquellas palabras se transformaron en un pelotón de fusilamiento. El chico arqueó las cejas y pegó la espalda al asiento, poniendo cierta distancia entre ambos.

Ella lo miró perpleja, y arqueó también sus cejas como si aquel acto liviano le procurara un entendimiento extra.

—¿Que te pasa Martín? te has puesto rígido.

—Bueno, ya sabes como son estas cosas. Verte hoy está bien, pero si mañana te viera de nuevo, y la semana que viene otra vez, acabaríamos cansándonos. ¿No entiendes que se acabaría la magia del comienzo? dejaríamos de ser una novedad, y nada podría sorprendernos del otro.

Cada palabra que emitía aquella boca que Martina adoraba, se convertía en una daga voladora que le llegaba directa hasta hundirse en su pecho. Más penoso que el domingo en sí, más triste que una despedida en sí, era oír semejante “nota aclaratoria”.

Ni siquiera le había pedido una declaración de amor. Tan solo le gustaba recrearse en sus pensamientos, en el tacto de su piel mientras lo miraba a los ojos. A ella le parecía que vivir todos esos momentos con él, ya era un regalo. Era la propia magia, que les nacía entre los dedos cuando los entrelazaban. Se sentía privilegiada, agraciada con algo único que la vida le había puesto delante. Era la primera vez que le tocaba algo tan valioso en todos estos años de pesares. Nunca lo vio del modo en que él le explicaba.

No era persona de quedarse en la superficie. Le gustaba bucear en los adentros de las personas a las que amaba, pensaba que solo así se puede querer a alguien. No era portadora de un talonario de citas que extender. No se trataba de consumir nada, se trataba de construir, de fortalecer… No era un capricho pasajero. Amar solo se hace de un modo, sin importar el parentesco que te una a la persona amada. Lo demás es otra cosa… menos amor. No se ama por novedad, se hace por afinidad, por una necesidad que crece y te completa. Lo demás es otra cosa.

Por eso a Martina no le gustaban alguna de las ideas de Martín, ni estaba dispuesta a creerlas. Ella esperaba que la vida la sorprendiera, en cada amanecer. Su mente funcionaba de otro modo, por mucho que él tuviera la verdad absoluta.
Martina era más cierta y sincera que la vida misma. Poseía otro tipo de verdad. Ella no era una hipótesis, ni una fórmula molecular, ni matemática. Era la suya una fórmula desarrollada, aplastante, con todos sus átomos maquinando en dirección a él. Ella más bien creía en un futuro inmediato, o incluso en un condicionado futurible… “Si me vuelves a mirar así, después de comerte el pulpo, yo tendré que comerte a ti”.

Martina acariciaba sus ideas básicas, sencillas y ciertas… “Si mañana llueve lo sabré cuando me moje. Si mañana ya no me quieres, también lo sabré. Y lloraré o no, o moriré o no. Pero ahora no quiero saber de futuros. El futuro es un lugar donde nunca estarás. Es un estado mental, nunca físico. No es algo que se pueda palpar al extender la mano. No puedo abrazar la flor que florecerá mañana, ni sentir en mi cara el viento que soplará con la posible tormenta, si no sopla hoy.

Lo que suceda mañana, nunca sucederá.

En cambio, hoy, todo es verdad. Hoy puedo tomar tu cara entre mis manos y besarte, puedo tocar la flor que se abre con el sol, y sentir hasta el viento que precede a la tormenta… Hoy todo sucederá, hoy todo puede ser, y lo de mañana… bueno, eso sencillamente, ya se sabrá.

Nunca apagará el tiempo mi voz, quizás tan solo viaje desde más lejos. Pero eso… eso ya se verá.

https://www.youtube.com/watch?v=lGEidwEliyY
LA PAGODA DEL VISIONARIO

LA PAGODA DEL VISIONARIO

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El caso del selfie posado-robado”

La observación es un arte que requiere de la paciencia y disciplina de un viejo Samurai. Condiciones todas ellas, que reúno en mi persona de manera innata. Tengo cierto talento para el sutil e imperceptible espionaje, para apontocarme tras el ojo de una cerradura y observar sin prisa, esperando ver pasar la noticia. Descubrir, explorar… esa es mi singular afición, un templo para mí de  sagrado conocimiento. Una afición a la que he denominado “La Pagoda del Visionario”. Un minarete privado, solo para uso y disfrute de mis ojos. Una ventana donde asomarme y ver el mundo desde mi discreta e inquieta mirada. Hace algunos años ya que abrí  mi propia agencia de detectives, Martty&Co.

Con la ventaja que me otorga mi discreción, me dispongo a observar con curiosidad todo cuánto ocurre a mi alrededor. Así es como conocí a Marco.

Marco apareció una mañana en el portal de mi casa. Presentaba distintas magulladuras por todo el cuerpo. Con la cara maltrecha y las muñecas ensangrentadas. Su barba y su pelo también estaban descuidados,  todo alborotado. Pensé que se trataba de un vagabundo, sin embargo, al pasar por su lado, me llamó por mi nombre.

¿Es usted Marta Reding?

Sí, soy yo. ¿Nos conocemos? ¡Por dios! ¿pero qué le ha pasado? ¿Está bien? ¿Necesita un médico? intenté asistirlo. Su aspecto, su miedo, todo resultaba inquietante en él.

No, ayúdeme a levantarme, se lo ruego. Estaba esperándola. Me han hablado de su trabajo. Dicen que es la mejor agencia de detectives de la ciudad. Por favor, ayúdeme, mi vida depende de usted.

Ayudé a Marco a levantarse, y volvimos a subir a mi despacho. Le preparé un café caliente, y le pasé unas toallas para que se aseara un poco. Estaba sucio y desaliñado. No era la primera vez que venía alguien en semejante estado. Eso no me asustaba, pero me incomodaba el hecho de ver a una persona en tan pésimas condiciones.

Gracias, de verdad. Le agradezco que me atienda así, sin cita. Sé que su despacho es uno de los mejores y no se consigue cita fácilmente. Pero estoy desesperado. Tiene que ayudarme, se lo ruego.

Bueno, puede dar gracias a que hoy pensaba tomarme la mañana libre. Pero, en fin. Adelante, cuénteme. ¿Qué le sucede, o qué le ha ocurrido? tiene una pinta espantosa.

No me resulta fácil contarle esto, es más bien humillante, pero creo que usted es la única que puede ayudarme.

Verá, hace unos nueve meses conocí a una mujer por Internet, Angelina. Fue en una de esas paginas de citas y amistad, ya sabe. Al principio ella se revelaba como una mujer fuerte, bastante independiente. Amable y sonriente. Incluso diría que se mostraba especialmente comprensiva. Ya sabe, ese tipo de mujeres que parecen dispuestas a escucharte o salvarte del incendio de tu propia vida, pero yo no soy alguien constante en las relaciones. Me apasiono tres días y al cuarto me olvido hasta de darle los buenos días. Yo solo buscaba un poco de diversión, algunas bromas picantes y tener un par de encuentros, si acaso.

Pero la chica se ve que esperaba otra cosa de mí, y al no sentirse atendida, fue cambiando de actitud. Se conectaba a deshoras y me dejaba mensajes preocupantes. Pensé que estaba dolida por mi inconstancia en la relación y que quería marearme un poco. En cuestión de una semana cambió de forma preocupante. Sus llamadas y mensajes eran continuos. Me decía que pensaba venir a verme, y que más valía que estuviese preparado y animoso, o lo lamentaría. No pensaba dejarme escapar. Yo lo tomé un poco a broma. Nuestra relación hasta el momento había sido más bien superficial. Unas cuantas docenas de “me gusta” en la red, y poco más.

Se trasladó a la ciudad para seguirme. Dejó atrás su casa y su trabajo en Asturias. Me acosaba continuamente con llamadas, con su vocecita pequeña y dulzona, y con sus proposiciones deshonestas disfrazadas de ingenuos cafés.

Durante meses estuve preparando una exposición de pintura para una amiga muy especial, Julia. Angelina intentó venir, pero le comenté que yo tenía planes. En realidad tenía pensado pasar todo el día con la expositora, incluido almuerzo y sobremesa en un hotel cercano, donde habíamos reservado una habitación.

Recuerdo estar retozando con Julia en la cama y oír los avisos del móvil. No dejaba de sonarme todo el tiempo, las burbujas de messenger saltaban cada minuto. Julia se mosqueó, me preguntó por aquella señora, y si es que yo tenia otra relación, pero fue inútil. Mientras yo insistía en que no, los mensajes parecían multiplicarse… Mi chica hastiada, se levantó de la cama y se marchó tras ducharse, casi sin hablarme.

Angelina estaba cruzando los limites de mi paciencia.

Estaba decidido a terminar con todo eso. Así que le envíe un mensaje para vernos y acabar con esta tontería.

Angelina me propuso encontrarnos en un motel a las afueras de la ciudad. Me dijo que era el tipo de motel que usan los amantes clandestinos. Definitivamente, Angelina había perdido la cabeza, aunque en el fondo me daba cierta pena, siempre me ocurre en situaciones así. Con mujeres así.

Cuando llegué al hotel, la puerta estaba entreabierta y en seguida oí su voz.

—Hola Marco, ¿qué paja? ¿No vag a pasac?

—Angelina, ya has llegado. ¿Qué te pasa en la boca? ¿por qué hablas así?

—Así, ¿cómo? Ah, eg que me he jacado dos dientes, hage un dato. Es la anejetesia,

—Angelina, déjate de tonterías ¿Por qué me estás siguiendo? ¿Por qué tantas llamadas?

—¡Qué guapo erej! Mira, prueba este spray. Verás que hien lo gamos a pajar.

Y de golpe, antes de darme tiempo a reaccionar, roció mi cara con algún tipo de droga. Sentí casi de inmediato que perdía el control de mi cuerpo. Noté la pesadez en mis piernas y como ella me llevaba de la mano hasta la cama. No sé que sustancia sería, el caso es que no perdí el conocimiento del todo, solo la capacidad de reacción y la movilidad.

Me desnudó, y me dejó tumbado en la cama, con los brazos abiertos, y las piernas rectas.

Ella también se desnudó y se tumbó a mi lado. Abrió el bolso y sacó un palo, por un momento pensé que iba a darme una paliza, pero en realidad solo quería hacerse unos selfies. Ella era la reina del selfie.

Se puso de todas las posturas posibles, algunas prefiero no recordarlas y mucho menos contarlas. Se sentó sobre mí. No podía gritar. Aquella droga me había dejado por completo fuera de juego. Pude mantener los ojos abiertos y mirarla horrorizado. No sentía las piernas, no sentía nada en realidad, pero lo que tenía claro es que estaba siendo mancillado.

Miré al baño, me pareció ver una sombra, y busqué con la mirada a alguien que pudiese socorrerme, y entonces ella, pensó que había alguien más en la habitación. Se bajó rápidamente de su potrillo y dirigió sus pasos en dos zancadas hasta el baño. Sus ojos desencajados, la mirada de loca y el flemón de su cara, le daban más dramatismo al momento, si cabe.

¿Quién anda ahí? ¡Eres tú, eh! Inspeccionó el baño, pero no encontró a nadie.

Regresó a la cama, y se tumbó sobre mí. Mientras yo intentaba soltarme de mis ataduras.

No uedes soltarte. Hice un cursillo de nudos marineros y creéme que soy una ejperta. Egta noche sehás mío y nadie va a salvagte. Nos hagemos unos selfies para que lo vean nuestros amigos en el Instagram.

Pero ¿qué amigos? ¿qué amigos tenemos tú y yo, Angelina? Si hemos salido dos veces y solo hemos tomado café.

Bueno, pero cuando suba todag nuegtras fotos juntos, tendremos muchos “like” y después nos pedirán amistad, y verag, cúantos amigos nuevos vamoj a teneg.

Angelina, tú no eras antes así… ¿Por qué me haces esto? Solo he sido educado contigo. Creo que has confundido el tipo de relación que nos une.

Me vale así. Yo con que gean educados me basta para enamorarme.

¿Enamorarte? Angelina, ¡por Dios! ¡Céntrate! Creo que la anestesia de la muela te ha hecho efecto…

¿Efecto? Te diré algo. Tú y todos log que sois como tú, tenéis la culpa de todo. La joledad es mala… y tengo necesidades, ¿sabes? parece que ja se me va pajando el efecto de la anestesia, creo que ya puego hablar bien. Los perros no mienten. Los tipejos como tú, sí.

Me hizo un reportaje fotográfico completo, de todas las posturas posibles. Por eso necesito su ayuda. Ha subido todas las imágenes a una especie de nube, y las ha dejado programadas. Si en el plazo de dos días no accedo de buen grado a tener un encuentro sexual con ella, enviará las fotos a mí mujer, a mi novia, a Julia y al intranet de mi empresa.

¿Cómo dice? ¿A su mujer, a su qué y a su qué? Pero usted, perdóneme, ¡¡usted es un sinvergüenza!! ¿A quién se le ocurre engatusar a las mujeres de ese modo? Mire, sabe qué, cuando lo vi ahí sentado y magullado me dio cierta pena, pensé en ayudarle. Salvarle de eso tan horrible que parecía haberle ocurrido, pero ¿sabe qué? Que a quién voy a ayudar es a esa pobre chica… No sé preocupe, como buena detective daré con ella, no creo que haya muchas Angelinas en esta ciudad.

La localizaré y yo misma la ayudaré en sus planes… Ahora váyase de mi despacho, tengo casos más importantes que resolver que las desventuras de un galán trasnochado.

Y qué sea la última vez que hace esto o yo misma me encargaré de hacerlo famoso. ¡¡Qué tenga un buen día!!

 

 

¿QUIÉN TEME A CAPERUCITA FELIZ?

¿QUIÉN TEME A CAPERUCITA FELIZ?

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Has pensando alguna vez en Caperucita. Lo sé. Has visualizado una escena en la que la muchacha cobraba vida y se presentaba ante ti, desnuda. Con sus zapatos rojos de tacón y sus largas piernas a la vista. Tímidamente tapada, con la capa roja sobre sus hombros, dispuesta a comerte mejor. No eres tonto, Simón, no… solo tienes una perversión.

Es una fantasía que arrastras, sin saberlo, desde pequeño. ¿Por qué piensas ahora en Caperucita? Si antes solo se trataba de un cuento para asustar vilmente a los niños… La pequeña mujer de rojo con caperuza, siempre ha sido una villana aceptada por la masa. Ahora Caperucita es una mujer fatal que se ha reinsertado en la sociedad. Ya no lleva capa, usa gabardina. Ha crecido, y sus delitos por desgracia han prescrito. Ahora cobra los derechos de autor de la obra, y vive con un famoso novelista en un céntrico ático, en Toronto.

Es una chica 3.0, actualizada, que usa la cesta para ir al Super y llenarla de productos ecológicos. No le van nada las zoofilias, ni las zoofobias. Tan solo abrirse la gabardina y mostrarse desnuda en el parque, frente a los abuelitos sentados en el banco. Siente aversión por el color rojo, igual que Clarisse por los corderos. Es normal, le trae recuerdos del bosque donde sucedió toda aquella tragedia. La chica ha quedado algo tarada. Carga un trauma infantil que nunca superará. Imagina que un animal te persigue por el bosque, y tú con unos zapatos de charol y calcetines blancos con puntilla que no te puedes manchar, porque es la ropa de los domingos y tu madre te maja a palos si te lo manchas. Imaginaros lo que debe ser. Hacer ese trayecto pensando que un perro loco va a devorar a tu abuela sola y sin dientes. Que ni defenderse mordiendo puede.

Y para colmo, acostada en la cama con las zapatillas puestas y embutida en semejante pijama… ¡¡Pero qué vergüenza!! Cuando ese juez vaya a levantar el cadáver y vea a la abuela con el camisón a cuadros y el gorro de la ducha metida en el catre…. Y luego tienes al cazador-leñador, vestido a juego con el camisón de la abuela, que a saber si no estaba esperando otra cosa, merodeando por la casa de la buena mujer. ¡Qué casualidad que pasaba por allí! Venga ya, nunca me lo he creído, ¡Que no, que no me lo creo!

¿Porqué una madre vestiría a su hija así para andar por el bosque sola? Vale, era domingo, sí, pero la abuela estaba tan ricamente en pijama, pues la niña también podría haber ido en chandal y zapatillas de deporte, o ¿no?

Son traumas innecesarios que nos hacen vivir desde pequeños. Yo prefiero al “Tío mantequero” eso sí es terror sano… Un señor con su machete que va rebanando panzas y extrayendo las mantecas para ponerlas a secar en un saco. La novela de “El perfume”, está claramente inspirada en esa figura infantil con la que yo era atemorizada desde pequeña. En una ocasión me persiguieron dos gitanos con un carro… Sin caballo, ellos tiraban de él. Pensé que eran secuaces del mantequero. ¡Qué escena! Se quedó para siempre en mi memoria. Esa y los ojos azules del muerto en “Les Diaboliques”. ¿Lo recordáis? Nunca he sido muy de cuentos, ni culebrones, más bien de novelones.

Sin embargo Frankestein me conquistó nada más conocerlo. Era un gran hombre hecho de pedacitos de ti, como dice la canción. Siempre me he preguntado algo, si las manos eran de un pianista muerto en extrañas circunstancias. El cerebro el de un ladrón asesino y despiadado. ¿De dónde sacaron sus partes pudendas? Nunca lo llegaron a aclarar. Llevo años esperando la segunda parte, pero la Shelley se ha llevado ese gran secreto a la tumba.. Porque seguro que era enorme.

Bueno, pero si hay alguien perseguido y machacado en todos los cuentos, es El Lobo… ¿Qué pasa? ¿Por qué ocurre esto una y otra vez?

El lobo siempre es malo, siempre… “Cuidado que viene el lobo y te come”… “Que viene el loboooo”…. No me extraña que se la pase diciendo… AuuuuUUUuuuu…. Está hasta las orejas de oír lo mismo. Pues ya está bien, yo soy muy fan del Lobo, y del Coyote y de todos esos personajes perseguidos en los cuentos.

Por eso y todo lo demás, El Lobo, siempre tendrá mucho más interés para mí que todas sus Caperucitas…

*Pero jamás censuraremos un cuento. Ni un personaje. No a la censura. No a las chorradas, ni machistas ni feministas. Los cuentos siempre serán cuentos que nos invitan a crecer y a soñar. Lo que cada uno sueñe, es bajo su responsabilidad.

PARTICIPA TÚ TAMBIÉN EL DESAFÍO “DE CAPERUCITAS Y LOBOS”

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