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Eran cerca de las doce de aquel soleado día, alrededor de ella una multitud, sin embargo, Ella estaba completamente sola, en sus manos portaba un rosario con aroma a rosas. Mientras el féretro bajaba a su destino final, a su mente venían mil recuerdos e imágenes. Era tan claro aquel momento de su primer encuentro, recordaba perfectamente el timbre de su voz aunque no el color de sus ojos, que ironía de la vida y pensar que amaba tanto esos ojos, en los que se vio reflejada tantas noches y tantas alboradas, eran los ojos con ese brillo especial los que le robaron el alma.

No, no todo fue inmediato, pasaron varios meses antes de que se encontraran. no noto el paso del tiempo hasta que la casualidad les hizo coincidir de nuevo, de pronto un mensaje, a este le siguió otro y otro, a ese una llamada telefónica seguida do otras tantas que se volvieron charlas interminables hasta terminar en un café. Descubrieron tantas similitudes entre ellos, cuanto de ella misma veía reflejado en su actitud, ansiaba aprender de él, cada tarde tanto como pudiera, su afición por los aviones ,el cine, sus películas favoritas, la música, el fútbol americano .- brutalidad en toda la extensión de la palabra.- la música rock que ella no comprendía y sin embargo le comenzaba a encantar, amaba tanto salir de la rutina que de la nada, proponía una salida a la montaña para descansar.
Recordaba como si el tiempo no hubiese pasado. Todo fue tan sencillo, el comenzar a amar el movimiento de sus manos, su forma suave de tratarle, El timbre áspero de su voz, todas sus locuras. era eterno esperar esas tardes furtivas donde se refugiaban lejos del ruido y del mundo, ser solo para ellos mismos, para amarse y entregarse completos,.- cuanto le llego a amar.
Ese amor que prometen los poetas y dicen las abuelas, los de los cuentos de hadas con troles y lunas llenas, con peleas de almohadas y apasionadas reconciliaciones, un amor sin igual sin ataduras ni barreras, desaprobados por muchos y una locura para otros, pero, al fin era su amor y solo de ellos.
¡Fue tanto lo que le entrego!, la hizo parte de su vida, eran dos vagabundos que buscaban algo sin saber lo que querían encontrar, ante todos eran los mejores amigos del mundo de esos que se entendían con miradas y gestos, que compartían su gusto por los atardeceres y las noches al aire libre observando las estrellas, se contaban los problemas que tenían y reían todo el tiempo imaginando mil historias juntos.
Venia e su mente los momentos difíciles que había pasado al lado del hombre que a punto estuvo de destrozarla con sus actitudes y como, a su llegada todo cambio en su panorama. Como le infundía el valor para enfrentarse cara a cara, con cuanta sabiduría la guio para sacarla del infierno en que vivía.
Poco a poco, sin tocarla siquiera la fue haciendo suya, como pensaba en el a cada momento del día, todo llegaba a recordárselo. El cielo azul, los atardeceres de otoño, la llovizna fresca y su propia soledad en las noches largas de ausencia.

Definitivamente la vida le había retribuido con creces tanto dolor de antaño, le enseño a ver la vida con mil matices y contemplar lo bello de los paisajes, que no estaba sola que era para él, la parte más hermosa de su historia.
La que no se cuenta, esa que se lleva tatuada a sangre y fuego a prueba de cualquier vendaval, ella , era la parte más tierna de su historia, su amiga, su refugio tras las tormentas, esa parte que no se dice y menos se toca.
¿Cuantas veces le recordó que era su abril en pleno noviembre?
Y, a pesar del tiempo y la distancia siempre volvía a ella, a la tibieza de sus brazos, no importaba nada más que amarla.
Si definitivamente, el, le mostro que la vida era bella.
Con esa mirada tierna de niño desvalido y sus mil travesuras, aun recordaba nítidamente esa tarde cuando la cito en aquel café y como lo espero por horas sin que llegara, más triste que molesta regreso a su casa y al llegar encontró el más hermoso ramo de claveles que hubiese visto en su vida y junto a este, mil sonrisas esperando su llegada y el, tras de todos esperándole con los brazos abiertos. ¡Fue su primer festejo de cumpleaños! Y a este le siguieron muchos más junto a san valentines y tardes furtivas.
Le dio el brillo a su mirada y la sonrisa a sus labios, junto a él era sensual y atrevida se volvía ninfa de los bosques, por él, escribió mil poemas y quiso tocar de nuevo las estrellas, se sentía única e infinita y todos notaban que de un tiempo a la fecha, ya no le temía a soñar, las alturas no le aterraban más.
Con el aprendió a ser libre y a vivir sin ataduras, nada importaba vivir separados si compartían parte de su historia, si eran una sola vida llena de momentos hermosos.
No pudo estar con él durante sus momentos difíciles, ni curar sus enfermedades. Eso era cierto, pero, jamás fue impedimento para ser su bálsamo confortador, para entregarle sus caricias y sus amaneceres.
Fue su amiga y confidente, La que se entrega sin condiciones ni exigencias, ella sabía que al final la vida le había entregado un tesoro invaluable entre sus brazos. La alegría ante tantos fracasos.
Ahora estaba ahí, sola recordando cada momento junto a el, agradeciendo a la vida el haber encontrado en él lo que no sabía que necesitaba.
Una sonrisa se dibujó entonces en sus labios entre tanta lagrima derramada y supo entonces que había encontrado el amor en esta vida.
Y, mientras el féretro era cubierto con la tierra del camposanto, Él pensó en su sonrisa, el brillo sus ojos cuando le veía, sus labios, en cada beso que le prodigaban, en su cabello esparcido tras hacer el amor en su almohada, su aroma a claveles que tanto le gustaba. Y ahí entre el cielo azul y la tierra húmeda, deposito un clavel blanco mientras en silencio y mirando hacia el cielo le decía: espérame cariño, amor de mi vida, que pronto estaré contigo.

Claudia Santillán Velázquez.