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Hoy me he levantado como si me hubieran dado una paliza. Tal cual. Parece que acabara de salir de un ring de boxeo después de tener que medirme con el contrincante más pesado que había entre los adversarios. Creo que me ha dado un buen repaso a todos los huesos. Vamos, que me ha dejado para hacer choped, como mucho, y eso siendo optimista, porque ya creo que ni para eso valdría.

El caso es que ni por asomo se me ocurriría entrar en un ring de boxeo. Con lo canija que soy yo, ni hablar, me dejaría más púrpura que mi camiseta del 8M. Ni tampoco creáis que ayer me dio por correr una maratón ni nada parecido. Que va. He sido todo lo prudente que mi alocada vida me permite, pero, aun así, no hay un solo músculo o hueso de mi cuerpo que no se esté quejando en estos momentos. Por no hablar de la calentura que tengo, porque estoy más caliente que un relato erótico. Si al menos estuviese yo para esas fiestas, pero no. Que casi no puedo ni moverme, vamos, si parezco una abuelita que ha perdido su bastón.

Si os digo que a cada instante la calentura se olvida de mí e intercambia los papeles con un frío que parece que el polo norte se haya instalado debajo de mi mantita, supongo que ya habréis imaginado, porque sois chicos listos, qué es lo que me pasa. Sí, tengo fiebre. Y mirad que yo no tenía fiebre desde que era pequeña, que me paso los años sin un simple resfriado.

Como a mi doctor de cabecera ni siquiera lo conozco, ni me planteo pasar por consulta, que luego ya me sé yo lo que pasa, que te pillan los médicos por banda y ya no te sueltan y como una ya va teniendo una edad… Que si vamos a hacer un chequeo, que si vamos a hacer una analítica, que si esto, que si lo otro, que si ya no te suelto y no quiero. Así que no sé exactamente qué es lo que me ocurre.

Me han dicho por ahí las malas lenguas que es un virus, que se me ha metido en el cuerpo como espíritu maligno y por eso estoy así cual niña del exorcista. Seguro que era pequeño, feote y cobarde. Porque no le vi venir que si no, se iba a haber tenido que medir conmigo en un ring de boxeo, a ver quién ganaba.

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Madrileña de 40 años. Financiera de profesión, escritora de vocación. Escribo todo lo que pasa por mi mente, dando rienda suelta a esa dosis de locura que todos llevamos dentro, sin encasillamientos. Me encanta partir de una imagen para crear un texto. Y aquí estamos, intentando cumplir mi sueño de la infancia, reinventándome cada día un poquito más. Pero, sobre todo, aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir...
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