Poetisas que se adelantaron a su tiempo

Poetisas que se adelantaron a su tiempo

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Se conservan textos de las poetisas de al-Ándalus que demuestran que eran mujeres cultas en su mayoría, con afán de libertad, que cantaron al amor sin renunciar al erotismo explícito.

La historia de al-Ándalus ha dejado constancia de los nombres de 34 poetisas. Ninguna de las poetisas de al-Ándalus llegó a publicar su colección de poemas, pero sí hay más de un centenar de composiciones conservadas que demuestran la adelantada posición de estas mujeres en el campo de la literatura con una obra marcada por la libertad, la expresión de la opinión y el sentimiento, una mujer totalmente emancipada en su creación literaria.

Las poetisas de al-Ándalus, mujeres sabias andalusíes eran mujeres que recibían educación en gramática y leían a los autores árabes clásicos. Incluso varias de las poetisas recibieron formación especial para cultivar versos.

Normalmente un familiar se encargaba de su formación, era una educación de padres a hijas, también con casos excepcionales de mujeres que enseñaban poesía a otras mujeres.

Aunque hay un perfil de poetisa correspondiente a la nobleza, también hay otras cantoras humildes, e incluso algunas poetisas esclavas.

Encontramos en las poetisas de al-Ándalus una poesía llena de sinceridad, sensual, menos física y con sentimientos de mucha naturalidad. Los temas principales de los poemas de las poetisas andalusíes eran dos: el erótico-amoroso y el panegírico (alabanza a alguien). Dos de estas poetisas andalusíes que cantaron al amor fueron Wallāda bint al-Mustakfī y Ḥafṣa bint al-Ḥāŷŷ ar-Rakūniyya.

Dentro de las poetisas de al-Ándalus, Wallāda fue hija del califa omeya Muḥammad III al-Mustakfī (1024 – 1025) y vivió en su palacio cordobés donde organizó tertulias literarias en las cuales se reunían los grandes poetas de aquella época.

Nunca llegó a casarse, pero se han conservado nueve poemas, dos de ellos tratan el amor dirigido al también poeta Ibn Zaydūn.

Est es una muestra de su poesía:

Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos?

¡Ay! Los amantes todos de sus penas se quejan.

Paso las horas de la cita en el invierno

sobre las ascuas ardientes del deseo,

y cómo no, si estamos separados.

¡Qué pronto me ha traído mi destino

lo que temía! Mas las noches pasan

y la separación no se termina,

ni la paciencia me libera

de los grilletes de la añoranza.

¡Que Dios riegue la tierra que sea tu morada

con lluvias abundantes y copiosas!

La Casa de los castaños ( Parte II )

La Casa de los castaños ( Parte II )

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El grito proveniente de la planta baja, dejó a los presentes aturdidos.
Fernando Nogueira salió disparado de la habitación, donde yacía el cadáver de su madre y bajó las escaleras tan rápido como pudo.
Abajo donde todo estaba oscuro, le pareció que una silueta se dibujaba justo delante de la puerta que accedía a la cocina.
— ¿Quien anda ahí? preguntó.
Solo oyó una respiración fuerte y entrecortada. Como pudo casi al tacto, llegó hasta el interruptor de la luz. Pero pudo comprobar que no había electricidad.

“Será la tormenta”, pensó.
Con un fuerte temblor en la mano, encendió el mechero que siempre llevaba en el bolsillo de su chaqueta… ¡Era un fumador empedernido!
La llama fue dirigida hacia el lugar, donde había visto la sospechosa silueta, pero allí ya no estaba.
¡¿Cómo era posible que hubiese desaparecido tan rápido?!
Mientras, en la habitación de arriba, nadie osaba salir de allí.
El pánico colectivo se multiplicaba por momentos.
Fernando, con el mechero encendido, intentó volver a subir de nuevo. Al poner el pie en el primer escalón, tropezó con algo que le hizo caer.
Cayó sobre algo blando e iluminó para saber que era aquello.
— ¡No puede ser Dios mío!— gritó.
El cadáver del panadero surgió como de la nada delante de sus ojos, con el rostro todo desfigurado. Lo reconoció por la chaqueta, aunque estaba rasgada al igual que el resto de la ropa.
Parecía que el cuerpo le hubiese sido destrozado a golpes. Incluso le faltaba un trozo de rostro, incluida la oreja izquierda, y el antebrazo de la misma mano, estaba cosido a mordiscos.
— Pero si al bajar no había nada ¿Quién lo puso allí ?— se preguntaba.
— ¡Que alguien baje ya! ¡Tienen que ver esto!
Don Ezequiel, el sacerdote, fue el primero que hizo ademán de salir de la habitación.

— ¿Es que nadie va a bajar señores? —preguntó.
Tres vecinos del pueblo se unieron a la petición y comenzaron a salir de la madriguera. Fue entonces cuando el resto, todas mujeres, comenzaron, agarradas entre ellas, a desfilar peldaño a peldaño. Todas excepto Juana…la hermana de Fernando.
El cura para alumbrarse había tomado prestado, uno de los cuatro grandes velones que acompañaban a la difunta. Cuando llegaron abajo, lo que vieron todos, hizo que Mauricia una de las presentes, cayese redonda de la impresión. Mientras los hombres no fueron capaces de articular palabra, las mujeres gritaban despavoridas…

 

Continuará…

 

Carmen Escribano.

Bajo mi máscara mando yo

Bajo mi máscara mando yo

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Me llamo Aria y soy lo bastante joven como para poder presumir de serlo, pero a la vez mi mente acostumbra a viajar unas cuantas millas más allá que la mayoría de mi alrededor, gente a la que estoy segura que les falta más de un consejo o un abrazo sincero y no tanto mirarse al espejo y aparentar todo el tiempo.

¿Qué porque digo esto? Pues veréis, una acaba sintiéndose no una más, sino una menos cuando el mundo que le rodea no tiene nada que ver con lo que pasa por su cabeza. Tenía claro que no quería ir a esa fiesta, pero luego he pensado que quizás todo aquel esperpento me inspiraba para escribir.

Dicho esto, me pongo un vestido rojo burdeos, me aliso el pelo que ya me llega por la cintura y me ato una máscara que me cubre todo el rostro. El verde de mis ojos brilla en la noche, ojalá fuera Halloween, siempre preferí el honor a los muertos que a los vivos.

La noche pasa tranquila, brindo con mis amigas sin mucho entusiasmo, pero me siento bien, buena música, disfraces graciosos, la prepotente de la clase sin un zapato y de más imágenes que tú mismo puedes imaginar.

No bebo normalmente, aunque quizás una copa me siente bien. Mientras me sirvo alguien me toca el hombro y me susurra algo que no acabo de entender; me agarra fuerte de la cintura y consigue que mi cuerpo quede frente a él. Por un momento, me quedo congelada sin saber muy bien qué hacer, pero luego recuerdo que no se me ve la cara, no obstante, a él tampoco.

Intenta arrastrarme a la pista pero yo me resisto, ¿qué se ha creído? Va borracho y se tambalea cuando le empujo. Nadie nos ve porque todo el mundo está inmerso en su mundo, sin embargo no me da miedo y eso parece descolocarle. Se esperaba a una chica endeble, menos ácida y con una par de copas de más. Sonrío para mis adentros, esta sociedad no dejaba de sorprenderme.

―Bajo mi máscara mando yo― le digo mientras me la quito y le miro a los ojos―, si querías bailar solo tenías que preguntar, pero te diré una cosa, no quiero bailar contigo, ¿comprendes?

Dicho esto, agarro mi copa y me dirijo hacia la puerta de salida. A mí no me da miedo ir sin máscara, a mi no me da miedo decir que no, tú en cambio, cabeza hueca, no eres ni un poco valiente y prefieres abusar de los que crees más débiles cuando aquí yo soy la reina y tu el peón.

Feliz Carnaval, hombre sin rostro.

Entrevista a Antonia J. Corrales, por desafiosliterarios

Entrevista a Antonia J. Corrales, por desafiosliterarios

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Antonia J. Corrales, administrativa y escritora madrileña. Antes de centrarse en la literatura, la autora trabajó en la administración y dirección de empresas, la gestión de revistas (corrección de artículos, tramitación de publicidad) o la contabilidad de administraciones públicas; columnista en periódicos locales, articulista en revistas culturales, entrevistadora en publicaciones científicas, jurado en certámenes literarios y coordinadora radiofónica. Ha sido galardonada con una veintena de premios en certámenes internacionales.  Por si todo esto fuera poco, su obra ha sido traducida al inglés, griego e italiano. Su éxito reside, aparte de en su vocación, persistencia y trabajo incansable, en crear historias cercanas, cotidianas en las que el lector pasa a formar parte por sentirse reflejado en algún momento.

Su primera novela llegó en 2005, Epitafio de un asesino, en la que misterio, suspense e historia se dan la mano para un escalofriante relato de asesinatos en serie con un secreto que se remonta a tiempos del monarca Felipe II. Tras esta, ha publicado La décima clave (2008), La levedad del ser (2012), , As de corazones (2013) o Mujeres de agua, continuación de su tercera novela En un rincón del alma (2012) con la que irrumpió en el mundo editorial con una gran fuerza. Fue todo un fenómeno de aceptación femenina a través de las reflexiones de la protagonista, tanto  que hay quien asegura que cambió su vida y le hizo reflexionar  sobre el sentido de la misma. Llegó a alcanzar los primeros puestos entre los libros más vendidos en España, unas 200.000 copias actualmente. Con él se abrió el camino para continuar con sus Mujeres de agua (2016), denominación que han adoptado sus fieles y leales lectoras.

Acaba de lanzar Una bruja sin escoba (2018), primera parte de una trilogía que promete ser un gran éxito, dada la aceptación que, nada más ver la luz, está teniendo. Mujer entrañable, cercana y sencilla que da a su público en el alma que vierte en su obra, tiene la gran suerte desde hace seis años de estar viviendo el sueño de muchos escritores, vivir de ello y dedicarle su tiempo y su profesionalidad en exclusiva al noble arte de crear historias. Con la amabilidad que la caracteriza, ha accedido a concedernos esta entrevista con la que nos acercaremos más  a ella y a su obra. Muchas gracias, Antonia, por hacer disfrutar a tus lectores también de esta manera.

 

¿Cuándo, cómo y por qué empezaste a escribir?

En 1989. Me puse directamente con una novela: En un rincón del alma que, curiosamente, no fue la primera que se publicó, sino la tercera. Siempre quise escribir, desde muy pequeña. Mi profesora de Lengua en la EGB, que era monja, me enseñó a amar la literatura. Ella y otra religiosa de la orden María Auxiliadora. Esta última era la madre superiora, solía decirme que debía estudiar periodismo porque era muy buena redactando crónicas y relatos. Pero mi familia era de clase obrera. Estudiar una carrera antes, como desgraciadamente está pasando ahora, era un sueño roto para muchos. Nunca las olvidaré. En mi obra La décima clave hay un personaje dedicado a ella: sor Laudelina. Ese era su nombre real, el mismo que utilizo en la novela. Y era como el personaje, inteligente, discreta, culta y de poca estatura. Incluso uno de los escenarios, un árbol con un hueco en su tronco que albergaba, como si fuese una hornacina, una virgen, existía en mi colegio y allí, solíamos ensayar los textos para los teatros en los que yo siempre tenía un papel. Creo que mi destino era escribir, escribir para que me leyesen y comencé a hacerlo cuando sentí que había llegado el momento.

¿Te documentas en la lectura, en viajes, escuchando historias de la vida real o simplemente recoges los datos que te dicta tu fértil imaginación?

De todo un poco. Los escritores estamos hechos de retazos de nuestras vidas y de las de los demás. Me gusta escuchar, ver, sentir y todo eso, cuando comienza a formar parte de mí pasa a formar parte de mis obras. Siempre digo que los escritores igual que los fotógrafos o los pintores hacemos instantáneas de la vida. También me documento, por supuesto.   

¿Piensas que los escritores están hechos de una pasta especial? ¿Nacen o se hacen?

No lo sé, creo que esa pregunta deben contestarla los lectores. Yo me veo igual que el resto de personas. El escritor, si hablamos en términos literales se puede hacer. Si profundizamos y nos vamos a otros planos, creo que nacen. Por ponerte un ejemplo en otro ámbito: Hay cientos o miles de personas que cantan bien e incluso muy bien, pero pocas que tengan ese duende que las distingue del resto y la mayoría no han dado ni tan siquiera clases de canto. No sé si lo he explicado bien. Espero que sí   

Muchos personajes cobran vida y deciden su propio camino ¿has establecido algún pulso alguna vez en ese sentido?

Muchos. Es tal la magia que a veces se crea en la historia que en muchas ocasiones he pensado que la historia que estoy escribiendo existe en algún lugar del mundo o del tiempo: en esta o en otra realidad 

¿Qué es exactamente lo que te hizo querer comunicarte escribiendo?

En realidad no quería comunicarme, sino comunicar. Sentía la necesidad de escribir, pero no solo para contar una historia, sino para hacer que los lectores sintieran con ella. Que se vieran reflejados en las escenas, en los sentimientos, en los deseos… de los personajes. Quería que mis novelas fueran un acicate para sus vidas. Sigo queriendo que así sea en todas ellas. Incluso en los textos cortos que cuelgo de vez en vez en las redes sociales intento darles esa magia tan necesaria para sobrevivir en una sociedad que parece haber perdido muchos valores. Es un privilegio que un lector te diga que tu texto parece escrito para él, que le ha cambiado la forma de ver la vida, que le ha hecho sonreír… Eso, ¡no tiene precio!   

¿Escribes todos los días? ¿Eres disciplinada en ese sentido?

Que va, soy muy impulsiva y anárquica.  Sólo llevo una regularidad cuando la trama ya está asentada. En ese momento escribo todos los días, incluso me paso en las horas que le dedico. 

¿Tienes algún tema tabú sobre el que jamás escribirías?

Sí, sobre los abusos a menores. ¡No puedo con ello! Soy incapaz hasta de leer obras que los incluyan. Es algo que me supera.

¿Qué es lo qué menos te gusta del mundo del escritor?

La piratería y la falta de apoyo que tenemos. Siempre que se habla de piratería se menciona la música, el cine y la literatura queda en un limbo. Y está haciendo mucho daño a la creación. Parece que nadie se da cuenta que de un libro vive hasta el transportista de la editorial. Y aún es más perjudicial para los autores independientes, que están solos con todo a sus espaldas. Somos los parias del mundo de la creación. Para un mísero euro con treinta céntimos que cobramos por ejemplar vendido, nos lo roban y, encima, las páginas que los piratean cobran por sus anuncios y cada bajada ilegal. Sí protestamos nos recriminan. Utilizan la típica y demagógica escusa de que la cultura debe ser gratuita. O sea que los escritores, para los piratas, no comemos, no pagamos luz, ni agua, ni los colegios de nuestros hijos, ni vamos al médico o al carísimo odontólogo… Por eso ellos viven de nuestras obras. No es irónico, es una vergüenza.     

¿Qué obstáculos encontraste en el mundo editorial cuando te decidiste a publicar?

Los que todo escritor que no tiene padrino, ni nombre, ni es un personaje público con una plataforma que le dé repercusión pública. Es difícil lograr que tu obra se lea. Ese es el primer paso, el más difícil y el más importante porque no eres nadie y las editoriales son un negocio. Es algo que no hay que olvidar. Es arduo conseguir que crean en tu obra y en ti.

De pequeña soñabas con ser…

Quería ser madre, luego escritora. Siempre tuve claro esas dos cosas.

¿Has buscado alguna vez un lugar ideal para escribir dejando volar tu imaginación? ¿Lo encontraste?

No. Escribo en el mismo lugar dónde empecé a hacerlo, solo que con otra mesa, una silla más adecuada y un ordenador que ya no se bloquea tanto como el antiquísimo que tenía entonces.

Seguro que empleas algún recurso para luchar contra el mal de la página en blanco, ¿lo desvelarías?

Sí, me levanto, cierro el ordenador y me pongo a ordenar los armarios, a cocinar…, cualquier cosa que sea trabajo físico. Cuando me he desintoxicado del atasco literario, vuelvo al teclado. Considero la página en blanco como un descuadre contable, cuanto más sumes o restes los números será peor. Debes abandonar un rato, relajarte, despejar la mente para encontrar el error. En este caso ese hilo que te conducirá a retomar la historia o a crear una nueva. No soy partidaria de forzar. La creación es arte y el arte no se puede imponer o encorsetar porque dejaría de serlo.   

¿Cuál es la obra de la que te sientes más orgullosa?

No tengo una preferida. Todas tienen su aquel, su magia, su intriga, sus personajes. En todas he puesto, o así lo creo, lo  mejor de mí.

¿Tienes una obra clásica preferida? ¿cuál es?

Sí, Cien años de soledad.

Anda, cuéntanos si tienes algún talismán a tu lado mientras escribes (guardaremos el secreto)

Pues aunque no lo creas no lo tengo. Mi talismán en la vida es un paraguas rojo, el paraguas rojo de Jimena, la protagonista de En un rincón del alma. El paraguas rojo de Mujeres de agua. El mismo que tienen mis lectoras, mis mujeres de agua.

¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir?

No. Solo necesito tener todo organizado. Las horas que dedico a escribir tienen que estar exentas de obligaciones. Me siento, conecto la música, me pongo mis cascos y, como dice una de mis hijas: entro en Matrix, en una realidad paralela 

Como lectora insaciable, ¿te marcó algún personaje que ha perdurado en tu recuerdo?

Muchos: El principito, Melquiades, Juan Salvador gaviota, el pescador de El viejo y el mar…

¿Crees que escribir como profesión enriquece el mundo interior del autor?

Creo que la literatura, el cine, la música, la pintura, la fotografía, todas y cada una de las artes nos enriquecen. Pero, sobre todo, el mundo interior lo enriquece la empatía con los demás y escuchar, una costumbre que se está perdiendo. 

¿Has escrito poesía? Si es así, cuéntanos tu experiencia con respecto al proceso creativo.

Es un género al que tengo mucho respeto. No lo domino, pero sí, tengo varíos poemas. Mi experiencia es corta, tanto que no puedo contarte nada relevante sobre ello.

¿Qué opinas del momento literario actual?

Pues que está en pleno cambio. Es una pregunta para una ponencia ;) Creo que es bueno, sobre todo porque la auto publicación ha dado paso a muchos autores que antes no habrían llegado al público y se habrían perdido obras muy buenas. Estamos en pleno proceso de cambio. Para mí los cambios, la transformación, son necesarios aunque muchos se muestren recelosos y  tengan miedo.   

A nivel personal, ¿qué opina tu entorno de tu faceta de escritora?

Están encantados. Les gusta lo que hago y me apoyan incondicionalmente.  

Sin necesidad de que te desnudes, ¿hay algo de autobiógrafico en tus obras?

No.

¿A cuántos idiomas se ha traducido tu obra? ¿Cómo te sientes con respecto a esto?

Inglés, griego e italiano. Orgullosa, por supuesto.

Sabemos que tu proyecto actual es una trilogía. ¿Qué puedes contarnos sobre ella?

Así es. Historia de una bruja contemporánea. La primera parte : Una bruja sin escoba, se editó el 5 de junio y está recibiendo muy buena acogida por parte de los lectores y de la crítica. La segunda está ya en manos de la editorial y no creo que tarde mucho en ser editada. Es una historia diferente que mezcla la realidad mágica con la intriga y con la realidad cotidiana. Sus personajes son muy peculiares y humanos. Está ambientada en la actualidad, tanto que podría estar ocurriendo ahora mismo. La historia crece a medida que avanza. Lo hace tanto en la vida de los personajes como en el misterio que la envuelve. Sus personajes son tan humanos como mágicos. Son tan parecidos a todos nosotros y al tiempo tan peculiares que mis lectores están entusiasmados. Están ya pidiéndome la segunda entrega de la trilogía. No saben lo que les espera ;) porque la segunda entrega es infinitamente mejor que la primera y así será también en la tercera parte.  Es una historia tan mágica como real y muchos de sus escenarios después de leer la obra, ya no serán iguales para ellos. Doy fe de que así será.

¿Conoces desafiosliterarios.com? ¿qué opinas?

Es una página muy completa. Me gustan mucho los artículos, los textos, los talleres, los recursos para escritores y la información que dais. Por supuesto también las entrevistas. La maquetación me parece muy buena. Es algo muy importante en este medio y Desafíos Literarios lo cumple con creces. Creo que es una página de interés cultural y social tanto para escritores como para lectores. Para mí es un honor estar en ella, que me hayáis entrevistado. Muchísimas gracias!  

¡Gracias a ti sin duda, Antonia!

 

«Ni machismo ni feminismo, igualdad», decían

«Ni machismo ni feminismo, igualdad», decían

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Tras mucho debatir conmigo misma por las esquinas, después de discrepar con mis propios pensamientos –esos que nos han inculcado a todos desde la cuna– puedo decir con toda rotundidad una cosa: soy machista. ¿Qué otra cosa podría ser si me han educado en una sociedad patriarcal?

Quizá todo comience en ese momento en el que nos visten con el primer traje. Si llevo un vestido y es rosa, soy una niña; si visto pantalones y un jersey de punto azul, soy un niño… Esto está muy claro; es más, en muchas ocasiones nos ha pasado: hemos visto a un bebé y nos hemos dejado guiar por el color de la ropa para despejar la incógnita del sexo. El problema es que el sexo no es complementario, no se es hombre o mujer. Hay más posibilidades. Cada persona es un mundo y, por ende, sus gustos serán diferentes. Quizá esto sea demasiado subjetivo, es más, yo misma no recuerdo cuál fue mi primer traje; sin embargo, creo que todos recordamos cómo nos llamaban de pequeños. Ese apelativo cariñoso con un trasfondo de lo más machista. Un niño siempre es un campeón y una niña, una princesa. Siempre. Y esto, desde que nacemos. Aún nos resulta raro leer ciertos estudios sociológicos que a menudo inundan las páginas de los periódicos. Sin ir más lejos, el otro día leí uno que me dejó confusa y me avergonzó como miembro de esta sociedad. Una niña, con seis años, ya se siente inferior física e intelectualmente con respecto a su compañero de clase. ¿Y la causa?
Podríamos remontarnos muchos años atrás. Podríamos hablar de Aristóteles o de Isidoro y decir que el cuerpo de una mujer es “enfermo por naturaleza” y que “a causa de su debilidad térmica, envejece más rápido”. La desgracia de la vejez solo le ocurre a la mujer; de hecho, es una desgracia tan desmedida que se convirtió en tópico e inunda nuestra literatura: “coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto, antes que el tiempo airado / cubra de nieve la hermosa cumbre”, “Goza labios y lengua, machácate de gusto / con quien se deje y no permitas que el otoño / te pille con la piel reseca y sin un hombre”. En el primer ejemplo, Garcilaso nos recuerda que a cierta edad peinaremos canas, que tenemos que coger el “fruto” antes de llegar a tal extremo. Ha de ser horrible que el blanco nos inunde, quizá ese día ya no seremos suficientemente válidas –ante los ojos de un hombre, claro; siempre nos tenemos que validar en su mirada–. El segundo ejemplo es más duro. Por favor, cuídense de llegar a la vejez con la piel deshidratada, y mucho menos, sin un hombre al lado. Si lo hacen, habrán fracasado como mujeres.
Me gustaría decir que son ejemplos aislados de la literatura, pero, sin duda, hay muchos más. Goethe dice que “al envejecer, el hombre construye su rostro y la mujer lo destruye”, el hombre siempre tiene más poder que la mujer y, si no, piensen en Margarita y Fausto. La mujer siempre ha tenido que acarrear con un mayor peso en todo lo que concierne a la hacienda, mientras que el hombre es feliz “experimentando”. Como es sabido, “el odio violento es la manera más pacífica que tiene de expresar su amor un marido, un amante, un enamorado”, y no lo digo, lo expresa Umbral, que a imaginación y desfachatez no le gana nadie. Y como último ejemplo, para acotar la lista de algún modo, mi favorito: “las mujeres están para ser gustadas. Después, unas se dejan, otras no… esto ya va por provincias”, es decir, las mujeres somos objeto de consumo y estamos divididas en dos clases: las que se dejan (unas frescas) y las que no se dejan (unas frígidas). Si “te dejas”, les encanta en el momento, pero al rato, comienzan a pensar que eres una fulana (y eso en el mejor de los casos). Si no lo haces, insisten, y da igual que digas “NO”, porque, como todos sabemos, cuando una mujer dice “no”, en realidad, está diciendo que sí. Obviamente, esta última perla es de Cela, y como todos sabemos, hay frases suyas que pican y otras que no, como los pimientos de su tierra.
Sin embargo, de la cita me llama la atención “esto ya va por provincias”. Es decir, no se comporta igual una mujer de Cáceres que una mujer de Toledo o Alicante. Esta última está destinada a ser la belleza del Fuego o, como poco, a ser dama de honor. Se coloca una mantilla blanca y ya está, se convierte por arte de birlibirloque en novia alicantina para exhibirse delante de la mirada masculina de la ciudad y dejar claro que “oye, estoy soltera”. En Cáceres, la mujer no se muestra tanto, es el hombre el que intenta ligar haciendo alarde de su condición de “conquistador”, ya que, como decía Luis Chamizo, son “los nietos de aquellos machos / que triunfaron en América”. Cuando la mujer dice que sí, el asunto termina en boda; pero si la mujer dice que no, el hombre se aferra a la “Jota de la Uva” y le contesta: “eres alta y buena moza, no te lo presumas tanto que también las buenas mozas se quedan para vestir santos”.
Todos estos pensamientos, de alguna manera, calan en nuestro lenguaje, y lo que es peor, en nosotras mismas. Nos lo hemos creído. Lo hemos creído siempre. Nuestro futuro se redujo a dos opciones: esposa o monja. No podíamos gobernar, nosotras solo paríamos y amábamos. No éramos autónomas, estábamos destinadas a ser un objeto en manos de un hombre. “Hija de…”, “hermana de…”, “esposa de…”. Solo hay que ver cómo presentaban a las mujeres en sociedad: “el señor González y señora”, por ejemplo. No sabemos cómo empezó todo, quizá venga del Génesis o, peor, de las Metamorfosis, de Ovidio. Han conseguido arrebatarnos de la historia, de la literatura y lo hemos consentido. Hemos pasado por la educación secundaria sin un solo referente, bueno, quizá esto no sea del todo cierto, hay quien ha tenido la inmensa suerte de encontrarse con alguna profesora que se ha atrevido a hablar de la grandeza de Curie o de los avances de Margarita Salas. Con catorce años llegamos a soñar con la vida de esas científicas y, en algún momento, quisimos ser esa química o esa bioquímica, pudimos apreciar que había mujeres importantes, autónomas y muy inteligentes, lo conseguimos gracias a esas profesoras que se salieron del canon para mostrarnos que existíamos, y seguimos recordándolas con una sonrisa.
Esto lo ha conseguido el feminismo, la igualdad entre mujeres y hombres –hay quien todavía no sabe lo que es– y si esto se estudiase en los colegios e institutos todo sería diferente. Esta lucha llegó a mí un día por casualidad y aún me emociono al recordarlo. Cada día soy un poco menos machista y me entusiasmo al saberlo, me he rodeado siempre de mujeres libres y trabajadoras, de amigas que han abierto los ojos y saben que son las dueñas de su cuerpo y que, pase lo que pase, las mujeres siempre estaremos ahí para apoyarnos y para abrazarnos cuando cualquiera lo necesite. Somos conscientes de que somos muchas y que, de vez en cuando, se unen más compañeros a esta lucha necesaria. Otros tienen miedo porque piensan que vamos a hacer con ellos lo mismo que ellos hicieron con nosotras; sin embargo, aún no han caído en la cuenta de que el machismo ha matado muchas veces y el feminismo ni una sola.

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