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Esmeraldas cristalinas
engarzadas y adornadas
entre seda de pestañas,
las pupilas de tus ojos
me cautivan y fascinan.
Me retienen, me encadenan,
me subyugan y me apresan
al compás de tus antojos.

Son tus lindos ojos verdes
mi prisión dulce que añoro,
inefable ara que adoro,
mi hálito único de vida
y el hogar de mis quereres.
Condición de lo posible
mi hábitat insustituible…
¡Mi locura consentida!

Estoy preso en tus pupilas
sobre abismos insondables;
con alegría inefable
levito sobre el espejo
de tu ánima tan querida.
Es vital en mi existencia,
es quimérica su ausencia…
¡Sin tus ojos, yo, me muero!