Buen provecho, cariño

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Buen provecho, cariño

Algo semejante a una cucaracha, descendió del techo de la cocina hasta caer al guiso, que cocinaba con afecto en esos instantes a mi marido.

Levanté la vista, un nido de bichos, albergaba sin piedad junto al aparato de la luz.

Lejos de sentir asco, removí el manjar, mientras el bicho se iba fundiendo poco a poco con los alimentos.

Afiné el oído, un clic,clic intermitente, empezó a mortificarme la cabeza, mi esposo se encontraba en el cuarto de baño, por el sonido que hacía con la tijera, mi cónyuge se encontraba liberándose de los pelillos sobrantes de su ridículo bigote.

A mi mente vino la imagen, de millones y millones de pequeños pelitos, inundando sin piedad el impoluto baño.

No lo dudé, cogí un plato, me subí en una silla, y con una cuchara cogí el nido completo junto a sus congéneres.

A continuación, con una exquisita delicadeza, lo deposité en la olla burbujeante.

No hizo falta poner atención a lo que mi esposo hacía en esos instantes, una carcajada cargada de ostentación, el causante de esa risa fanfarrona, era un programa de televisión de hacía más de dos décadas.

Fue instintivo, me agaché y miré debajo de la nevera, ese guiso necesitaba algo más de sabor.

EPÍLOGO:

-Cada día cocinas mejor cariño.

-Es la paciencia que pongo en los platos, lo que hace que te gusten tanto mis guisos, que aproveche cariño.

Photo by kitzé

La vecina.

La vecina.

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Cuando la vi por primera vez, era un domingo cualquiera, justo antes de que empezara a tornarse la negrura en mi cabeza, y empezara a pensar en el lunes gris que se me avecinaba.

Me asomé a la ventana a fumarme un cigarro, ahí la vi.

Me pareció una diosa en medio del tedio, estaba medio desnuda, encima de una toalla, cubierta de una crema brillante, que hizo que entrecerrara los ojos por ver a semejante mujer.

Me escondí, no quería que ella me descubriera, y si lo que yo quería era seguir observándola, debía de ser cauteloso.

Me coloqué en el umbral de la ventana, detrás de la cortina, el cigarro lo apagué, no quería que ella notara ningún indicio de ser contemplada.

Vestía un pantalón corto, e iba en sujetador de un color llamativo, al igual que las uñas de sus manos y de sus pies, que quedaban reflejadas a causa de los rayos de sol de aquella tarde.

De cuerpo redondeado, cintura estrecha, y voluminosas caderas, al igual que sus pechos, que se mantenían erguidos, incluso demasiado, entonces pensé en querer tocarlos, y un bulto creció de entre mis piernas.

Cerré la ventana de golpe, con temor a que el impacto, hubiera llegado a sus oídos, mi mente y mi cuerpo no iban acordes, tuve que colocarme un trozo de cortina con cierto disimulo, para que mi mujer que acababa de llegar, no percibiera el abultamiento sospechoso que había entre mis zancas.

Una gota de sudor perló mi frente, al imaginarme las preguntas de mi esposa, teniendo las respuestas un poco más abajo.

El lunes pasó nefasto por mi existencia, solo cuando miré de soslayo a través de la ventana, y la vi, me olvidé de todo, entonces recé pidiendo días soleados, para que cada día, cuando el sol todavía calienta, ella estuviera ahí, alegrándome la vista.

Estaba de espaldas, si el día anterior me impactó, la retaguardia de su cuerpo me dejó boquiabierto, las curvas perfectas estaban ante mis ojos, y solo me quedaba una opción, mirarla, mirarla hasta que el sol desapareciese, o hasta que mi mujer entrara por la puerta como un caballo desbocado.

Al finalizar la semana me sentía pletórico, no sólo asomaba un sol soberbio, si no que mi mujer ese día llegaría más tarde a la vivienda.

Me acomodé como venía haciendo toda la semana, a través del resquicio de la ventana, y me dispuse a mirarla, cuando entonces ella se incorporó, y se desprendió del sujetador.

Me sentí como un adolescente impregnado de hormonas, cogí la cajetilla de tabaco, saqué un cigarro, y con el click que hizo la rueda al prender la llama, algo estalló, ella levantó la cabeza, y me invitó descaradamente con un tono de voz modulado a que bajara.

Un sudor frío recorrió mi espina dorsal, ni siquiera me cambié de ropa, me enjuagué la boca con colutorio, y me bañé en desodorante axe, imaginándome que yo era el macho del anuncio.

La puerta estaba entreabierta, ella me esperaba al fondo del pasillo, donde las virutas de polvo, sobrevolaban en el aire pegajoso.

Con un cigarro en una mano, y una copa en la otra, hizo un gesto suave con su barbilla afilada, invitándome a entrar, se mostró ante mi de una manera sensual, que hizo que se me nublara la vista, solo cuando su lengua recorrió todos los recovecos de mi boca, arrastrando los restos de enjuague bucal con su lengua, el bulto que creció de entre mis piernas, se vio infinitamente intimidado, por el levantamiento de su sexo, que vi crecer de soslayo con su lengua todavía dentro mi boca.

Adiós

Adiós

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Abro los ojos, me siento muy a gusto, estoy en un sitio caliente y envuelto entre algodones, de repente me muevo violentamente, no me muevo yo, me mueve algo, esto no me gusta, noto desde algún lado que me manosean, pero no me llegan a tocar, menos mal que ya han parado,me siento cansado y me balanceo, me está dando sueño, voy a cerrar los ojos.

Noto que mi cuerpo, se llena de energía, el aire que respiro me sabe dulce, empiezo a dar botes y botes de arriba a abajo, no puedo parar, esto es genial, me gusta esta sensación, quiero saltar y saltar, oigo algo, escucho unas risas, ahora me paro, quiero oír esas risas, escucho una voz ¿me estás hablando a mi? es una voz suave y tranquila, creo que lo que me dice, me lo está diciendo a mi, ahora noto que me tocan, pero esta vez no es como antes, ahora es diferente, es suave, noto un ligero masaje, me acurruco, me acerco más para notarlo más próximo, me gusta mucho, me gusta tanto esta sensación, que me quedo dormido.

Vuelvo a despertar, esta vez escucho unos lloros, me acerco, los oigo muy de cerca, no quiero oírlos, me pongo triste, me acurruco y lloro a la vez, otra vez siento el dulzor, pero no doy saltos, no me apetece ¿porqué lloras?

Ya no he vuelto a oír aquellas risas, ahora escucho otra vez gimoteos, también escucho otra voz, no es la voz suave que tanto anhelo, es una voz fuerte, que grita, no me agrada, me da miedo, ¿sigues llorando?, me acurruco y espero a sentir tus manos, ya están aquí, estas manos me tranquilizan y hacen que deje de llorar.

Ahora otra vez tu voz, suena melancólica y muy triste, me hablas durante mucho tiempo, y no me muevo, me acurruco y te escucho, pero sobre te siento, percibo que quieres decirme algo pero no se el qué, sólo se que tu voz me suena a despedida.

Noto tu inquietud a través de mi, te oigo de nuevo llorar, últimamente lo haces muy a menudo ¿es por mi?, de repente noto que doy una voltereta, otra voltereta, me estoy empezando a encontrar mal, quiero oír tu voz y acurrucarme, pero no puedo, no me dejan, todo se está volviendo del revés, noto que algo me arranca de ti, quiero estar contigo, quiero acurrucarme a tu lado, cada vez te siento más lejos….adiós mamá.

Se acabó la función

Se acabó la función

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¿Tanto para acabar así?

Hace menos de dos horas, mi mayor encrucijada, era decidir si ponerme un traje de chaqueta, o un vestido para una reunión.

Diré que el congreso, al que debía de asistir, me era indiferente, solo anhelaba impresionar a Marcos.

Ahora mi dilema, y mi pregunta es, ¿saldré de esta?, seguro que no, la cosa está difícil, y mi función está a punto de acabar, el telón se cierra, ahora me doy cuenta que esto se ha convertido en un antes, y en un después.

Estoy en medio de la nada, un cristal me atraviesa el pecho de un lado a otro, ocurrió en un momento, ni siquiera llegué a rozar la piedra del mechero, cuando mi pulgar quiso hacerlo, sentí que el coche volaba conmigo dentro, me agarré fuertemente al volante, como si eso hubiese servido para frenar el impacto, ahora sé que no es así.

No sé qué pensaría Marcos en estos momentos si me viera, pero de lo que estoy segura,es que quedaría impresionado, que ironía la mía.

Fuera del coche veo a bastante gente, e incluso algunos me hacen fotos, uno de mis sueños de pequeña era ser famosa, y que me hicieran muchos retratos, no pensaba que aquel sueño se convertiría en algo macabro, me siento observada, quiero salir de aquí, esto parece un experimento, como si estuviera dentro de una película de terror, donde yo soy la protagonista.

Un señor que veo al otro lado de la ventana, intenta decirme mediante una mímica lamentable, que me quede quieta, ¿dónde voy a ir?, junto a ese hombre se coloca una señora, y ambos empiezan a realizar su función particular, deduzco que lo que intentan decirme es que vendrán pronto a rescatarme.

No se si lo que siento es dolor o que es, ahora me dan ganas de reír por la absurdez de todo, lástima que al intentarlo, el pecho me presione y sienta un ahogo que me parte en dos.

Sé que no voy a salir de esta, y me jode, la verdad, tengo muchas cosas que me hubiera gustado hacer, y en estos momentos me doy cuenta que estoy encarcelada para siempre, que el telón se cierra y la función ha terminado.

ES ÉL

ES ÉL

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Salió casi sin decir adiós de la tienda donde trabajaba, llegó al coche con la chaqueta en la mano, y el paraguas en la otra, como pudo, abrió la puerta, y dejó caer en el asiento del copiloto todas sus cosas, antes de encender el motor, encendió un cigarro y aspiró con fuerza, sólo cuando sus pulmones se llenaron de nicotina y alquitrán, su cerebro empezó a pensar en todo lo que le quedaba por hacer.

Bajó la ventanilla del coche y tiró al suelo la colilla, un hombre pasaba en esos momentos con su perro, y la miró con cara de pocos amigos, ella le mantuvo la mirada mientras arrancaba el coche, y salió sin ni siquiera ponerse el cinturón de seguridad.

La cabeza le iba a mil por hora, tenía que recoger a Iván de la guardería, poner una lavadora, recoger la cocina, en esos momentos se acordó que ni siquiera había lavado los platos del desayuno.

Notó apático a Iván , se dijo a si misma que en cuanto llegaran a casa le pondría un rato la tele.

El tráfico ese día, era más denso de lo normal, se cambió de carril cuatro veces y siempre para volver al carril inicial, tenía ganas de fumar, pero con Iván en el coche nunca lo hacía, a punto estuvo de encender un cigarro pero no lo hizo.

Llevaba delante de ella, un coche que no supo adivinar la marca, solo vio que era viejo, y que cumplía correctamente con los parámetros de velocidad, eso le puso muy nerviosa, salió de ese carril para intentar adelantarlo, se puso a la par del coche viejo, giró la cabeza, ya que quería ver quien conducía aquel coche sacado de un museo arqueológico, el hombre, al notar la mirada, giró también la cabeza y sonrió amablemente.

No se consideraba racista, pero el conductor era un negro, dentro de una antigualla, y por su culpa iba a llegar más tarde a su casa.

Pensó, que ojala apareciera la policía y se lo llevara de ahí, no se consideraba racista claro que no, pero es que ese negro estaba interponiéndose en su camino y la molestaba constantemente con su presencia.

Se puso tan nerviosa, que encendió un cigarrillo, Iván empezó a toser, pero ella no quiso oírlo, bajó la ventanilla del coche y le hizo un gesto al otro conductor nada amable, él sólo la miró, miró el cigarrillo y a continuación vio a Iván, volvió la mirada hacia ella y negó con la cabeza.

-¿Qué dice este tío? Pensó ella?

Más le valía al negro apartarse del carril que lo único que hace es molestar.-Pensó.

¿Dónde está la policía cuándo se necesita?

Aparcó en el garaje, cogió su bolso, su paraguas, abrió la puerta trasera y cogió a Ivan, lo notó con fiebre, entonces decidió dejar el paraguas en el maletero y subir a Iván en brazos.

A las dos de la mañana, la fiebre no remitía, llamó al médico de urgencias y explicó la situación, le dijeron que no se alarmase, que en menos de veinte minutos llegaría el doctor.

Estaba muy nerviosa, nunca había tenido que llamar al médico de urgencias, pero en esos momentos sonó el timbre, lo notó muy suave, casi le sonó como música celestial.

Abrió la puerta, y no se lo podía creer, el médico era él.

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