Marga recorría siempre el mismo camino para regresar a su casa después del trabajo. Aquella noche no era diferente a las demás. Después de terminar su jornada en el bar de la gasolinera se dirigió hacia el parque para atravesarlo. Por lo general, se encontraba por el camino que debía recorrer hasta salir a la Avenida central, con alguien paseando al perro;  parejas de jóvenes sentadas en los bancos o sobre la hierba e incluso algún corredor nocturno pero esa noche el recorrido estaba inusualmente desierto, hacía frío y el cielo amenazaba nieve. No salía muy tarde de su trabajo pero estábamos en invierno y  anochecía demasiado pronto. La gente también se retiraba antes. A pesar de eso no tenía miedo de pasar por allí ya que el trayecto era corto pero, cuando entró en el camino sintió un escalofrío. Cierto era que hacía un frío atroz, aunque no fuese esto lo que la hizo estremecer. Las farolas iluminaban el paseo con bastante claridad y tuvo la sensación de que algo o alguien la espiaba desde la oscuridad. Apresuró el paso que ya era rápido, cuando escuchó unas pisadas tras de sí. Volteó la cabeza y no vio a nadie. Aumentó el ritmo de sus piernas, sólo faltaban unos metros hasta llegar a la salida. Podía divisar la calle principal con las luces de los escaparates deslumbrandDesde mi ventana es un libro de relatos de fantasíao la noche; se oían las bocinas de los coches y el ruído del tráfico; los transeúntes que iban y venían por las aceras, andaban rápidos. Su casa estaba cerca y  caminar por un lugar más habitado la tranquilizaba. Volvió a escuchar los pasos tras ella y de nuevo giró la cabeza. Le pareció advertir una sombra que atravesaba el camino a toda velocidad para esconderse entre los árboles. Ahora sí se asustó de veras y echó a correr. Con horror se dió cuenta de que no avanzaba, sus pies se movían a un ritmo frenético aunque se mantenía estática en el mismo lugar mientras quien la perseguía estaba cada vez más cerca de ella. Corría y corría pero el camino parecía hacerse cada vez más largo, no avanzaba. La angustia le atenazaba la garganta por el terror…El corazón parecía querer salirse del pecho …. Le faltaba el aire…. Y aunque ponía todo su empeño no se movía ni un ápice de donde estaba.

Sintió un aliento helado sobre su nuca. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Quiso gritar y las palabras no salieron de su boca.  El frío en su cuello se hizo
más  presente extendiéndose por la espalda. Comenzó a tiritar de frío y miedo a pesar del sudor que cubría su frente y resbalaba por la cara debido al esfuerzo que realizaba. Sentía que las fuerzas se le escapaban y no podía mover su  cuerpo, pesado, paralizado, a pesar de que continuaba corriendo sin moverse del sitio. Por fin, consiguió articular una palabra y de su garganta salió un grito desgarrador… Sooocoooorro… Soooocorrooooo….

La despertó el sonido de su  propia voz irreconocible a sus oídos, extraña cuando la pronunciaba a puro esfuerzo…. Se incorporó empapada en sudor y cerró la ventana que tenía abierta.

Todo había sido una pesadilla.

 

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Nicole Regez

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