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¿DEMASIADO SENSIBLE? QUIZÁS SEA MEJOR QUE NO LO LEAS. ESTE TEXTO PUEDE HERIRTE.

Aquella tarde el ambiente parecía presagiar alguna agonía. El cielo no presentaba las heridas normales del anochecer, sino que la niebla difuminaba todo en el tono uniforme y extraño de un metal afilado. El viejo perrazo salía de vez en cuando al jardín y se quedaba parado a pocos metros de la puerta, oteando con preocupación, tratando de ver lo más lejos posible, como el padre de un pescador. Yo me acerqué al animal para compartir su inquietud pero al acariciarle el cuello, pareció rechazar mi atención porque se dio media vuelta para meterse en casa, como si dijera, “déjame, que ahora estoy de verdad preocupado”. Traté de penetrar con mi vista en la niebla y contuve la respiración por ver si era capaz de detectar el sonido que captaba la atención de mi amigo. Pero solo advertí un mal presentimiento en el aire que mecía las hojas. Permanecí allí, de pie, a unos seis pasos de la casa, sin saber qué era lo que nos intranquilizaba.

Sentí una presencia extraña mirándome. Me dije que eso no podía ser cierto pero al instante los pelos de mis brazos se erizaron.. El miedo aceleró mis latidos. Era absurdo, pero creía notar que alguien silenciosamente se aproximaba a mi espalda, desde la casa en la que solo estábamos mi perro y yo. Me quedé paralizado. Tenía la sensación de que si me volvía a verlo ocurriría algo terrible y no me atreví a moverme. Permanecí rígido. De pronto me asustó el golpe seco de la puerta de entrada y yo me sobresalté como un gato en peligro. Durante un segundo el ruido de la cerradura me pareció la caída de la hoja de una guillotina, no sé por qué. No vi a nadie, pero la casa se había quedado cerrada y no llevaba llaves. Ni llaves, ni teléfono… Nada. Estaba anocheciendo. Pronto la comarca entera caería atrapada por una cruel helada, o quizás era la tormenta de nieve lo que predecía aquel cielo extraño. Me sentí aterrado. Todos estarían reservando ya sus plazas y.daban un mes gratis para el que se apuntase antes del 22 de diciembre. Una oferta buenísima, pero aunque sobreviviera a la congelación, nunca podría llamar por teléfono para matricularme en el Taller de Escritura de Enrique Brossa. De nada me servía recordar su email, info@desafiosliterarios.com o su teléfono, +34 629 205025.Pero seguramente todas las plazas (limitadas) estarían ocupadas ya, tanto a partir de las 19:00 horas de España, como desde las 17:30. ¡Oh, Dios! ¡Con lo que disfrutaba la gente en aquellas sesiones! Entonces noté que me volvía loco y comencé a golpear la puerta con un frenesí salvaje, que nunca antes había experimentado.. Quizás me estaba enfrentando al destino, o tal vez al mismo Satanás, me daba igual, con tal de pillar esa oferta tan buena del Taller de Escritura de Enrique Brossa. Rompí mis nudillos aporreando el portón mientras desde dentro el enorme perro ladraba y gemía asustado. Parecía estar volviéndose loco, como yo. Y eso que él no era escribidor…. Si alguien me encuentra y todavía estoy vivo, pese a los síntomas de congelación, lo primero en esa situación de emergencia, será, por favor, llamar a Enrique Brossa de mi parte y decirle que me vienen bien todos los días y horas para el taller, pero, por Dios, quiero esa oferta tan buena del primer mes gratis.

Enrique Brossa
Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí. Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.
Enrique Brossa

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