Solidaridad

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Solidaridad  ( tercera parte y última )

-Pregunta. En esta última década tanto las masacres como las guerras, las mayores expresiones de violencia, no han aumentado sobre otros períodos anteriores, sin embargo ahora asistimos en directo y de forma global a su realización. Parece que no solo hay el deseo de aplastar a otro congénere, sino que se lleva a cabo con un plus al mostrarlo, imagino que con orgullo, al resto de la humanidad. Las redes sociales, la comunicación entre personas llevada hasta este extremo, ¿cómo piensa que nos afecta y cómo cree que evolucionará? 

-Respuesta. Escuche lo que le voy a contar. Cuando de niña estuve en Mathausen, una de las presas, de profesión periodista, cada día redactaba un artículo sobre lo que hubiera acontecido en el campo, imagínese: fulanita la llevaron a las duchas, menganita está en la enfermería. Pero no teníamos derecho ni a papel ni a un lápiz. ¿Cómo lo hacía?  Lo memorizaba para luego relatarlo en voz baja a cualquier compañera que la quisiera escuchar; a veces media docena de mujeres aguardaban turno para ponerse cerca de ella. Con esto intento decirle que el deseo de expresar lo que nos ocurre no se pierde ni bajo las peores circunstancias. Comunicarnos es tan vital como respirar. Dicho esto, a mí no me parecen mal los avances tecnológicos, es maravilloso saber lo que piensa casi cada persona que vive sobre la tierra, qué decirle si se trata de poder hablar, incluso ver en directo, a los amigos que tengo en otros continentes. Siempre habrá personas que confundan el uso de algo, que lo retuerzan para así obtener un beneficio, bien sea personal o de un determinado grupo. Si ellos son quienes generan ese, lo llamaremos: ‘problema’, el auténtico mal, el virus que lo propaga es cada persona que, con agrado o sin él, lo mira. No creo que la censura sea la solución. Al igual que con tantas otras cosas, la educación y una cultura basada en principios morales muy diferentes a los que en la actualidad se nos propone desde todos esos entornos, será lo único que nos podrá salvar. Ver a alguien consolando a una mujer violada, abrazando a un niño que acaba de ver perder a su madre, solo debería hacernos pensar en si merecemos considerarnos seres inteligentes. Cuando lo que se consigue es, en el mejor de los casos porque para algunos es también una bandera de enganche, cuando, como le decía, lo que provoca es la burla y la risa, nos deberíamos plantear si esa dirección en la que avanzamos no nos estará llevando hacía un precipicio… 

-P. Entonces, ¿a dónde piensa que está sociedad va? ¿Nos despeñaremos? 

-R. Ojalá que no, ojalá los niños de hoy sintieran ya ese horizonte lleno de oscuridad al que, yo creo, que caminamos. Pero si le soy sincera, no lo sé. Tampoco quiero ser alarmista. Los parisinos de finales del siglo XIX pensaban que la Torre Eifel se desplomaría sobre los tejados y, desde entonces, no solo ese monumento sino muchas otras cosas siguen en pie y, lo que es mejor, nos hacen la vida más fácil. Quedémonos con esto pero sin dejar de ser críticos con todo aquel uso que nos devuelve a las cavernas, como usted planteaba antes.

( La entrevista siguió, perdí la noción del tiempo escuchando a Eva, disfrutando de su conversación, aprendiendo con cada una de sus reflexiones y vivencias. En este obituario emocionado y urgente, he querido incluir también las últimas preguntas que le hice)

-P. ¿Qué espera del futuro? ¿Se sentirá orgullosa de lo que ha logrado?

-R. Estamos muy lejos de llegar a la última estación. El hombre, si algún día quiere conquistar las estrellas, desarrollarse por este vasto universo, y no me refiero solo a poblar todos esos puntitos brillantes que aparecen en el cielo cada noche ( yo creo que hay un universo aun más grande en el interior de cada persona ) debe acabar de dar el paso que inició cuando se supo inteligente. El odio, la envidia y la destrucción entre los mismos seres son gigantescas piedras a dinamitar si se quiere proseguir por ese camino. ¿Ocurrirá? Quiero pensar que sí. Aunque en la actualidad no sean los estados quienes lo lideran ni la sociedad al completo, como debería ocurrir,  y solo tengamos pequeños grupos del estilo a las organizaciones privadas y sin ánimo de lucro como aquellas que difunden y practican el legado solidario. Tengo la esperanza de que, algún día, cada hombre y cada mujer de este planeta comprenderá que es toda la especie la que debe mejorar y no solo unos pocos pisoteando al resto … Perdone, ¿cuál era su segunda pregunta? Esta cabeza mía, en ocasiones, se cubre de niebla …

-P. No se preocupe, llevamos tres horas hablando. El sol empieza a huir por el horizonte y pronto anochecerá. Su esfuerzo ha sido más que generoso. Le preguntaba sobre si se siente orgullosa por lo que ha logrado.

-R. No, en absoluto. Reincidir en todo lo que le he dicho, sería aburrirle … y lo he pasado tan bien esta tarde que nada más lejos de mi deseo… No me siento satisfecha pues el resultado aun es ínfimo. Sin embargo, no puedo dejar de creer que algún día se logrará.

Se hizo un largo silencio entre los dos. Dejó de mirarme tras la respuesta y enfocó muy lejos, más allá del horizonte dorado y azul del mar que había sido mudo testigo de aquella conversación. Me levanté, la tomé del brazo y fuimos caminando juntos hasta la entrada de la vivienda.  Un par de besos y un prolongado abrazo fue lo último que recuerdo. No quise volver la cabeza hacia atrás, ella debía seguir en la puerta. 

El taxista no paró de hablar, se sabía de memoria los resultados de la liga de futbol española. Apenas le escuché ni contesté. Mi cabeza, yo creo que todo mi ser, seguía en aquel jardín frente al mar con la voz profunda y firme de aquella luchadora retumbando dentro de mí.

Solo me queda añadir: Descanse en paz.

( Fin)

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( segunda  parte)

En ocasiones, entrevistar a alguien es una experiencia inolvidable, una lección magistral más que una tarea periodística. Este es  uno de esos casos. He tenido que aterrizar y despegar tres veces, cada vez en un aparato con menor número de asientos y motores, cada vez en un aeropuerto más pequeño hasta llegar a una de las zonas más despobladas del planeta. Después, un taxista local con vocación de guía turístico me ha explicado la fundación de la población que dejábamos atrás, la leyenda del ermitaño de la montaña que atravesamos y las distintas especies de tortugas que desovan en esta larguísima playa de arena dorada en la que está situado mi destino. Mientras le pido que me espere, ningún rastro de señal de telefonía para pedir que alguien me devolviera a la civilización, veo la pequeña casa y también su minúsculo jardín (mesita de mármol, dos sillas, un sillón y una palmera) que, a modo de vestíbulo, conduce hasta el mar. Desde una elevación se asoma a las dunas y a unas olas que, aunque agitadas, llaman a zambullirse en ellas. Las paredes de cal, las ventanas abiertas y el graznido de las gaviotas nos reciben. Al ir a llamar a la puerta, veo a nuestro personaje descansando en una butaca de enea en el jardín. Agita uno de sus brazos para que vaya hasta ella. Aún sentada, su porte impresiona. Tanto que, a modo de saludo cuando estoy a su lado, extiendo mi  mano y la noto temblorosa. Ella la sujeta con las dos suyas. Al sentir su calidez, desaparece mi estremecimiento. Entonces, tira con suavidad de mí incorporándose para darme dos besos en la mejilla. Ya sentados, frente al mar ella y yo a su costado, pongo la grabadora en marcha.

  • Pregunta. Buenos días, sabemos que los achaques hacen que deba guardar reposo, le agradezco el esfuerzo al recibirnos, por eso mismo lo primero es preguntarle: ¿cómo se encuentra?

No ha perdido el brillo azul de sus ojos desde los cuales es fácil ver una catarata de bondad. Percibo el lento latir de su corazón en una respiración pausada y profunda. Entrelaza los dedos haciéndolos reposar sobre la mesa,  levanta la frente hacía el horizonte del mar y empieza a hablar. 

  • Respuesta. Buenos días, joven. Aunque algo cansada, debo confesarle que estoy animada, ya ve que el día nos permite estar al sol sin acalorarnos y que huele a hierba y a sal. Esto, junto con su presencia, pocos se preocupan ya de mí, lo ha convertido en algo especial. Le digo más, la alegría es la mejor medicina que se puede recetar y hoy, con su llegada, tomé doble dosis.

Parece que nos conociéramos desde siempre. Su ternura, a la vez que el aplomo desprendido tanto por sus palabras como por la mirada, me llevan a imaginar que estoy frente a esa abuela sabía y generosa que si no tuvimos la suerte de tener, hemos visto y admirado en películas y libros.

  • P. Muchas Gracias, para mí es un placer escucharla, se lo aseguro. ¡Ojalá este remedio  tan natural de encontrarse con otros le ocurra más a menudo!. Al vivir tan retirada del mundo, ¿no es, por otro lado, una manera de reconocer que ‘me han derrotado’, o que ‘ya no puedo hacer nada más’?

  • R. Sí y no. Y me explico. Llevo tantísimos años intentando que los hombres se abracen en las guerras, en vez de dispararse unos a otros, luchando para que los niños descalzos, de ojos hundidos, para que los huesudos y de vientre abultado, les llegue algo de lo que los otros bien vestidos y con ‘play station’ desperdician cada día … es tan grande el derroche de sentimientos realizado por la sociedad, que el más pequeño esfuerzo consigue importantes logros. Pero también le diré, ese no es mi caso. Aunque alejada de lugares poblados, aunque esté postrada en la cama, mi actividad es intensa todavía. Joven, contestar cartas y escribir contando lo que viví, me ocupa casi todo el tiempo. Qué duda cabe que no como antes, reconocerlo es sentirme muy cercana a esas lágrimas amargas e impotentes que intento erradicar.

  • P. De sus palabras deduzco que estamos ante un retroceso de aquello que nos hizo salir de las cavernas y progresar. ¿Así lo ve?.

Sonríe y me muestra una blanca dentadura. La brisa le hace cerrar varias veces los párpados y levanta su flequillo plateado.

-R. Sus preguntas son difíciles de responder en un solo sentido en el que no aparezca, a la vez, la noche y el día, el ying y el yang, del que se compone la existencia de los seres vivos. No sabe como me gustaría ser tan inequívoca en mi exposición como lo es mi deseo y esfuerzos para que la ayuda entre las personas triunfe. Sin embargo, mi contestación no puede serlo de ninguna manera. ¿Desde las cavernas hasta hoy en día, dice usted…? Cualquier persona, por aislada que viva, puede compartir su pensamiento con el resto, eso son avances, por supuesto, pero ¿han contribuido estos a que lo más básico como es el hambre, la salud o la cultura sea una prioridad entre los seres humanos ? Ahí ya no estoy tan segura. Le decía que hoy comunicarnos con cualquiera se logra con solo pulsar un botón, pero, eso mismo, ¿no nos hace más solitarios, menos auténticos también? Tanto la soledad, lo menos malo, como la falsedad, un cáncer, son igual que el aceite cuando entra en juego el agua limpia y cristalina, es decir, la solidaridad. Tales ingredientes es imposible que se mezclen.

( Continuará. Fin de la segunda parte) 

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  ( primera parte de tres entregas) 

La muerte de Eva Van Helpen no ha sido publicada por ningún diario. Su vida, plagada de acontecimientos excepcionales, tampoco mereció el interés de los medios de comunicación. Sin embargo, si tenemos en cuenta que Eva, ya con diez años, acompañó a su madre en Mathausen, que fue enfermera de la Cruz Roja durante la guerra de Corea, que acudió a campos de prisioneros en Hanoi y Saigon durante el conflicto vietnamita,   que formó comités de refugiados en Rodesia y en Angola, que las bombas no frenaron su actividad en el Líbano, Croacia, Bosnia, Congo o Kosovo, la labor que ha desempeñado se nos hace imprescindible a la hora de entender los últimos ochenta años de la humanidad. Sus pequeños ojos azules vieron cuerpos mutilados, niños solo alimentados con unas migas de pan y agua sucia, falsas delaciones entre hermanos como única forma de no caer frente a un pelotón de fusilamiento, mujeres violadas en presencia del marido antes de que a este le metieran una bala entre los ojos, dedos arrancados, lenguas cortadas, genitales quemados… torturas que ni el destripador más sanguinario hubiera podido jamás imaginar. Eva escuchó a todos los perseguidos, los abrazó sin importarle mezclar su sudor con el de ellos; Eva hizo todo lo posible por equilibrar el odio y la crueldad de nuestra especie. Eva, agarrada siempre a la bandera de la solidaridad, fue el espejo en el que mirarse, el ejemplo para una sociedad mas justa. Un modelo que, por desgracia, no tiene continuidad. Despreciada por gobiernos de cualquier signo, abandonada por muchos a los que ayudó a salvar, no fue eso el peor vía crucis por el que pasó durante los últimos años de vida. Memes o tuits, que nadie sabe por qué ni cómo se propagaron, inundaron las redes sociales convirtiendo la entrega hacia los demás de Eva, en un circo absurdo de risas y mofas.

Hija de padre holandés y madre alemana, casada con un chileno durante cuatro décadas, tuve la suerte de conocer a Eva Van Helpen hace dos años. Vivía alejada de la civilización en una remota zona al sur del continente americano. Habitaba una casa humilde de una sola planta frente al mar y al borde de una playa salvaje. Parecía huir de aquellos a los que había salvado o consolado. Por entonces, yo trabajaba como periodista ‘free lance’ . Tras conocer algunos datos sobre su biografía a través de una búsqueda casual en google, pensé que me  quitarían de las manos una entrevista con aquella mujer tan excepcional. No fue así. Todos los editores a los que ofrecí el trabajo, lo rechazaron. ‘Opuesta a nuestra línea editorial’ fue la respuesta más habitual, aunque las hubo de todo tipo, como que ‘a nadie interesa la vida de una demente’ o ‘tráeme genocidas o asesinos en serie, esos sí venden revistas; una vieja agarrando la mano tanto a negros moribundos como amarillos famélicos, no es noticia’.

Hace unos meses dejé el periodismo, decepcionado y desencantado al comprobar que, si quería publicar reportajes, solo lo sería si aceptaba ser como esos muñecos de ventrílocuo, que, aunque muevan  los labios y parezcan tener voz propia, son las palabras de otro las que siempre salen por su boca. Dejé las entrevistas, me reciclé de diseñador gráfico con fines alimentarios, y no aplacé más la realización de mi primera novela. Hoy, al enterarme del fallecimiento de Eva, he rebuscado entre mis archivos hasta encontrar  aquel trabajo nunca publicado, sin que haya descartado del todo que algún día pueda ver la luz. Mientras llega ese momento, me gustaría compartir parte de esas horas que pasé junto a ella, un resumen de lo que revistas y diarios rechazaron. Es curioso, las mismas redes que la masacraron, servirán ahora de ventana por la que mostrar a Eva Van Helpen, una llama que se ha apagado dejándonos a oscuras. 

(Continuará. Fin de la primera parte)

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Entrevista a Julio R. Naranjo

Entrevista a Julio R. Naranjo

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Ya lo decía Hemingway, en su decálogo del escritor… “Hay que mezclarse con la vida”, vivir. Tengo claro que Julio R. Naranjo, seguramente sin proponérselo, lo ha venido haciendo, y además con naturalidad y alevosía. Porque normalmente uno no llega a ser escritor de un día para otro. El escritor se va forjando a golpe de experiencias, de miradas. Esa mirada especial que todo escritor lleva dentro, aún si saber que la posee.

Así surge precisamente su novela, “El viaje de Ciriaco”, tras una mirada especial a su alrededor. En cierta ocasión mientras repostaba en una gasolinera, coincidió con el conductor de un coche fúnebre. Después de una conversación entre ambos, algo se encendió en la mente de Julio, y lo que en principio fue una simple charla, dio pie al nacimiento de esta misteriosa y divertida historia, o “thriller con alma”, como otros lo han denominado. “El viaje de Ciriaco” pasaría a convertirse  en su primera novela. En su sinopsis reza, “Un pacto entre la vida y la muerte”, “No es un libro oscuro, aunque hable de la muerte, es una canto a la vida y a la luz”.

Julio R. Naranjo, actualmente es empresario. Pero en otro tiempo fue camarero,  jugador de rugby, vigilante de seguridad y repartidor de periódicos, a la vez que estudiaba Derecho. No me cabe duda que toda esta cantidad de experiencias nos seguirán dando muchas satisfacciones en el futuro, personajes que están esperando ver la luz, a través de las letras de este genial escritor.

El viernes 30 de noviembre, estaremos apoyando a Julio R. Naranjo en la entrega de Premios de la IX Edición Atlantis. La Isla de las Letras, que se celebrará en Forum de la FNAC de Callao, Madrid, sobre las 19H.

Te deseamos mucha suerte Julio, y que este sea el primero de muchos más éxitos en tu brillante e imparable carrera como escritor.

Desafiosliterarios.com

 

Julio, de pequeño soñabas con ser…

Creo que el primer recuerdo que guardo al respecto tiene que ver con La Guerra de las Galaxias; quería ser un Jedi y descubrir nuevos universos. Luego ya de mayor, aunque he renunciado a lo de la espada láser, muy a mi pesar, me sigue gustando eso de soñar nuevos mundos…

Dime un lugar del mundo donde te gustaría escaparte y encerrarte a escribir.

 En cualquier sitio donde me encuentre relajado. Pero si tuviera que elegir uno, diría que en Maine, en Estados Unidos. Ya he estado varias veces, y es un lugar especial para escribir una buena novela de terror. Espero hacerlo…. ¡Escribirla y que además sea buena!

¿Dónde encuentras la inspiración para comenzar a trabajar?

Me gusta mirar a mi alrededor. Si observas con detenimiento, creo que son tantas las cosas, personas, situaciones que nos rodean, que la vida en sí es un filón inagotable. Disfruto siendo permeable a ese entorno, me hace sentir vivo, despierto

¿Tienes algún truco para burlar el mal de la página en blanco?

Je, je. ¡No sé qué es eso! No, en serio, claro que me pasa. Pues hago lo mismo que en mi época de estudiante, cuando me atascaba y no había forma de enterarse de nada. Apago el ordenador y me voy. Ya vendrán mejores momentos, pienso, quizá para convencerme de que esa frustración que se siente sea solo pasajera. He aprendido a aceptarlo con cierta naturalidad, o al menos eso me repito…

¿Julio, qué te hace perder el sueño?

Trabajé durante años por las noches, y desde entonces duerno poco. Pero lo que me quita el sueño es que aquellos a quienes quiero lo estén pasando mal, y sentir que no puedes hacer gran cosa para arreglarlo. Se dice siempre que la risa es contagiosa, pero creo que el dolor o la tristeza, también lo son tanto o más.

¿Puede un muerto guiarte hasta los confines de tu propia vida?

Me alegro de que me haga esa pregunta… recuerdo haber leído hace tiempo, creo que en el Tratado del Vacío, que si no sabíamos nada de la vida, menos aún sobre la muerte. Sí creo que como verdad absoluta, la Muerte, con mayúsculas, nos hace plantearnos quiénes en realidad somos, nos lleva a revisar nuestras más profundas creencias. Porque si algo tiene es que a todos nos trata por igual, antes o después, Y eso es algo que Ciriaco descubre, muy a su pesar, cuando se ve embarcado en el viaje más importante de su vida

¿Quién es Ciriaco? preséntanos, por favor.

Ciriaco es un conductor de coches fúnebres que, nacido en Galicia, trabaja desde hace años en Madrid. Un día recibe de su jefe, el dueño de la funeraria, un personaje enigmático, un extraño encargo. Debe enterrar a un señor que, tras suicidarse, dejó unas instrucciones muy concretas. Quiere que sea Ciriaco quien le lleve hasta Galicia para sea enterrado allí donde nació, que es el mismo lugar en el que Ciriaco nació, Foz, un precioso pueblo de la costa lucense. Solo Ciriaco sabrá, tras leer un manuscrito del muerto, por qué es él el elegido, iniciando un viaje vertiginoso que pondrá a prueba todas sus creencias, comprobando que la línea que separa lo que es real y lo que pertenece al mundo de los muertos es mucho más difusa de lo que pensaba.

Las críticas hablan muy bien de tu obra, ¿cómo encajas el éxito? ¿crees que eso cambiará tu forma de escribir?

 Estoy tremendamente agradecido a todos los lectores que día tras día comparten conmigo este viaje; gracias a ellos puedo seguir escribiendo nuevas historias y tratar de sacar lo mejor que haya en mí. Este es el verdadero éxito y es una experiencia increíble; creo que tengo los pies en el suelo y además soy un recién llegado. La fama casi siempre llega sin merecerla y se pierde sin culpa. Pero el respeto de todos cuantos han decido hacerme un huequecito en sus corazones es lo que de verdad me motiva a diario, y solo espero no fallarles

¿Julio, estás preparado para los premios que te vienen encima?

Bueno, ¡sería maravilloso que esos premios llegaran! Yo no estoy tan seguro de que eso vaya a ocurrir…pero lo que sí siento es que no tengo ninguna clase de presión, me gusta escribir y creo que lo seguiré haciendo por mucho tiempo, y mientras haya alguien que me lea, me sentiré muy afortunado.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir en el mundo de la escritura pero nadie te dio aún?

Creo que los consejos son un arma de doble filo, hay que saber darlos, pero también recibirlos. Me encanta conocer las experiencias personales de quienes de un modo u otro escriben. Pero desde luego, cuando uno escribe, debe hacer todo lo posible para evitar que tú mismo te conviertas en tu peor enemigo; en mi caso, al menos, siento que crezco cuando busco en mi interior aquello que ni siquiera sabía que existía. Ese consejo fue el que me ayudó a entender la escritura como una permanente búsqueda y no como un verdadero suplicio. ¡Estoy convencido de que muchos más consejos como éste están por llegar!

¿Qué te hacer reír, qué te hace llorar?

 Tuve un jefe que me recordaba a menudo que la vida era una cosa tan seria que convenía reírse cuanto más, mejor. Para mí el sentido del humor, poder reírse con los amigos, con la familia, con los compañeros de trabajo, es vital. Tanto como reírse de uno mismo. Y algo parecido pienso en cuanto a llorar; mostrar que uno se siente feliz, alegre, es algo socialmente acertado, pero en cuanto a llorar, aún persiste una cierta idea de que te hace más débil. Además, se puede llorar de alegría también. Mi sentir es mi forma de vivir. Y trato de que sea todo lo intenso que pueda, que deba, ser.

¿Sigues jugando al Rugby?

¡No! Ahora solo me escapo a verlo cuando puedo, y no me pierdo el Seis Naciones, desde el sofá y con una cervecita. Al rugby le debo muchas cosas, me enseñó a levantarme una y otra vez después de caer y a esforzarme al máximo, a competir pero siempre respetando al adversario, algo que en mi vida profesional me ha marcado con la misma impronta. ¡A cambio solo me costó alguna fractura y bastantes puntos de sutura!

¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Pues suena un poco a frase hecha, pero espero que aún esté por llegar, este partido no ha hecho más que comenzar y me queda, espero, mucho por delante

Cuándo y dónde prefieres escribir, ¿de día, de noche, en un café, al aire libre?

Siempre digo que mi trabajo, que me apasiona, no se lleva del todo bien con mi pasión, que es la escritura. Así que saco tiempo de donde puedo; pero las noches me resultan especialmente atractivas.

¿Con qué escritor/a te gustaría quedarte atrapado en un ascensor.

¿Se puede cambiar lo del ascensor? ¡A mí lo de quedarme atrapado en él no me hace mucha gracia! Me encantaría poder charlar con Richard Ford, Edgar. A. Poe, Stephen King, con el que por cierto me senté en la línea roja del metro de Boston. No fui capaz de decir más que un simple hola. ¡Un hombre brillante!

Estás parado en un semáforo, ¿qué piensas mientras ?

Pues depende del momento…mi cabeza es un hervidero de ideas….en ocasiones en la lista de la compra, las reuniones que me quedan, si me queda tiempo para ir un ratito al gimnasio, y en otras una idea aparece y la grabo en el teléfono para que no se me olvide

¿Qué novela famosa te habría gustado escribir?

Me he criado entre libros, y desde muy pequeño en casa nuestra madre, nos inculcó el amor por la lectura. En cada uno de ellos una nueva puerta se abría para vivir mundos, aventuras, pasiones que escritas por otro, eran en ese momento solo para ti. Mi admiración no ha decrecido, al revés, por eso creo que cada libro es único e irrepetible, y su autor también.

¿Cuál es el secreto que nunca has contado a nadie pero me vas a contar a mi?

Como decía mi abuela, ¡a ti te lo voy a contar! Bueno va, uno solo te cuento. Durante un tiempo, y mientras jugaba al rugby, fui profesor de una escuela de modelos. En aquella época lo de que un hombre se depilara no estaba tan bien visto como ahora. Y ahí lo dejo

Un olor, un sabor, un color

Un olor, el de mis dos hijos cuando siendo bebés, les daba un bañito y me sonreían.

Un sabor, el manantial de su dulce boca…

Un color, el azul del Mediterráneo.

¿Escribes con alguna música en especial, o prefieres hacerlo en silencio?

Casi siempre con música, me relaja. Cada artículo que escribo, cada poema que termino, y con cada libro en el que trabajo, siempre hay una canción que, como si fuera su segunda piel, no olvido.

Tienes algún objeto fetiche o talismán en tu mesa de escribir

¡Sí! Mi mesa es una especie de caos repleto de libros, cuadernos y objetos que he ido adquiriendo en mis viajes.

¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir ?

 Ropa cómoda, buena música y mi querido Eolo junto a mí.

¿Qué personaje de novela te gustaría haber conocido en persona y llevártelo a cenar?

 Sin dudarlo un segundo, a Ignatius Reilly, de “La Conjura de los necios”

Julio, háblanos de tu siguiente proyecto.

 Estoy terminando mi primer poemario, y ando enfrascado en mi segunda novela, que espero tener terminada y lista para su publicación en el primer semestre del año que viene. Ojalá tenga la misma acogida que “El Viaje de Ciriaco”. Creo que vamos a pasar un poquito de miedo.

Quisiera agradeceros la oportunidad de poder compartir con todos vosotros este maravilloso espacio. ¡Mil gracias!

 

Gracias a  ti, Julio, por tu amabilidad y tu simpatía. Brindaremos contigo todos los éxitos que están por venir.

 

 

 

 

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ENTREVISTA a Roque Larraquy

ENTREVISTA a Roque Larraquy

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Hoy en desafiosliterarios.com, entrevistamos en exclusiva a Roque Larraquy, finalista en el National Book Awards, uno de los premios literarios de mayor prestigio de los Estados Unidos.

No es un autor muy conocido todavía en España, aunque ya empieza a hacerse presente. Roque es un hombre de aspecto al mismo tiempo juvenil y maduro que escribe con gran personalidad tiñendo sus textos de un cierto humor serio, y que  añade a su literatura fuentes no literarias. Desde aquí lo recomendamos, lo hemos leído con placer, y qeremos terminar de leer sus novelas, que aciertan a ensayar una manera nueva de hablar. Siento que va a abrir zonas dormidas del  cerebro con sus textos llenos de formas inesperadas. Es muy interesante por distintos motivos, pero no vamos a explicarlo nosotros, pudiendo hacerlo él mismo.

 

¿Quién es Roque Larraquy?

Bueno, comencé estudiando letras en la universidad de Buenos aires. Al mismo tiempo inicié una carrera como guionista de Cine y Televisión. Es lo que me permitió, junto con la docencia universitaria, pagar mis cuentas durante un par de décadas. Pero terminó revelándose como una tarea con un resultado frustrante, muy distinto a lo pensado originalmente y eso, para un obsesivo, no es el camino a la felicidad. Abandoné el mundo del guion. En realidad, desde siempre mi proyecto personal fue la escritura literaria. Escribo desde muy pequeño. Durante mucho tiempo di clases en Buenos Aires, de guion de Cine y Televisión y desde el 2016 soy el director de la primera carrera de grado de escritura artística que hay en Argentina, es la licenciatura en “Artes de la escritura”, en la universidad de las artes.

Tengo dos libros publicados, LA COMEMADRE en 2010, e INFORME SOBRE ECTOPLASMA ANIMAL en 2014, y ahora estoy escribiendo mi tercera novela

¿Cómo se llega a ser finalista de un premio tan prestigioso como el National Book Awards?

La novela se publicó casi en 2011. Los primeros años se deslizó en el campo literario de Buenos Aires. Luego fue traducida al francés por una editorial de París, y más tarde, reeditada por la editorial Turner para España y otros países en Latinoamérica. Eso le dio una mayor vida al texto. Este año fue traducida al inglés de forma impecable por Heather Cleary. Trabajamos mucho esa traducción. Y a partir de ahí apreció la oportunidad de este premio. Para mí es muy extraño, ya que se trata de una novela que había escrito ocho años atrás. Pero apareció esta edición, la enviaron en consideración del premio, y salió.

¿Cómo crees que te puede afectar el hecho de estar nominado o incluso ganar el premio? ¿Crees que esto va a cambiar tu manera de escribir? ¿No te sientes presionado para dar un determinado nivel?

Espero que no. Por supuesto, cualquier escritor tiene esa presión de saber qué va a pasar en tu siguiente texto, y más si generó de modo gradual una cierta expectativa de futuro. Estoy tratando de que no me altere. Yo tengo una cierta conciencia sobre lo que escribo, y mi trabajo no es necesariamente masivo. Me amparo en esa idea para poder escribir exactamente lo que quiero.

¿Cómo ha surgido la novela LA COMEMADRE?

Tardé siete años en escribirla. Comenzó como una idea de estructura. La idea era escribir una novela en dos partes que se relacionaran entre si de un modo recíprocamente refractario, pero que al mismo tiempo ofrecieran una idea de continuidad. La segunda parte es la primera que escribí, y luego apareció en mis manos una revista muy prestigiosa, con una publicidad que prometía la cura del cáncer en una clínica suburbana, en 1907, y eso fue el disparador para crear la primera parte.

¿Cuál es el mensaje? ¿Qué es lo que estás explorando con esta novela?

Por un lado, me interesaba contraponer una cierta idea de la ciencia, pensada como la matriz principal del pensamiento decimonónico y positivista. Revisar ese momento histórico de gran entusiasmo por el progreso científico. Me interesaba sobre todo por la idea de fracaso que conllevaba la lógica positivista del progreso continuo y del fracaso que finalmente encontró. Ponerla en contraposición con el mundo del arte. Pero también, trabajar con mundos cerrados que me permitieran narrativamente poner en juego un sistema de relaciones de poder, atravesadas por la lógica institucional, por la institución científica, y las instituciones legitimadoras del arte. Me interesaba trabajar en esa línea, el modo en el cual un pensamiento que gobernó una época, la época del positivismo, desarrolló una curva que tuvo cierto apogeo y luego cayó. Me interesan las épicas del fracaso, en general. Me parecía que trabajarla desde el fracaso de las postulaciones científicas de hace cien años atrás, y sus búsquedas relacionadas también con un cierto remanente de pensamiento mágico que había en la época.

Intuyo por lo que me dices, qué estás un poco en la línea de muchos otros que piensan que el pesimismo y la derrota es más literario que el triunfo y el optimismo.

No necesariamente. Es un tema que me interesa en particular, no lo postulo como la única posibilidad de lo narrativo, si bien es cierto que desde el fracaso existe la posibilidad de crear un conflicto narrativo acaso más nítido que el triunfo. Por su puesto que tan bien desde el triunfo que se pueden contar cosas muy interesantes.

Mi segunda novela también sigue por esa línea, en realidad algo que sí que me interesaba mucho, tanto para una novela como para otra, era trabajar con materiales que no provienen de la literatura, llevados hacia la literatura. Todo lo que tiene que ver con los discursos científicos, las pseudociencias, que entre fin del siglo XIX y principios del siglo XX, pasaron de un estatus de posible ciencia legitimada como tal a pseudociencia, porque en la contienda hubo disciplinas que ganaron y otras que perdieron. Las que perdieron quedaron del lado del pensamiento mágico de la pseudociencia y cuando uno aborda por ejemplo textos sobre frenología, medicina galvánica, espiritismo y todas estas pseudociencias se encuentran con textos que están buscando muy desesperadamente una legitimación y en esa desesperación, cristalizan momentos de alta literatura. Me interesaba recuperar esos momentos que provenían de discursos frustrados y llevarlos hacia la literatura.

¿Qué tipo de lector crees que es el apropiado para tus novelas?

No tengo idea. Las dos novelas tratan de ser textos con una cierta fluidez narrativa que puede vincularse con la idea de entretenimiento, un cierto sentido del humor que aligera ciertos temas y algunas recurrencias. Que sean lectura ágil, que provoque algún tipo de remanente una vez finalizadas, pero no mucho más. Me interesa que el texto se encuentre con los lectores más variados.

Roque, ¿qué lecturas te han influido más?

Me interesa algunos autores de las vanguardias latinoamericanas, como lector chileno Juan Emar, Macedonio Fernández, o Juan Filloy, son escritores de las primeras vanguardias, por supuesto hay ciertas áreas que me son inevitables, como Borges, y fuera del español me interesa mucho Swift, Rabelais, Marcel Schwob, Vidas Imaginarias, es un texto que me marcó muchísimo.

¿Cómo fue eso de querer ser escritor en tu familia?

Mi padre psiquiatra, mi madre pianista, aunque trabajaba en un hospital público como administrativa. Siempre hubo en casa, por mi padre, una relación con la ciencia, y en particular con la psiquiatría. Era una disciplina que lo apasionaba. Viví en una casa que era el consultorio psiquiátrico de mi padre, dónde el desfile de pacientes y patologías se daban en continuidad con los espacios íntimos del hogar. Para mí fue una experiencia hermosa y extraña. Eso venia acompañado por la presencia musical de mi madre, y una biblioteca muy frondosa que fue el escenario de mi primera relación con la escritura. Mis padres siempre estimularon mi interés temprano por la escritura. A mi viejo le gustaba lo que escribía, a mi madre no, y en esa tensión también había algo interesante. El estímulo venia por negativo y por positivo. Me he preguntado por qué me interesa escribir. No he llegado a una respuesta muy iluminada. No puedo dejar de escribir, no puedo pensar sin escribr. Escribir ni siquiera me resulta un placer. No puedo pensarme sin la escritura. No creo en musas, ni en Dios, ni en nada que se le parezca, pero hubo algo que estuvo por fuera de mi decisión.

Me planteé vivir y trabajar en algo que tuviera que ver con la lectura o la escritura. En mi primera juventud me costó ciertas dificultades económicas, pero yo sabía que tenía que contar con un cierto tiempo,  que no podía estar alterado por un trabajo con exigencias alienantes, por lo que traté de preservar mi relación con la escritura a través de la elección de trabajos que siempre fueran afines con ella. Trabajé como guionista, como docente de español para extranjeros, dando talleres y finalmente orienté mi lado profesional hacia la docencia académica.

Me comentas que tu padre era psiquiatra, tú crees que ¿hay que estar un poco loco para escribir?

No, no creo. Eso probablemente es una fórmula la cual suscribiría un escritor en un marco más decimonónico de pensamiento, en la idea en que el escritor tiene que estar en conexión con la escritura, o con un cierto desarreglo de los sentidos, escribir desde un margen. Yo creo sinceramente que casi cualquier persona podría escribir, porque escribir también tiene que ver con un oficio, y con una persistencia de trabajo, y no necesariamente con una condición del ser o con una peculiaridad de la personalidad. Para mí hay algo que tiene que ver con la persistencia, y algo que tiene más que ver con una cierta capacidad crítica sobre lo que uno escribe, que nada tiene que ver con estar loco.

Hay gente que se pregunta si todo escritor es una persona acosada por dos problemas, uno sería la vanidad y otro sería la soledad.

No lo creo, es una mirada estereotipada de lo que debería ser un escritor. La soledad por supuesto viene un poco de la mano de la tarea de escribir, si bien muchos escritores son capaces de escribir en medio del bullicio como es mi caso. Hay algo de la ceremonia de la soledad que favorece la escritura. Lo cual no quiere decir que un escritor deba ser un tipo solitario, neurótico, y autocelebratorio en sus propias taras.

Cuéntame cómo escribes, ¿eres metódico? ¿Eres una persona que se deja llevar por una idea que tiene y que sufre ese síndrome “voy al dictado de lo que se me va ocurriendo, como si fuera la voz de otra persona”?

No, no soy ese perfil de escritor, me encantaría. Tengo primero una idea general de estructura, de lo que voy a escribir, unos ciertos objetivos generales, un conjunto de temas y posicionamientos frente a esos temas, y sobre eso paulatinamente, de un modo gradual casi como una sedimentación, va apareciendo un mundo narrativo y unos personajes. Escribo en desorden.

¿Qué es lo que menos te gusta del mundo del escritor?

Es cierto que en los últimos años los escritores, están desarrollando estrategias sobre todo a través de las redes sociales, de presentación, divulgación de lo que escriben, y muchas veces lo que si me resulta irritante es que esa divulgación es del sujeto escritor   y no tanto de la obra. La idea del escritor que se presenta a sí mismo como objeto de consumo, eso me interesa poco y me genera cierta incomodidad, vergüenza ajena, y trato en la medida de lo posible de no ir en esa línea.

¿Qué hay de ti en lo que escribes, y qué tratas ocultar de ti en lo escribes?

Nada, no creo ser interesante como tema, Incluso los narradores en los textos que escribo están deliberadamente como un negativo de lo que sería una voz más propia. No creo que se desvele ni que se vele nada de mi en mis textos.

¿Cuál es tu proyecto más inmediato?

Estoy escribiendo una tercera novela. Espero poder terminarla a final de este año, tiene una continuidad temática con las dos anteriores. También estoy trabajando con el territorio de las ciencias en el siglo XX y coqueteando un poco con la ciencia ficción latinoamericana.

¿Cómo te ves en diez años?

No tengo la más remota idea, yo no dejaría de lado de que vivo en Argentina y que es imposible planificar algo de más de tres meses.

Alguna anécdota que se te ocurra con tus comienzos como escritor

Con la publicación de mi primera novela, La comemadre, la escritura me permitió conocer a un conjunto de personas y una cierta escena de la literatura que se me reveló muy distinta a aquella escena de la que yo provenía. Fue una apertura que me ofreció la literatura, poder conocer gente abierta, sensible. La literatura fue una felicidad en el sentido de poder incorporar afectos nuevos a la vida.

¿Le dices algo a nuestros escritores?

Creo que hay que enamorarse y odiar la tarea, y mantener ese compromiso en el tiempo. Cuando uno se identifica con la tarea del escritor también se tiene que pensar como un colectivo de escritores. Esto es algo complejo de pensar para los escritores porque quizás cada uno está en su torrecita de marfil o de cartón pintado. Hay un momento en el cual uno tiene que abandonar ese espacio solipsista, pensarse como parte de un colectivo que trabaja desde la palabra, y espero que en un futuro, los escritores pueden pensarse como un colectivo. Y también puedan pensar en su producción como un medio de vida y no como un placer que se dan mientras trabajan en otra cosa.

Gracias Roque.

 

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