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“My life my love would be the same
As I could be the one for you
In the meeting of your love
In the meeting of your love”

Jon Anderson

Ahí estaba yo, a algunos metros por debajo del suelo, en la estación de los Dos Caminos esperando la llegada de ella. Mientras esperaba noté que no habíamos acordado de cual lado de la estación nos encontraríamos -me dio un vuelco el corazón-, empecé a ver a cada pasajero que subía desde el andén del metro para ver si la veía y poder avisarle que estaba de este lado. Después noté que la salida del oeste estaba cerrada ya que era fin de semana, entonces el encuentro sería inevitable -el corazón empezó a latir normal-.

De vernos todos los días en la universidad, habíamos pasado a no vernos en lo absoluto. Era la temporada de vacaciones universitarias y ella se fue a su pasantía en la refinería de Amuay. Yo me quedé en Caracas haciendo trabajos a destajo. 550 km de tierra nos separaba y aún cuando hablábamos por teléfono fijo -ya que por aquella época no existían los teléfonos móviles-, no era lo mismo, pero algo era.

Por el sentido del aire desplazado dentro de la estación sabía que el tren que acababa de entrar venía de oeste a este o de este a oeste. Ella venía en un tren que venía desde el este. Eso me hacía descartar la mitad de los trenes que llegaban a la estación. La espera había sido de pocos minutos, pero para mí se estaba haciendo eterna.

Un tren entró en la estación. Venía desde el este. Miré con atención a los pasajeros que subían por las escaleras mecánicas y entre un grupo de ellos la vi. Venía con una blusa verde y unos jeans azules, el pelo suelto, sin maquillaje. ¡Qué bien que le quedaba aquella blusa verde! Mi corazón haciendo bum bum aceleradamente. Empecé a hacerle señas, ella me vio y sonrió.

Nos saludamos con emoción, aún éramos amigos solamente… un beso en la mejilla, un abrazo… las preguntas de siempre: ¿Qué tal el viaje? ¿Cómo has estado? El amor estaba ahí y sin embargo, ninguno de los dos daba el paso hacia adelante. Mi corazón haciendo bum bum ¿y el de ella también estará sonando bum bum?

El plan era ir al cine Trébol para ver la película “Gringo viejo” basada en el libro homónimo de Carlos Fuentes, con Jane Fonda y Gregory Peck. El cine quedaba al lado de la estación del metro y estaba en el último nivel de aquel centro comercial que ahora fue sustituido por el centro comercial Millenium. Fuimos subiendo los tres niveles que tenía el centro comercial entre la charla y las risas y, aún cuando íbamos avanzando muy lento, llegamos demasiado rápido a nuestro destino. Después del cine fuimos a comernos unas pizzas en un local minúsculo que quedaba en el primer nivel de aquel centro comercial. Eran unas pizzas muy económicas, lo cual se ajustaba perfectamente a nuestro presupuesto estudiantil y además tenía unas mesitas en donde sentarse a conversar, y entre charla y risas se acabaron las pizzas.

La hora de la despedida se hacía eminente. Otro beso en la mejilla y el bum bum de mi corazón de nuevo… ¡ah, ese indiscreto! La vi alejarse en la estación del metro con aquella blusa verde que le quedaba tan bien, con su jean azul, su pelo suelto y nada de maquillaje en su rostro.

Desde ese día muchos soles se han puesto y un buen día, di el paso que faltaba, y desde ese día hubo dos corazones más latiendo al unísono por causa del amor. Dos corazones que aún siguen latiendo juntos acompasadamente.

Aquella blusa verde aún existe. Ella se la pone para hacer los quehaceres de la casa. Es verdad, que la blusa ahora está desgastada, no en balde tiene unos cuantos años encima. Es verdad, que los dos también debemos estar ajados por el paso del tiempo. El tiempo es implacable y pasa sin cesar. Pero cada vez que ella se pone aquella blusa verde, es como si la volviera a ver en aquella estación del metro: Caminando hacia mí con su blusa, su jean azul, la sonrisa iluminada, el pelo suelto y su rostro sin maquillaje; caminando en aquel día y para aquel encuentro en el cual descubrí que mi vida y mi amor tendrían un único destino, ella.