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Es la página que estruja la historia,
y la fobia que enmudecía los sueños.
Hoy es: “El espíritu del Papa viajero”
que refresca orgullosa la memoria.

Y aún vive en el aire con su gloria,
su frase del “No tengáis miedo”
como herencia para el futuro incierto
que se plaga de dudas y escorias.

Cuida sus calles hermosas y sobrias.
un dragón que ha vuelto de su fosa
para velar por todos en su vuelo.

Ese cuento me lo dijo una señora
despojada de sus ropas y su miedo.
Otra historia contamos entre copas.
Y su espalda era un arcón de sueños.

Floristán es el Santo que reposa
en la entrada que recibe a los viajeros.
Y sus rincones se pueblan de novias
con la gracia del velo, y su salero.

En la torre vive el trompetero
que despierta las horas emplazadas.
Y despoja mis andanzas y el invierno
este pueblo bullicioso de nostalgias.

Los desvelos que cuentan quimeras
buscan trenes que los lleven lejos.
Y hartos de arrogancias pendencieras
beben estrellas y algún vinito viejo.