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Una cosa es andar. Otra diferente es mirarse andar. Observar cómo los pies se relevan continuamente en su posición, es una especie de obsesión geométrica. Una actitud introspectiva. Mientras caminas no puedes ver hacia donde avanzas o retrocedes. Una espiral capaz de arrastrarme hacia el trance hipnótico. Es algo similar al autorretrato en el que figura el retratista en un espejo, y la imagen se reproduce cada vez más pequeña evocando el concepto de infinito. Las manos en los bolsillos. La vista hacia el suelo. Camino pensando en ti y cuidando al mismo tiempo de no pisar las rayas. Avanzo en la noche cerrada como un invidente, porque la noche realmente está en mí. Son indicios de una mente obsesiva. Jugando a no pisar lo negro, como de pequeño, mantengo un ejercicio gráfico imaginario de bordillos y aceras. Sin poder ver hacia donde voy o retrocedo; con qué o quién puedo tropezar; dónde y cómo me pueden atropellar. El español es un idioma introspectivo lleno de reiteraciones, dobles negaciones y cuádruples redundancias que llegan al propio vocabulario. Términos como medioambiental, contigo, ensimismado, etcétera. Mi cabeza se ha llenado de bucles, no en el cabello sino en las ideas. Absorto en círculos concéntricos, solo puedo pensar en ti y mirarme andar.