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Teníamos una especie de “conexión” que no hacía falta comentar, mirarte a los ojos era tan plácido, yo sabía que cuando los veía… no hacía falta escucharte, y es que realmente no quería hacerlo, no quería que dijeras nada, sólo quería verte, perderme en la inmensidad de tu alma, porque ahí encontraba todo aquello que tus labios no expresaban, y es que era más intenso, más intenso aún que poder tocar el borde de tus dedos y desde ahí sentirte en mis adentros.

Era tan hipnotizante verte hablar y es que muchas veces no escuchaba las palabras sólo eran murmullos al aire, yo estaba ahí, si, estaba ahí, imaginandome prendida de tus labios, con mis manos en tu pecho dejándome guiar por los latidos de tu corazón para ese momento, metido ya en aprietos, sin duda me habías descubierto, en otro lugar y con otros cuerpos, donde habíamos dejado de hablar y ya se habían fundido nuestros besos.