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Me he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.

Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierva, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.