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Colibríes y mariposas.
En mundo hay cosas que no siempre tienen una explicación, cosas que pasan como un hermoso sueño o realidad.

Sucedió un domingo cualquiera, me desperté como es costumbre, antes de despuntar el alba. En lugar de levantarme como siempre lo hago me puse a reflexionar un sueño que había tenido.

Sonreí al recordar el paisaje soñado, el entorno era suave y cálido- Una mañana de primavera-El aire estaba impregnado del perfume de azahares, a mi alrededor la vista de los alhelíes, heliotropos, petunias, rosas y claveles. La sensación del viento en la cara y el calor del sol eran una caricia suave y tenue, tan nítida y clara que aun después de despertar la podía sentir.

-De pronto, sentí un cosquilleo en el vientre, algo característico desde siempre al sentir que algo ocurrirá y ocurrió. Ante la mirada atónita, revoloteando como pequeños tozos de jade y amatista pequeños colibríes llenaban el horizonte.

Una sensación de euforia inundo mi pecho y la sonrisa apareció en mis labios al escuchar como zumbaban, como si quisieran que siguiera el ritmo de su ir y venir. ¿Sabes? Cuenta la leyenda que estas pequeñas aves son emisarios de los dioses. Que fueron escogidos para llevar y traer buenas nuevas del más allá. Son aves que presagian cosas buenas en la visa- Eso he escuchado.-

Tras de ellos, llegaste tú, con tu sonrisa misteriosa y ese caminar cadencioso que te caracteriza, sin embargo, eras diferente -no como te conozco- Eras más viejo, maduro. Tus ojos se veían cansados, como si tuvieses el alma agotada. Sonreí y extendí mis brazos hacia ti y te mostré el entorno, acaricie tu cabello entrecano y te invite a descansar en el pasto.
Fue entonces que observaste un pequeño colibrí, se posó sobre un ramillete de heliotropos de color azul. Entrecerraste los ojos y suspiraste, un suspiro lleno de nostalgia. Decías que la extrañabas como a nadie, que con ella se había ido una parte de la luz del alba, que te hacía falta a ratos como si del aire se tratara. Aun no sabías cómo pudiste seguir adelante sin el fulgor de su estrella.

Al acariciar tu cara, pequeños ríos se desbordaban entre tus parpados.- Te bese- Me sentía tan pequeña que solo podía decirte ¡Donde ella esté, te ama!- Jamás dejarás de ser su niño, volví a besarte.
El aire cambio, se hizo aún más cálido y el cielo comenzó a llenarse de nubes blancas como el algodón, mil formas espectaculares llenaron el horizonte, alrededor nuestro comenzaron a llegar mariposas monarca de tamaños diferentes. Había cientos de mariposas de color amarillo, miel y ámbar.

Se posaban sobre los heliotropos, los claveles y alhelíes. Dibujaste una sonrisa semejante a la de un niño, la luz se apodero de tu mirada y no podías hablar. Posaste tu mirada en la mía -¡Era tu sonrisa tan divina!- ¡Colibríes y mariposas! Mensajeros de cosas divinas.

Te dije en un susurro antes de besarte: -No preguntemos, ellos siempre sabrán decirnos que están aquí.- Justo en ese momento desperté, con el sabor de tus labios y el aroma de flores impregnado en mi piel.

Me dije que esto no tenía lógica que era un sueño nada más. Pero ya lo decía Amado Nervo.- “Quienes piden lógica a la vida se olvidan de que es un sueño. Los sueños no tienen lógica, esperemos al despertar” o simplemente sonreiremos al ver en nuestro día un colibrí o una mariposa al pasar.

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Claudia Santillán

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