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La vida es un tema musical… se me vino a la mente mientras caminaba entre el tumulto de gente que iba a ver el recital. Una sola canción que inicia cuando nacemos y termina cuando nos vamos. No hay más que una. No se repite. Suena en los cielos y en la tierra y vibra hasta el infinito mismo.
Un “te colgaste” me hizo sonreír y sin otra respuesta que esa sonrisa, seguí apreciando ese momento de “vida”. Caminaba tomado de la mano, a paso tranquilo, como si el mundo no existiera.
¡Buscamos la felicidad en lugares tan inhóspitos! , sin detenernos a escuchar nuestro propio ritmo. En ocasiones tarareamos y tenemos una sensación de bienestar que asombra (demasiado bueno para ser real), como que si nos animamos a cantarla, a sentirla, desataremos una tempestad que pronto nos hará poner los pies en la tierra. Y nos limitamos. Hasta acá nomás…
Tocan los Rolling Stones, ¡los Rolling papá!.. la gloria!!! Y en mi ciudad!!!
Emociones fusionadas: el calor pegajoso, la humedad típica de mi querida ciudad, de las masas, del fuego de los puestos de “chori”, de la sangre que me corre por las venas. Fiebre de Rock and Roll.
En las calles un espectáculo de puestos improvisados: posters, banderas, remeras, figuras, movimiento, aromas de comida de ocasión que prometían algo más, “mucho más”.
Refrescantes y humectantes gotas de lluvia mojaban nuestros cuerpos. Sus hermosos ojos verdes y su expresiva sonrisa paralizó el momento. ¡¡¡Qué loco!!! Ya no tarareaba, estaba bailando, danzando a mi propio ritmo mientras que la veía sonriente moviéndose y diciéndome quién sabe qué… Acaso eso importa?
¿ Qué es la felicidad sino un conjunto de momentos únicos que quedan impregnados en nuestro SER, emociones danzantes, cual si fueran un jazz instrumental sonando en una noche estrellada?