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¿Qué contiene un alma? ¿De qué está compuesta? ¿Pesa 21 grs.? ¿Quién lo sabe?

Yo no sé de alquimias, ni fórmulas químicas, pero de algo estoy segura, si miráramos dentro de cada uno, observando con delicadeza nuestra esencia, comprobaríamos con agrado cuanta belleza encierra un alma.

En el preciso instante de la gestación, un rayo glorioso, forjado a golpe de luna y  “polvo” de estrellas, atraviesa el espacio cruzando el universo, para asistir a ese segundo mágico, en el que dos células se funden una dentro de otra, dando lugar al milagro de la vida.

Es en ese momento, cuando comienza a brillar con luz propia nuestra esencia. La médula de lo que somos en realidad, sin ropajes que adornen nuestro cuerpo, sin palabras, tan solo la sustancia más auténtica de nuestro ser.

Son el tiempo y la fatalidad juntos, quienes destruyen almas preciosas, dejándose envenenar o llevar por el lado oscuro, pero de fábrica, todas vienen rebosantes de amabilidad.

Hoy os hago entrega de un alma, la mía. Os la iré regalando a trocitos, en cada texto. No sé, sobre que versarán mis escritos. Soy impredecible, en ocasiones os entregaré un cajón de palabras que formen instantes felices. Otras pasaremos de puntillas por momentos románticos y de allí, repartiré pañuelitos de papel e intentaré llevaros al llanto. Pero siempre viajaremos acompañados de música, que mejor compañero de aventura.

Ven, dame tu mano y acompáñame en este viaje, a los infiernos de mi alma.

Bienvenidos a El Alma de Marley. Pasa y ponte cómodo, y por favor sírvete algo, corren rumores que paga el Taller.