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Hay quien en el misterio de una rosa
quiso ver el del mundo comprendido,
y meditó: todo lo habré entendido
cuando entienda el misterio de esta cosa.
Lo recuerdo, mirando con asombro
el dibujo exquisito de tu oreja,
que a veces libras tú de esa guedeja
de oro viejo que llora sobre el hombro.
Cuánto misterio esconde en lo profundo,
qué recodos, qué curva tan suave,
qué delicado lóbulo sensible…
Yo he pensado también que el mundo cabe
entero en ese adorno incomprensible,
y comprenderlo es comprender el mundo.