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Cuenta una leyenda, que al otro lado del atlántico, existe una tierra de ensueño, donde los atardeceres son pintados a mano por el mismo Dios.
Que sus montes se visten cada primavera con un esplendor increíble y se vuelve un paraíso, serpenteantes ondulaciones muestran su esplendor y lentamente se despojan de sus velos transparentes. Poco a poco la ciudad a sus pies se ilumina por una tenue luz dorada.

Sus calles tienen el sabor de la primavera, en el alfeizar de las ventanas asoman sus caras las amapolas, fragantes y graciosas mientras se mecen al ritmo del viento.
Cuentan que el rumor de su campanario se escucha más allá de las cordilleras. Por sus alamedas lucen elegantes su color y aroma los heliotropos, su gente es de carácter afable y sonrisa amistosa.

Granada… “Tierra soñada por mí” así lo escribió el maestro Agustín Lara, añorando distancias de brumas, la música de sus campanarios y La alhambra. Ciudad bañada de oro, cuna de García Lorca, Ayala, Morente y De Montijo. Bajo el cobijo del cielo púrpura se cuentan historias de amor y desdicha.
Amanece en Granada, se oye a lo lejos el canto de algún gallo recordando que el sol se levanta. Una luz mate cubre los pámpanos, se disipa la bruma y la vida continua…Despacio, sin prisas en el paraíso andaluz de Granada.

Claudia Santillán Velázquez.