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Siempre cogemos el mismo autobús, siempre a la misma hora, siempre en la misma parada. Me suelo sentar detrás de ella, tan pulcra, tan decidida, aunque a veces creo que algún fallo debe tener, lo he pensado desde el primer día, la miro y la miro y aunque no sea un defecto como tal si que me parece una mujer un tanto extraña.

Sube al autobús y casi siempre se sienta en el mismo sitio, he notado que se molesta cuando alguien ha ocupado el segundo asiento a la derecha en la ventanilla, siempre lleva un clínex en las manos, limpia con él el asiento, se sienta y abre un libro que también siempre lleva consigo, se pone las gafas, las cuales limpia unas cuantas veces en todo el trayecto, el libro lo lleva siempre forrado de plástico y también lo limpia cada dos por tres, creo que es una maniática de los virus, de esa gente que no te da la mano por no contagiarse. Durante el trayecto siempre cada dos páginas que lee mira por la ventana, no cambia sus hábitos, llevo mucho tiempo observándola, es una mujer hermosa, aunque frágil, de una edad indefinida, me gusta inventarle una vida pero me es difícil, no habla con nadie, no saluda nunca a nadie, imagino que una mala experiencia le ha hecho ser un poco arisca, cuando alguien se le acerca suele arrugar el entrecejo, parece molestarle el contacto con la gente, supongo que por eso siempre se sienta en la ventanilla, así el máximo contacto que pueda notar será la persona que se siente a su lado, nadie más.

Hoy ha hecho algo diferente, la llevo observando desde hace mucho tiempo, pero nunca ha hecho algo como lo de hoy, está nerviosa, lo noto, tiene miedo estoy seguro, en el trayecto de hoy ha mirado más de seis veces hacia atrás por encima de su hombro, como si alguien la estuviera persiguiendo, como si se sintiera observada o amenazada, al pronto he pensado que era por mí, pero yo llevo haciéndolo desde que la vi subir al bus la primera vez, me llamó la atención su esbelta figura, su timidez, su nerviosismo cuando algo no era perfectamente calcado al día anterior.

Ha bajado una parada antes de tiempo, en un arrebato he bajado tras ella, he pensado que podría necesitar ayuda, pero lo cierto es que no había nadie que pueda hacer sospechar que la siga, nadie la miraba excepto yo, pero el nerviosismo era evidente. Me he quedado observándola mientras hacía ver que miraba un escaparate, no, nadie la seguía, ni siquiera la miraban, pasaba como cualquier transeúnte normal, pero volvió a hacer algo inusual aquel día, se acurrucó en un portal un tanto desorientada, por fin pensé que aquello merecía un acercamiento, si se encontraba mal podía ayudarla, era evidente que no estaba bien, el nerviosismo iba en aumento, esperaba que al ser conocidos del trayecto no le molestase mi ofrecimiento de apoyo.

Le pregunté si necesitaba ayuda, si se encontraba mal, me miró con ojos de espanto, como si en realidad fuese un extraterrestre, buscó un nuevo clínex en el bolso para limpiarse de nuevo las manos y la cara, extendí mi mano hacía ella en señal de amistad, como se hace con los animalitos asustados, es lo que parecía en aquel momento, con ellos daba resultado, ellos te huelen y saben si eres de fiar, pensé que a lo mejor ella necesitaba una mano amiga, alguien en quien confiar.

De pronto sacó el móvil del bolso, leyó algo, lo guardó. Se veía tan indefensa que tuve ganas de acunarla, pero me contuve, no abrí la boca, solo aguardaba a que ella dijese algo, de momento no me había rechazado, eso pensé que era buena señal. Buscó de nuevo en el bolso, llevaba un pastillero, me enseñó algo escrito en la pantalla, y me entregó el pastillero; en la pantalla había una frase… busca ayuda, estás bien, solo es tu imaginación, recuérdalo.

Sacó una botellita de agua y se tomó la pastilla que yo le di, la que indicaba el móvil que tenía que tomar en circunstancias como aquella. Cuando se tranquilizó me dijo que padecía el síndrome de Capgras, nunca lo había oído, pero es una enfermedad bastante peculiar, ella piensa que sus familiares no lo son, son personas que las han reemplazado por un impostor idéntico.

Hablamos largo rato, hasta que de pronto empezó a decir que yo era un impostor.

Photo by https://www.facebook.com/robertotaddeofoto28

Quisiera presentarme, mi nombre es María Teresa Mateo, nací en Sabadell provincia de Barcelona allá por octubre de 1960, por lo tanto soy de signo Libra, dicen que el símbolo del equilibrio, dejémoslo ahí. Soy catalana hija de andaluces, de Córdoba concretamente. Nunca destaqué en ningún deporte, ni fui brillante en mis estudios, aunque en mi defensa debo decir, que creo ser la única criatura en el mundo, que hace pellas en clase para irse a leer a la biblioteca. Acabé mis estudios sin pena ni gloria, empecé a trabajar en el negocio familiar y nunca dejé de leer, ni un solo día, la lectura fue (y sigue siendo) mi pasión, hasta que empecé a escribir; Y empecé por casualidad, todo el mundo me incitaba a la locura, yo creí estar más cuerda que ellos, hasta que ganaron la batalla. Aparte de escribir y leer, hago otras cosas: Tengo un negocio de perfumería y estética, estoy casada, y tengo dos hijos.
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