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Unos versos sin prosapia
reclaman con donaire
vienen del subsuelo que amarga
a donde nadie…
Su fuego artificial y sus espadas
en duelo; me cobran el desaire.
Mi saliva de paz enamorada
tras la musa desnuda de la tarde.
Te ama mi inconsciencia de poeta,
te persigue mi pluma sin alarde,
con aletargada huella de asceta
entre árboles que esperan amables
vamos ciegos arrastrando las caretas
bajo el cielo inequívoco que arde.
Alma al vuelo, cual símil de cometa
que estruja metáforas infames.
Sin descanso te busco entre la niebla
a golpes de diestra; y,
siniestras páginas oscuras e inmutables
lloran llenas de pátinas impuestas
por el tintero que te sabe irrenunciable.
Voy cargando a mi espalda las respuestas
con versos que transitan lo impensable
en ánforas mágicas, puras y repletas
para llenar de savia los estanques.
Marca el texto extraviado del profeta
esta página de versos enervantes,
huella lánguida en tierra de poetas
donde arde el rayo que ilumina a los notables.