City

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City

Esta ciudad,
podría ser una noche,
osamenta de árbol
obligada al olvido.
Ser jauría,
perros erectos en la tristeza,
caídos detrás del alma.

Hoy, es la última duda,
un puñado de juguetes en agonía,
luces desmemoriadas
donde los pájaros se inmolan.

Podría ser un bosque de vértigo en los labios,
la insurrección de las manos,
el conjuro de minotauros dormidos.
Ayer, fue sólo lluvia
sobre despedida y escombros.

Cualquier edificio es
una contradicción del tiempo.

Esta ciudad,
que cruzo siempre inconsciente,
sólo es un destello inhabitable.

Jueves, 15 de noviembre, 2018.
San José.

Città

Questa città Potrebbe essere una notte, scheletro dell’albero obbligato all’oblio. Sii un pacco, i cani eretti nella tristezza, caduto dietro l’anima. Oggi è l’ultimo dubbio, una manciata di giocattoli in agonia, luci smemorate dove gli uccelli si immolano. Potrebbe essere una foresta di vertigini sulle labbra, l’insurrezione delle mani, l’incantesimo dei minotauri addormentati. Ieri era solo pioggia su addio e detriti. Qualsiasi edificio è una contraddizione del tempo. Questa città che attraverso sempre l’inconscio, è solo un flash inabitabile. Giovedì 15 novembre 2018 San José.

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El amor de mi vida.

El amor de mi vida.

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Eran cerca de las doce de aquel soleado día, alrededor de ella una multitud, sin embargo, Ella estaba completamente sola, en sus manos portaba un rosario con aroma a rosas. Mientras el féretro bajaba a su destino final, a su mente venían mil recuerdos e imágenes. Era tan claro aquel momento de su primer encuentro, recordaba perfectamente el timbre de su voz aunque no el color de sus ojos, que ironía de la vida y pensar que amaba tanto esos ojos, en los que se vio reflejada tantas noches y tantas alboradas, eran los ojos con ese brillo especial los que le robaron el alma.

No, no todo fue inmediato, pasaron varios meses antes de que se encontraran. no noto el paso del tiempo hasta que la casualidad les hizo coincidir de nuevo, de pronto un mensaje, a este le siguió otro y otro, a ese una llamada telefónica seguida do otras tantas que se volvieron charlas interminables hasta terminar en un café. Descubrieron tantas similitudes entre ellos, cuanto de ella misma veía reflejado en su actitud, ansiaba aprender de él, cada tarde tanto como pudiera, su afición por los aviones ,el cine, sus películas favoritas, la música, el fútbol americano .- brutalidad en toda la extensión de la palabra.- la música rock que ella no comprendía y sin embargo le comenzaba a encantar, amaba tanto salir de la rutina que de la nada, proponía una salida a la montaña para descansar.
Recordaba como si el tiempo no hubiese pasado. Todo fue tan sencillo, el comenzar a amar el movimiento de sus manos, su forma suave de tratarle, El timbre áspero de su voz, todas sus locuras. era eterno esperar esas tardes furtivas donde se refugiaban lejos del ruido y del mundo, ser solo para ellos mismos, para amarse y entregarse completos,.- cuanto le llego a amar.
Ese amor que prometen los poetas y dicen las abuelas, los de los cuentos de hadas con troles y lunas llenas, con peleas de almohadas y apasionadas reconciliaciones, un amor sin igual sin ataduras ni barreras, desaprobados por muchos y una locura para otros, pero, al fin era su amor y solo de ellos.
¡Fue tanto lo que le entrego!, la hizo parte de su vida, eran dos vagabundos que buscaban algo sin saber lo que querían encontrar, ante todos eran los mejores amigos del mundo de esos que se entendían con miradas y gestos, que compartían su gusto por los atardeceres y las noches al aire libre observando las estrellas, se contaban los problemas que tenían y reían todo el tiempo imaginando mil historias juntos.
Venia e su mente los momentos difíciles que había pasado al lado del hombre que a punto estuvo de destrozarla con sus actitudes y como, a su llegada todo cambio en su panorama. Como le infundía el valor para enfrentarse cara a cara, con cuanta sabiduría la guio para sacarla del infierno en que vivía.
Poco a poco, sin tocarla siquiera la fue haciendo suya, como pensaba en el a cada momento del día, todo llegaba a recordárselo. El cielo azul, los atardeceres de otoño, la llovizna fresca y su propia soledad en las noches largas de ausencia.

Definitivamente la vida le había retribuido con creces tanto dolor de antaño, le enseño a ver la vida con mil matices y contemplar lo bello de los paisajes, que no estaba sola que era para él, la parte más hermosa de su historia.
La que no se cuenta, esa que se lleva tatuada a sangre y fuego a prueba de cualquier vendaval, ella , era la parte más tierna de su historia, su amiga, su refugio tras las tormentas, esa parte que no se dice y menos se toca.
¿Cuantas veces le recordó que era su abril en pleno noviembre?
Y, a pesar del tiempo y la distancia siempre volvía a ella, a la tibieza de sus brazos, no importaba nada más que amarla.
Si definitivamente, el, le mostro que la vida era bella.
Con esa mirada tierna de niño desvalido y sus mil travesuras, aun recordaba nítidamente esa tarde cuando la cito en aquel café y como lo espero por horas sin que llegara, más triste que molesta regreso a su casa y al llegar encontró el más hermoso ramo de claveles que hubiese visto en su vida y junto a este, mil sonrisas esperando su llegada y el, tras de todos esperándole con los brazos abiertos. ¡Fue su primer festejo de cumpleaños! Y a este le siguieron muchos más junto a san valentines y tardes furtivas.
Le dio el brillo a su mirada y la sonrisa a sus labios, junto a él era sensual y atrevida se volvía ninfa de los bosques, por él, escribió mil poemas y quiso tocar de nuevo las estrellas, se sentía única e infinita y todos notaban que de un tiempo a la fecha, ya no le temía a soñar, las alturas no le aterraban más.
Con el aprendió a ser libre y a vivir sin ataduras, nada importaba vivir separados si compartían parte de su historia, si eran una sola vida llena de momentos hermosos.
No pudo estar con él durante sus momentos difíciles, ni curar sus enfermedades. Eso era cierto, pero, jamás fue impedimento para ser su bálsamo confortador, para entregarle sus caricias y sus amaneceres.
Fue su amiga y confidente, La que se entrega sin condiciones ni exigencias, ella sabía que al final la vida le había entregado un tesoro invaluable entre sus brazos. La alegría ante tantos fracasos.
Ahora estaba ahí, sola recordando cada momento junto a el, agradeciendo a la vida el haber encontrado en él lo que no sabía que necesitaba.
Una sonrisa se dibujó entonces en sus labios entre tanta lagrima derramada y supo entonces que había encontrado el amor en esta vida.
Y, mientras el féretro era cubierto con la tierra del camposanto, Él pensó en su sonrisa, el brillo sus ojos cuando le veía, sus labios, en cada beso que le prodigaban, en su cabello esparcido tras hacer el amor en su almohada, su aroma a claveles que tanto le gustaba. Y ahí entre el cielo azul y la tierra húmeda, deposito un clavel blanco mientras en silencio y mirando hacia el cielo le decía: espérame cariño, amor de mi vida, que pronto estaré contigo.

Claudia Santillán Velázquez.

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El paso

El paso

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Pasa cada día por delante de mí, ante mi mirada absorta que quisiera mantenerlo inmóvil, a mi lado, sin que, no obstante, pueda hacer nada por retenerlo. Todos mis esfuerzos han sido en vano, todas mis intenciones, todo el empeño dedicado para intentar detenerlo no han sido capaces de impedir que siga su avance sin tregua.

Quisiera poder declarar un armisticio en esta guerra enloquecida que mantengo con él, sentarme a su lado, comprender su silencio, descifrar el secreto que con tanto celo guarda, para llegar algún día a firmar una declaración de paz entre los dos. Sin embargo, él nunca se detiene, como si no tuviera el más mínimo interés en averiguar aquello de lo que sería capaz si en algún momento llegara a ponerse de mi parte.

Él solo continúa su paso, libre, y llega lejos, muy lejos. Mientras, mi mirada incrédula y estéril ve cómo transcurren los minutos, las horas, los días, los años, los lustros incluso, sin que haya logrado ni el más mísero avance desde mi insignificante y desvalido punto de partida.

Aun así, nunca he cejado en mi empeño. He librado con fragor una batalla que, en mi indudable inocencia, desconocía que ya estaba de antemano perdida. Ahora que el agotamiento ha ganado el pulso a los sudores vertidos por mi frente, creo que ha llegado el momento de dar por perdida esta contienda a todas luces falta de sentido.

Hincaré una rodilla en el polvo del camino recorrido y, a pesar de mis denuedos, izaré a un lugar bien alto la bandera blanca de mi rendición y la haré ondear al viento. Nunca, jamás, debí luchar contra el paso del tiempo.

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El aviso (Primera parte)

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Nací una mañana fría de marzo en el Hospital de La Paz de Madrid. Corría el año 1972.

Mi madre había pasado la noche en vela, entre contracciones y dolores, pudo darse una ducha, dejar a sus dos hijas mayores con la vecina y esperar a mi padre a que viniese del trabajo. Cuando él llego, ella ya estaba en la puerta esperándolo con la maleta preparada.

El parto fue rápido ya que el traqueteo de camino al hospital facilitó las cosas. Fue llegar y a mi padre casi no le dio tiempo a rellenar los papeles del ingreso.

Pesé 3,500 kilogramos y medí 50 centímetros, un niño muy bien agraciado, como dijo mi abuela. El nombre, el de mi abuelo, Antonio.

En el colegio fui un niño con mucho talento, ya que me gustaba mucho el baile y en cada oportunidad que se me presentaba yo lo demostraba.

Años más tarde, durante la oleada de “huelgas estudiantiles” más reciente de la España democrática, fue mi época más rebelde. Me rebelaba contra el sistema, los padres, y los profesores. Éramos unos cuantos y nos sentíamos los reyes de la manada. Pero esa satisfacción duró solo hasta el día de las notas: Estudiar en septiembre y repetir el año que viene.

El resto de los años fue un visto y no visto. Se me pasaron volando, los estudios, mi primera borrachera, mi primer pitillo, la banda de música de la ciudad, los amigos… (Que aún hoy en día los conservo como un tesoro)

La música siempre me atrajo. A los 5 me regalaron mi primera guitarra, a los 10 entré en el conservatorio, a los dieciséis en la banda de música de mi ciudad. Fue allí cuando mi mundo cambió por completo…

Sucedió en las fiestas del patrón. Nos tocaba actuar en la plaza del ayuntamiento. A medio concierto, hicimos un descanso. Cuando empezamos de nuevo, me percaté de un ruido. Una chica había tropezado con una silla para poder sentarse con su abuelo.

Yo seguí a lo mío, ya que dentro de poco me tocaba hacer un solo a mí. Pero a los pocos minutos después, me di cuenta que unos ojos me miraban y al buscarlos me fijé que era la chica de antes. Y fue ahí donde me fije en la belleza que me estaba observando. Morena, nariz respingona, cabello largo, negro y suelto cayéndose por los hombros y unos ojos azules tan penetrantes como el mar.

Al acabar y una vez recogido todo, me encaminé hacia la zona de vinos para encontrarme con mis amigos. Una vez allí, en el bar, me dirigí al lugar donde estaba la pandilla y delante de nosotros estaba ella. ¡No me lo podía creer!

La seguí durante toda la noche, hasta que de repente, antes de irse me di cuenta que conocía a Carla, una chica de la pandilla. Cuando terminaron de despedirse cogí a mi amiga del brazo y le pedí por favor que me la presentase ya que me había fijado en ella en el concierto y que no le había quitado ojo durante toda la noche.

  • – Carla, ¿me puedes presentar mañana a la chica con la que estabas hablando ahora?
  • – ¿Quién? ¿Sonia? Sí es la hermana de Carlos el del Gottam. La conoces perfectamente.
  • – No puede ser, Sonia es rubia, y yo me refiero a una chica morena, nariz respingona, ojos azules….- Carla se quedó mirándome incrédula.
  • – Antonio, yo no conozco a nadie así, no sé a quién te refieres…

Confundido, me despedí de los amigos y me fui a casa. Al día siguiente tenía que madrugar que tocaba en Getafe por las fiestas de la patrona.

Una vez en la cama, no conseguí pegar ojo. Una y otra vez me venía a la cabeza la imagen de esa mujer.

A la mañana siguiente, mientras viajaba con la banda, tenía la ilusión de volvérmela a encontrar. La busqué durante todo el día pero allí no estaba. Más tarde, fuimos a cenar y tomar alguna copa antes de volver al hotel para dormir.

Al estar en el bar, decidí pasármelo bien y olvidarme de una chica que quizás no volviese a ver otra vez. Y así fue, junto con mis compañeros disfrute toda la noche y conocimos nuevas amigas que nos dejaron un buen recuerdo de aquella noche.

Acabada la juerga, nos fuimos al hotel para descansar, pero una vez más yo no pude pegar ojo, porque una y otra vez venía a mi mente sus ojos.

Pasó el tiempo y resignado por no volverla a ver, empecé poco a poco a olvidarme de ella. Pero jamás me olvidaría de aquellos ojos azules.

Un día cuando estaba paseando por el barrio de la latina junto con mi prometida Ana, se nos acercó una señora mayor encorvada, con ropa harapienta y con un pañuelo en la cabeza y preguntándonos si teníamos algo de dinero para darle de comer. Nosotros le dimos un par de euros para que se comprase al menos un bocadillo. Cuando se lo iba a dar en la mano, tropezó cayendo en el suelo.

Rápidamente me agaché para ayudarla a levantar y ella se sujetó fuertemente de mi brazo e incorporándose clavó sus ojos en los míos, diciendo en un susurro:

  • -Gracias, Antonio. Cómo has crecido, no digas nada. Ya volveremos a vernos dentro de poco. Tenemos que hablar.

La llevé hacía un banco y cuando me aseguré de que la mujer estaba bien, Ana y yo seguimos paseando.

Durante el paseo, le di vueltas a la razón por la que la señora me conocía. Había algo en mi interior que decía que esa mirada la había visto en otro lugar. Por la noche estando en mi cama, intentando dormir, le di vueltas a lo que me sucedió y caí en la cuenta de que esos ojos eran los que me habían acompañado durante todo este tiempo. Pertenecían a aquella mujer. ¿Pero cómo es posible que haya envejecido tanto en tan poco tiempo? ¿Cuándo nos volveríamos a ver? Me quedé toda la noche intrigado en saber lo que esa mujer me tenía que contar….

 

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Anhelos

Anhelos

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Deshabitamos nuestro mundo interior, porque tenemos la certeza de que nuestra existencia, está fuera de él.
Nos asomamos por una ventana, que nos muestra una sociedad gastada e incómoda.
Dejamos que el viaje prosiga, en la incertidumbre de no saber fecha de caducidad.
Habitantes de un mundo proyectado en logros personales que nos satisfagan, y como no …que llenen nuestro depósito con dinero . Ese dios, que nos hace bailar al ritmo que marca.
Somos como máquinas construidas para manejar materia! Lo que vemos, tocamos, tenemos, es lo nos demuestra la subjetiva realidad …” Estamos vivos”.
Cómo ellas, estamos preparados para seguir rutinas, sin tiempo para objetivar, que es lo que hacemos en este planeta.
Quién sale del control de la congregación, es deshechado por defecto biológico….” No cumple las reglas”.
Pero a diferencia de ellas ,poseemos un interior donde los cables son suplidos, por una riqueza etérea, inconsistente, pero llena de misterios.
Es el viaje a nuestra esencia más pura! donde la realidad se desnuda. La mentira queda fuera de juego, y encontrarnos ,es un laberinto indulgente!
Es ahí, donde cada universo tiene su propia estrella, su luna. Es ahí, donde órbita lo que todos anhelamos….paz !

Carmen Escribano.

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