CAMBIO DE GUARDIA

CAMBIO DE GUARDIA

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 16 Votos

Al estar en primera línea, y si mis cálculos no fallan, debo de haber matado cerca de diez mil; entre hombres, mujeres y niños. Me dieron una ametralladora de treinta y cinco milímetros. Las balas literalmente los cortan en dos.

Ayer, en una de esas embestidas épicas, una explosión de granada se llevó todo el lado izquierdo del torso de una de esas cosas. Cuando su cuerpo colapsó, rompiéndole la columna, esa abominación continuó avanzando. Arrastrándose en los brazos.

A pesar de estar ya acostumbrado, aun no deja de asombrarme cada cosa que me a tocado ver. Siguen viniendo hacia ti hasta que aplastas su cabeza.

Hoy nos cambiarán. Otros vendrán de atrás para mantener la marea a raya. Hoy toca relevo.

Están podridos por dentro y por fuera. Hace diez meses, eran solo páginas de literatura de tercera clase.

Entonces llego la epidemia. Una epidemia que no distinguió de raza, credo, tendencia política o condición social. Un virus que incluso en algunos casos, a sacado a nuestros muertos de sus nichos. Los llaman engendros, podridos, muertos vivos.

Aquí están! Escucho a los hombres del cambio de turno gritando. Parecen celebrar. No se que podrían celebrar, estar un mes eliminando carroña no es motivo de fiesta.

El fétido olor de la llanura frente a la barrera de la ametralladora, que nos protege de sus avances, es el de millones de cadáveres que se convierten en mierda.

Pero basta de tener esa imagen en mi mente. Al amanecer me iré a casa. Pronto veré a la patrulla que viene a reemplazarnos a todos. Ahora el cielo se está despejando. A menos de veinte metros empiezo a distinguir una pierna temblorosa.

Es un ser gris y la sangre que sale de él parece pus.

Veo figuras que se acercan al pie de la colina. Me parece verlos tambalearse.

Ellos llevan puestos uniformes nuevos … una idea absurda invade mi mente.

Ciertamente estoy cansado …

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 16 Votos
TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR

TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 21 Votos

“There´s nothing you can do that can´t be done
Nothing you can sing that can´t be sung
Nothing you can say but you can learn how to play the game
It´s easy…”

La ciudad arde. Las calles son como venas infectadas por el tormento de los muertos vivientes. Edna espera escondida entre los contenedores de basura, con el hacha en la mano y la determinación envenenada por el miedo. Si todavía tiene un poco de esperanza, el mérito es del maldito zombi que se tambalea hacia ella.

Está a dos metros de él. Se levanta y prepara el corte. La hoja se hunde de manera precisa en el cráneo de la criatura. Un ojo sale volando de su órbita y un bulto gelatinoso se adhiere a su zapato, que ya está muy manchado de sangre. Ella lo logró. Saca un pañuelo de su bolsillo y se inclina sobre el cuerpo podrido, desgarrado por los últimos espasmos de no vida. Limpia una parte del cuello devorado por la infección. No puede más, se pliega en dos y vomita.

El tiempo fluye demasiado rápido. Se pregunta si la aguja será lo suficientemente gruesa como para chupar esa sangre ya coagulada.

Aprieta la jeringa temblando y la planta en la carótida. Aspira líquido espeso y oscuro. Es su tesoro.

Doscientos metros la separan de la tranquilidad de su departamento.

Ella corre.

“…Nothing you can make that can´t be made
No one you can save that can´t be saved
Nothing you can do but you can learn how to be you in time
It´s easy…”

Cierra la puerta de entrada y la refuerza con las viejas tablas. Nada cura la fatiga como la sensación de estar segura otra vez.

No hay ruido de la habitación. El miedo retorna a su cuerpo. No puede ser posible tanta paz.

Se enfrenta al corredor con una mueca de inquietud en su rostro. Unos minutos más y una nueva vida comenzará.

Marcelina está en la misma posición en que la dejó, acurrucada en la esquina de la cama y muy abrigada a pesar del calor.

Se acerca al pequeño cuerpo devorado por la fiebre y el cáncer, y volvió a experimentar esa sensación que la ahogaba en una sensación de impotencia podrida. Tomo el brazo de la pequeña con la cánula de la aguja y vació el contenido pútrido de la jeringa. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que se miraron a los ojos.

Pero ahora todo ha terminado. Pronto su pequeña hija estará despierta, sana”. Rasgará los cables que la atan a la máquina de signos vitales y se levantará. Ella se acercará a su pequeña hija caminando. Marcelina pronto se “curará”. Marcelina pronto podrá comer.

“All you need is love
All you need is love
All you need is love, love
Love is all you need”

*soundtrack: All you need is love – The Beatles.
Lennon – McCartney

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 21 Votos
HASTA QUE TU MUERTE NOS SEPARE

HASTA QUE TU MUERTE NOS SEPARE

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 16 Votos

Con mucha seguridad y determinación, Carol me toma de la mano y juntos bajamos a la terraza donde están todos.

Ella tiene un encantador vestido de encaje blanco sin mangas que llega a sus tobillos, mientras que yo estoy usando un esmoquin negro algo desgastado, pero digno. Seguimos caminando. De vez en cuando ella se detiene y abre la boca tratando de respirar todo lo que puede, luego me mira y trata de sonreír dulcemente. Tengo un fuerte dolor de cabeza y me gustaría terminar lo más pronto con todo esto.

Camino casi en trance, tratando de no mirarla, de no ver como esa capa blanca sin vida comienza a inundar sus pupilas. No me siento deprimido, solo quiero que todo termine. No he sido capaz de asimilar todo esto. El aire es fresco y, si miro a la playa cercana tan calmada, es porque trato de convencerme de que nunca pasó nada, que todo es como antes.

Carol se detiene una vez más y Beatriz nos alcanza para ayudarme a apoyarla. Nos detenemos un poco. Supongo que es terrible para todos y solo Dios sabe a cuántas personas les ha sucedido. Pero eso es aún peor. Pienso en Carol. Ella se merecía algo mejor, pero las cosas salieron muy mal y todo lo que puedo hacer es ir hasta el final. No puedo dar marcha atrás…

No es que ella no se dé cuenta, pero creo que a estas alturas no le importa cómo alcanzará su sueño. Lo importante es hacerlo.

— ¿Cómo vas? —Pregunta con cierta preocupación Beatriz. Carol le dice con mucha dificultad que todo está bien y que puede hacerlo sola.

Vamos a empezar a caminar de nuevo. Carol me susurra algo al oído, me parece que dijo “disculpa” pero prefiero no pensar en ello.

Mientras descendemos por las escaleras de piedra, me doy cuenta de que la herida en el vientre de Carol se ha vuelto a abrir y que ha comenzado a sangrar de nuevo. Le diré “sí” a una mujer empapada en sangre.

— Quiero que sea todo natural —Me dijo ayer.
— Está bien. Como tú quieras —Le contesté. Supongo que es la mejor y única respuesta en estos casos.

Llegamos a la terraza, decorada de manera rápida, pero con buen gusto. El sacerdote está de pie con una Biblia en la mano. No puedo evitar preguntarme qué leerá. ¿Y si él dice: “hasta que la muerte los separe?”.

Nos detenemos mientras todos están sentados muy inquietos alrededor nuestro.

Nadie dice una palabra, nadie llora, y si lo hacen, se las arreglan para no ser escuchados. Carol hace una mueca de dolor y la sostengo mientras una pequeña mancha roja se extiende en su vestido, a la altura del ombligo… Esto no terminará pronto.

El sacerdote hace la señal de la cruz y comienza.

— Estamos reunidos aquí para celebrar la boda de… —Con mi mente fugué a otros tiempos, pero no llegué muy lejos.

Me veo pequeño, vestido como un pequeño caballerito, mientras la maestra pone la canción de moda y me veo obligado a bailar con una niña que no me gusta. No lo acepto, pero tengo que hacerlo mientras mis padres y los de los otros niños del pre-escolar me miran. Todos mis compañeros abrazan a una niña más linda que la que me esta apretando. Como me hubiera gustado huir, como hoy …

Antes todo estaba mejor. Hace algún tiempo, Carol y yo nos conocimos en un baile de máscaras. Aún eran tiempos para celebrar la vida. Bebimos unos Martinis y se nos subió a la cabeza rápidamente. Fuimos sin pensarlo a mi departamento y follamos hasta el amanecer. Todo estaba muy tranquilo. Las cosas que estaban pasando aún no eran públicas y los muertos eran pocos.

— ¿Cual es tu sueño máximo? —Le pregunté, mientras fumaba un Marlboro.
— No he soñado nada desde hace un tiempo –Dijo ella muy coqueta — Pero me gustaría casarme. Es una de esas cosas con las que sueño desde que era pequeña, tal vez porque vengo de una familia católica o simplemente porque me siento sola… Creo que después de todo, es como el sueño que tiene toda niña tonta —
— No es algo difícil de conseguir —Le contesté.

La imagen de ilusión en su rostro me hizo regresar a la terraza: estoy frente a todos y Carol, con un aspecto cada vez más ajeno a ella, está frente a mí. Como hace un año más o menos, cuando temblando me dijo que me amaba y que quería que su vida fuera mía… Hoy deseo que fuera de alguien más.

Estoy avergonzado…

Siento la mano de Carol apretando mi brazo. Me doy vuelta y veo que sus ojos están cerrados. El sacerdote se percata de ello y sigue leyendo, pero ahora lo hace con más prisa. El parche ha caído, la herida se ha extendido y la sangre cae entre las piernas, mojando el pasto seco.

Miro a lo lejos, más allá del sacerdote, más allá de la playa. El sol es ahora una línea roja en el horizonte. Todo comienza a degenerar alrededor.

Carol no se mueve, sus ojos están cerrados y su boca está estirada, como si con esa mueca pudiera contener el dolor. La siento temblar y creo que puede morir en cualquier momento. De repente se vuelve hacia mí.

— Te amo —Dice en un susurro que ni siquiera parece suyo.
— Yo también —Contesté. Y sé que está bien.
— Cambien los anillos —Dice el sacerdote.

Los saco del bolsillo del esmoquin y le doy uno. Se las arregla para ponérselo, pero sus manos tiemblan de miedo. Carol cierra los ojos, tomo su mano y ella, por un segundo, no tiembla, pero luego cae al suelo. Alguien se levanta y corre cerca de nosotros, pero le hago un gesto para que se aleje. Intento insertar el anillo mientras sus manos siguen temblando y sus ojos ahora están blancos, ciegos e inertes.

Miro al sacerdote que esta fuera de sí y le pido que continúe.

Hay sangre en la hierba, pero a mí me parece que está en todas partes.

— Los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia —tiembla el sacerdote al decirlo y se estremece.

Logro ponerle el anillo.

Una emoción extraña me embarga por completo. Estoy feliz pero solo quiero llorar, incluso entiendo que ella no se dé cuenta de todo lo que pasa… Ella ya no respira.

Tengo que ser rápido y estar atento. Me descuido un poco y apenas pude ver como ella salta hacia mí y trata de morderme.

Saco la pistola del chaleco y le hago un agujero en la frente, tirándola a la hierba. Todos me miran desconcertados, confundidos, furiosos, desubicados y hambrientos… muy hambrientos.

Esto no terminará pronto… Sé que esto es solo el comienzo…

5.00 Promedio (99% Puntuación) - 16 Votos
A %d blogueros les gusta esto: