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“Hay algo verdaderamente alegre en el hecho de no hablar con nadie”
Ingmar Bergman

Alas, faros, gaviotas, nubes y noche oscura,
algo de frío y viento silbando entre las cañas;
un bosque donde sólo se oye cantar los pájaros
y recuerdos de días tal vez casi habitables.
Un sorbo de licor cuando de madrugada
se hiela el aire negro salado de la mar,
una pluma y papel, y siempre las palabras,
e imágenes surgidas de una memoria incierta.
Ninguna voz humana; no, por favor, ninguna,
que traen desesperanzas y faltas de respeto
y malas nuevas, gritos, desórdenes, mentiras
y engaños y promesas que nunca se cumplieron.
¡Olvidadme, olvidadme como yo os he olvidado
u os intento olvidar a soledad y noche;
no me llaméis, dejad que nunca haya existido,
que mi nombre sea sólo otro ruido entre tantos!
Sólo el grito del ave y el silbido del viento
silbando entre las cañas, siempre igual a sí mismo;
olvidadme, olvidadme, no quiero saber nada
de ese mundo abortado donde también vivía.
Un sorbo de licor cuando de madrugada
se hiela el aire negro salado de la mar.
Ninguna voz humana; no, por favor, ninguna;
sólo el grito del ave, siempre igual a sí mismo,
alas, faros, gaviotas, nubes y noche oscura.
Que mi nombre no sea ni tan siquiera un ruido.