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El realismo sucio es un movimiento literario originado en Estados Unidos desarrollado sobre todo en la primera mitad del siglo XX que pretende reducir la narración (especialmente el relato corto) a sus elementos fundamentales.

Se trata de una derivación del minimalismo que tiene características propias. Al igual que este, el realismo sucio se caracteriza por su tendencia a la sobriedad, la precisión y una parquedad extrema en el uso de las palabras en todo lo que se refiera a descripción. Los objetos, los personajes, las situaciones deben hallarse caracterizados de la manera más concisa y superficial posible. El uso del adverbio y la adjetivación quedan reducidos al mínimo, dado que estos autores prefieren que sea el contexto el que sugiera el sentido profundo de la obra.

En cuanto a los personajes típicos, se tiende a retratar seres vulgares y corrientes que llevan vidas convencionales, en la línea de uno de los grandes referentes del movimiento, el cuentista O Henry. Otra influencia importante en la corriente es la del narrador estadounidense J. D. Salinger.

Son representantes del realismo sucio, entre otros, los narradores estadounidenses John Fante, Charles Bukowski, Raymond Carver, Richard Ford, Tobias Wolff y Chuck Palahniuk.

Suele adscribirse asimismo a este movimiento una variante en los países de habla hispana, representada por los cubanos Pedro Juan Gutiérrez, Fernando Velázquez Medina o Zoé Valdés, el chileno Marcelo Lillo, el ecuatoriano Pablo Palacio, el venezolano Argenis Rodríguez, el mexicano Adolfo Vergara Trujillo, el boliviano Víctor Hugo Viscarra y los españoles Karmelo C. Iribarren, Roger Wolfe o Juan M. Velázquez en castellano e Iban Zaldua, Mar Escribano, García-Sánchez, Harkaitz Cano que lo hacen en vascuence.