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Noche silente: el recuerdo somero
de momentos benévolos pasados
acomoda el reposo a los pesados
párpados pesarosos del guerrero:
placeres que la vida regatea,
dichas escasas, con dolor pagadas,
y palabras amables, rescatadas
para volver mañana a la pelea.
Aúlla un viento seco en la ventana,
pero ninguna voz humana impide
ese pobre repaso de tus bienes,
que, ya casi dormido, te decide
a seguir defendiendo lo  que tienes
en la guerra que librarás mañana.