Qué diferencia al escritor profesional del aficionado

Qué diferencia al escritor profesional del aficionado

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Un escritor profesional es aquel que se ha planteado como objetivo dedicarse a escribir  (y tal vez ganarse la vida con lo que escribe) y que trabaja diariamente para cumplir ese objetivo. Es decir: lo que antiguamente se llamaba “tomárselo en serio”.

Alguien en una conversación comentaba el otro día que tenía la terrible sospecha de que en España hay más escritores que lectores. Puede que tenga razón. Y si todo el mundo escribe, ¿qué es lo que diferencia a un escritor profesional de un escritor aficionado?

Cuando uno piensa en un “escritor profesional” normalmente se le viene alguna imagen muy concreta a la cabeza, o algún nombre: Gabriel García Márquez, Rosa Montero, Isaac Asimov o J. K. Rowling. ¿Quiere decir eso que en nuestro país no hay escritores profesionales? ¡En absoluto!

Lo que quiero decir es que el resto de los escritores a los que llamamos “profesionales” normalmente tienen otras fuentes de ingresos alternativas: son también profesores de universidad o de instituto como Juan Eslava Galán, José Luis Sampedro o Patricia Esteban Erlés; o son también periodistas, como Arturo Pérez Reverte o Juan José Millás; o son también profesores de escritura creativa, o complementan sus ingresos con otras profesiones. En muchos casos no pueden dedicarle una jornada completa a la escritura porque tienen otros trabajos, pero aún así se las arreglan para escribir un libro al año o cada dos años. Por supuesto que hay escritores que no entran en ninguna de las dos categorías. Hay escritores buenos, volcados en su arte, que sin embargo no tienen ningún interés en extraer rendimiento económico de su obra. Y aficionados que no dedican apenas tiempo ni trabajo a su arte y que sin embargo intentan comercializarlo por todas las vías posibles.

Por esos motivos ajustaremos un poco la definición de escritor profesional: Un escritor profesional es aquel que se ha planteado como objetivo dedicarse a escribir  (y tal vez ganarse la vida con lo que escribe) y que trabaja diariamente para cumplir ese objetivo. Se trata de toda una actitud, que lleva a tomarse la afición de escribir en serio hasta conseguir convertirla en tu profesión. Se trata de cambiar hábitos, malas costumbres, y de luchar contra todos los obstáculos (especialmente los que hay dentro de nosotros mismos) para conseguir nuestro objetivo. Y es que el escritor profesional no se queda esperando a que llegue la inspiración, la suerte, ni lamentándose por no haber tenido una gran oportunidad o dudando de si tiene suficiente talento. El profesional simplemente actúa.

Sí, así es. El escritor profesional escribe. Escribe todos los días. Y cuando no escribe corrige, piensa, adelanta estructuras, se documenta.

También necesita una plataforma para darse a conocer. Puede ser una web, un blog, un canal de Youtube, una cuenta de Twitter… pero el escritor actual que intenta profesionalizarse tiene un hogar virtual, un punto de contacto con lectores, ya obtenidos y potenciales. También hay excepciones. Hay escritores que consiguen entrar en una editorial grande y que poco a poco van publicando y haciéndose un hueco. Pero las posibilidades de publicación a este nivel son escasas, y hemos llegado a un punto en que las editoriales buscan a autores que tengan ya un seguimiento formado, ya que implica un mínimo de ventas aseguradas.

Otra gran necesidad es tiempo: Esto es horrible, porque por desgracia el trabajo del escritor ya no se limita a escribir. Ahora todos tenemos que ser expertos en social media, en ventas, en nuevas tecnologías, en edición, en diseño y en mil cosas más.Cada vez hay menos intermediarios, así que el escritor se ve haciendo el trabajo del editor, del diseñador, del corrector y del departamento de promoción.

Trabajar gratis tampoco es una opción. Muchos profesionales de todos los sectores coinciden en que es una mala cosa el trabajar gratis. Primero, porque incita a clientes y demás a aprovecharse de su talento y esfuerzo; segundo, porque rebaja la percepción de estos del valor de un trabajo, por lo que otros profesionales tendrán que bajar sus tarifas o incluso ofrecer los mismos servicios de forma gratuita. Y hay que reconocer que cuando vemos a supuestos “profesionales” ofreciendo sus servicios a precios bajísimos. Entendemos que las cosas van regular y todos estamos desesperados, pero bajar tanto los precios no solo te afecta a ti, también nos afecta a todos los demás. Saber lo que vale nuestro trabajo es difícil en un mercado tan difícil y abstracto como es el literario, pero es una decisión que no solo debemos tomar, sino que debemos ir actualizando conforme mejoren nuestras habilidades y experiencia.

hay que ser flexible y saber adaptarse.El mercado editorial está en un cambio constante. ¿Dominará el ebook? ¿Seremos todos asimilados por extraterrestres disfrazados de máquinas productoras de libros a demanda? ¿Conseguirá Amazon un monopolio absoluto del sistema capitalista y acabaremos todos rezándole tres veces al día? Todas estas son preguntas a las que nadie tiene la respuesta (no, a lo de los alienígenas tampoco). Y un buen profesional, se dedique a lo que se dedique, tiene que estar preparado para todo. Uno puede (y debe) tener unos principios claros y sólidos, para poder moverse alrededor de ellos con absoluta tranquilidad. Los escritores profesionales son flexibles (mentalmente; físicamente no tanto, por aquello de pasar tanto tiempo sentados). No se aferran a determinados formatos ni se comprometen con nada para el resto de su vida. Si algo no funciona, prueban otra cosa. No pierden tiempo llorando por las esquinas.

Y por último pero no menos importante no pueden tener miedo al fracaso ni a las malas críticas. Bueno, miento. Tiene miedo, vaya si tiene miedo. Pero el fracaso lo hace más fuerte. Se queja, se lamenta, y luego prueba algo distinto. Las historias de éxito que conozco tienen muchas historias de fracaso detrás. En cuanto a las críticas no me refiero a las críticas injustas en Goodreads/Amazon/Blogs Molones tipo “odio este libro porque los capítulos son demasiado cortos y porque el autor es muy feo y porque he dormido mal esta noche y mi perro ha vomitado por la ventana”. Me refiero a las opiniones y sugerencias de editores, lectores cero y otros escritores mejores que nosotros. Las opiniones de nuestro público objetivo, de los lectores que nos interesan. Si escribes novela histórica y tus lectores opinan que en tu libro hay documentación errónea, más te vale revisar tu documentación. Si escribes erótica y tus lectores dicen que tus escenas de sexo no son creíbles, ídem. Si escribes middle-gradey alguien te dice que le gustaría ver más escenas gore en tu novela, eso lo puedes ignorar. Un escritor profesional sabe distinguir entre las críticas personales y sin sentido (escuecen, pero sabe que no son útiles) y las críticas valiosas, de las que se puede aprender. El escritor profesional escucha los consejos los asimila y los aplica a su trabajo para hacerlo mejor. No se cruza de brazos, arruga el gesto y dice: “eso es que nadie me comprende”.

¿Y tú? ¿Cuántos de estos consejos has seguido para llegar a ser escritor profesional? Cuéntanoslo en los comentarios.

La epidemia de faltas ortográficas llega a la universidad

La epidemia de faltas ortográficas llega a la universidad

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Inés Fernández-Ordóñez, miembro de la Real Academia Española (RAE) y catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid, está detectando un aumento de errores ortográficos en su aula. “Es terrible, pero incluso es muy común entre mis alumnos de Filología que pongan faltas. Y, lo peor de todo, no saben redactar. Creo que tiene que ver con que no se lee, faltan prácticas de redacción, dictados…”. Relatos como el de Fernández-Ordóñez, que baja la nota a sus alumnos, explican que la ortografía sea uno de los motivos por el que el 9,6% de las plazas de profesor de secundaria hayan quedado desiertas en las oposiciones del pasado julio. Nunca había habido un volumen educativo en España como el actual —el 41% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene estudios superiores, frente a un 43% en la OCDE—, pero el nivel ortográfico de los graduados es muy mejorable. Y si los que enseñan cometen fallos, los escolares los repetirán.

El exministro Wert introdujo de forma expresa los dictados en el desarrollo curricular de la Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce) en 2013, al igual que hizo Francia con este ejercicio y el cálculo mental. Hay especialistas que sostienen que es leyendo como se ataja el problema de las faltas porque se visualizan los signos, pero los defensores del dictado arguyen que entrena la atención sostenida, la concentración y sirve para descubrir los errores.

“Creo que muchos profesores de secundaria, y a veces de universidad, pasan por alto en los exámenes las faltas cuando entienden que el contenido es correcto”, se sorprende el académico Ignacio Bosque, catedrático de Lengua en la Complutense. “Yo no lo hago. Es un error hacerlo. No estoy tampoco de acuerdo con dejar pasar las faltas graves de redacción. Algunos profesores piensan que las faltas las corrigen los procesadores de texto, y entienden que la sintaxis es poco importante. Opino lo contrario. Mi maestro, Fernando Lázaro Carreter, decía que si la expresión es pobre, el contenido también lo es, se quiera o no”.

El docente de Historia Javier Herrera, de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía, reconoce que las faltas ortográficas son un problema persistente que sale a relucir en casi todos los claustros, pues su solución debe ser una tarea común de todo el profesorado. En primaria con la Lomce se ha aumentado un 20% las clases de Lengua. La clave está en ese periodo educativo. “Nosotros diferenciamos perfectamente de qué centro proceden los niños por su madurez en este campo. Si tuvieron un maestro o maestra que se empeñó en que escribieran bien”, sostiene Herrera.

La académica Carme Riera penaliza “muchas faltas” de sus alumnos de Literatura en la Autónoma de Barcelona. “La gente no practica las normas ortográficas, y muchas veces hacen ese trabajo los correctores del teléfono y los correos electrónicos y no se fijan”, sostiene Riera. También lamenta la influencia “nefasta” y continua del inglés.

“No todo se consigue con más clases de Lengua, sino con un prestigio social de la buena expresión y la buena escritura. Y el problema viene de que la gente joven, sobre todo, y en redes sociales, escribe voluntariamente mal porque si no le mira mal el entorno”, afirma el escritor Julio Llamazares.

En las últimas oposiciones a profesor de secundaria, FP o escuelas de idiomas, a las que se presentaron 200.000 personas, los tribunales se encontraron con aspirantes que escribían acortando palabras (tb, pq) o que empleaban términos coloquiales (“rollo de”, “en plan”…). Las academias de preparación madrileñas alertaron a sus alumnos de que perderán 0,10 puntos por cada abreviatura o por poner la barra inclinada en los adverbios que terminan en ente (por ejemplo, completa/), de la misma manera que tomaban apuntes en clase. “Si no manejas los instrumentos de la expresión, terminas empobreciendo tu pensamiento o al menos su transmisión. Escribir y hablar bien sirve para expresar mejor tus ideas, no es un capricho”, alerta Llamazares.

El Exministro pretendió reformar el sistema de oposiciones tras la última convocatoria, que dejó 1.984 plazas sin cubrir. Pero son las comunidades las que publican los criterios de evaluación y luego los tribunales tienen potestad de incluir otros propios como el penalizar las faltas. “Me parece correcto que se exija eso a los aspirantes a profesores. Hay que tener una exigencia con los profesores de secundaria grande, que quizá no se ha tenido durante unos años”, subrayó Fernández-Ordóñez.

Fuente El País

María Moliner un lápiz para escribir un diccionario

María Moliner un lápiz para escribir un diccionario

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“María Moliner realizó una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana, dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y más de dos veces mejor”, escribió el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez  del diccionario que escribió la filóloga y lexicógrafa aragonesa María Moliner (Paniza, 1900 – Madrid, 1981) y del que este año se cumple medio siglo desde su primera edición.

La autora se formó como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón. Fue una bibliotecaria comprometida con su profesión e impulsó la creación de una red de bibliotecas rurales. Hacia 1950 inició la que sería su obra magna, el ‘Diccionario de uso del español’, con el objetivo de crear “un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden”.

María Moliner empleó 15 años de su vida en escribir un diccionario, sola y a lápiz, un diccionario dos veces más largo que el de la RAE. 190.000 definiciones claras y sin pretensiones que pasaron a la historia hace medio siglo. María Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana.

La autora describió en una entrevista cómo había sido el comienzo de esta obra: «Estando yo solita en casa una tarde cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario que yo proyectaba breve, unos seis meses de trabajo, y la cosa se ha convertido en quince años».

La obra de María Moliner presentaba como principal atributo el empleo de un «sistema de sinónimos, palabras afines y referencias que constituye una clave superpuesta al diccionario de definiciones para conducir al lector desde la palabra que conoce al modo de decir que desconoce», tal y como recoge la propia autora en el prólogo de la primera versión del diccionario.

Este particular sistema de definiciones estaba acompañado de indicaciones gramaticales, ejemplos de uso y etimologías. María Moliner explica que las definiciones de su diccionario, frente al de la RAE, están «vertidas a una forma más actual, más concisa, despojada de retoricismo y, en suma, más ágil y más apta para la función práctica asignada al diccionario».

«Era una mujer menudita, muy poca cosa; muy ordenada y muy práctica», indica la documentalista Vicky Calavia, quien añade: «le gustaba pasear y mientras caminaba unía en su cabeza las palabras; ordenaba sus ideas».

La primera edición del diccionario de María Moliner ronda las 80.000 entradas, cifra que ha ido incrementándose hasta las 92.700 de la cuarta; sin embargo, solo la primera tiene el visto bueno de sus herederos.

Leer alarga la vida

Leer alarga la vida

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Según un estudio de la Universidad de Yale se ha confirmado algo que sospechaban hacía tiempo, incluso puede que lo hubieran leído en algún sitio, los adictos a la lectura: leer libros mejora la esperanza y la calidad de vida. En esta investigación publicada en «Social Science and Medicine» descubrieron que existía una relación directa entre las personas con mayor longevidad y aquellas con hábitos de lectura más sólidos.

Después de preguntar a más de 3.500 participantes de más de 50 años sobre sus hábitos de lectura, los datos permitieron dividir a estos lectores en varios grupos: los que no leían nada, los que leían menos de tres horas y media a la semana, y los que que lo hacían más de 3 horas y media. Los resultados de la investigación, que se alargó durante 12 años, demostraron que los dos grupos que leían superaban en dos años más de vida al grupo que no leía nada.

El hecho de leer fue más determinante que el sexo, el poder adquisitivo, la formación académica o el estado de salud. Incluso manteniendo un ritmo de vida sedentario, el estudio demuestra que se pueden conseguir mejor calidad de vida con los libros. No obstante, el dato más importante de la investigación, por encima de la calidad de vida, es que los lectores comparados con aquellos que no leen tienen una ventaja de supervivencia de dos años.

Uno de cada tres españoles jamás lee…

Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado el pasado septiembre, uno de cada tres españoles (el 36,1% de la población) no lee libros nunca (el 18,3%) o casi nunca (el 17,8%), mientras que un 28,6% asegura que disfruta de este hábito casi a diario. El 14,6% lo hace «una o dos veces por semana», el 12,8% «alguna vez al mes» y el 7,8% «alguna vez al trimestre».

El sondeo refleja que para la mayoría (casi el 70%), en España se lee poco, aunque están igualados los que consideran que los hábitos de lectura se han mantenido, han bajado o han aumentado en los últimos diez años.

Fuente: Diario ABC

En Islandia es tradición regalar libros en Nochebuena

En Islandia es tradición regalar libros en Nochebuena

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El libro en papel es la estrella de los regalos de Navidad en Islandia. Nada de ebooks. Este hábito nace de una tradición maravillosa que recibe el nombre de ‘Jólabókaflód’.

Una complicada palabra, que podría traducirse como ‘Inundación de Libros por Navidad’, define la temporada que va de noviembre a diciembre durante la cual los islandeses se lanzan a la compra de libros, la mayoría de los cuales se regalarán el 24 de diciembre.

Lo que viene después es puro gozo y disfrute: pasar la noche de Nochebuena y el día de Navidad leyendo tranquilamente es la tradición. Los enamorados de los libros, de su olor a nuevo, de su pasar páginas, doblar esquinitas y subrayar pasajes acaban de encontrar su lugar en el mundo.

Islandia es ese país en el que el mejor regalo que puedes hacer y recibir es un libro. Especialmente en Navidad. Islandia ama los libros y están muy ligados a que las familias perciban la Navidad como unas vacaciones.

El Jólabókaflód comienza en noviembre, cuando cada casa recibe gratuitamente en su buzón el Bókatídindi, un catálogo en el que se resumen las nuevas publicaciones de la Asociación de Editores de Islandia.

El pistoletazo de salida está dado. A partir de entonces y durante diciembre, los libros protagonizan muchas de las compras navideñas. Se sigue imponiendo el papel, con un auge moderado de los ebooks.

Normalmente, los regalos se entregan el 24 de diciembre y las familias pasan la noche y el día siguiente leyendo.

Esta Inundación de Libros data de la II Guerra Mundial, cuando las estrictas restricciones de capital reducían la cantidad de regalos importados a Islandia. Las limitaciones al papel importado eran menos severas, lo que propició que los libros se convirtieran en el regalo de la Navidad. Desde entonces, los islandeses han mantenido esta bella tradición.

Estaría bien importar tan didáctica tradición.

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El arte de hacer libros a mano

El arte de hacer libros a mano

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Están llegando informes sobre la muerte de los libros tradicionales muy exagerados. En parte es debido al éxito de la publicación bajo demanda y otras innovaciones digitales.

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, cuando nos falla la Wifi, entonces es cuando echamos mano del libro impreso, menudo alivio tener algo que leer que no tenga que estar necesariamente enchufado a una batería. Ahí es cuando entra en escena el noble arte del libro encuadernado a mano, un arte en desuso y casi extinguido

Confeccionar un libro a mano requiere un esfuerzo y mucha tranquilidad, aunque seguramente sea algo mayor que la documentación silenciosa de los V&A, una elección inusual de cierto segmento de la población por los vídeos artesanales y bien editados en los que la música juega un gran papel. El usuario de You Tube, Kraftsman Sheng, ha puesto música «Softly As I Leave You» del pianista Roger Williams,  al vídeo que muestra un excelente trabajo de realización de un libro encuadernado manualmente; como antaño se hacían estas cosas, con mucha paciencia y amor por el trabajo bien realizado.

La elección de la música es poco convencional, todo el mundo pensaría que algo barroco casaría mejor con este modo meticuloso de plegado, corte y encuadernación, pero en realidad es perfecta para la ocasión.

Así que podemos afirmar con rotundidad que «La impresión no está muerta»

 

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