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Dicen que uno vuelve siempre a los lugares en que ha sido feliz. No sé cómo funciona esa teoría ni como volver al pasado.
He vuelto al lugar exacto en que conocí tu mirada. A esa tarde de invierno, el mismo café, diferente viento.
Volví a perderme en tu mirada olivo, escuche entre la multitud tu voz, suave, firme y desee que estuvieras frente a mi nuevamente.
Sin volver a la conciencia tome el bolígrafo de mi bolso, la libreta y comencé a escribir –Me olvide del tiempo- solo deslizaba el bolígrafo por la hoja de seda de la libreta.

Trate de observarme a través de tus ojos. ¿Cómo se ve una mujer de más de cuarenta años? Una mujer cuya figura se dibuja en un pasado con colores blancos y sepia. Con motivos adversos y mil contradicciones.

Plasme sobre el papel líneas que intentaban ser letras, garabatos ilegibles cuando mucho. Tanto que podrían compararse con alguna imagen de antaño. Al levantar la cabeza volví a perderme en tu mirada. –Era como ver tus labios firmes a través de un holograma- Sonreí.

Al volver al papel me sentí fuera de mí, ahora trataba de verme con tus ojos. ¿Acaso vulnerable, pequeña? Tal vez con el enfoque que te da la autoridad de los años, fuerte y de una pieza.
Y me propones que escriba sobre mí, la cosa más difícil jamás sugerida. Parece una locura y sin embargo, heme aquí. Tratando de verme a través de tu mirada, inmersa entre recuerdos y la nada.

Has encontrado el punto frágil -de forma suave sin apenas enterarte- remueves la daga que no había notado que tenía clavada al costado. Me cuesta respirar y el llanto asoma a las ventanas del alma. Ahora puedo visualizar ese capítulo del libro que he venido escribiendo día a día.

Acaricio cada imagen entre lágrimas de júbilo. ¡No soy frágil! ¡Tampoco fuerte! Soy una historia más que contar entre líneas y signos. Letras garabateadas en papel de seda tomando forma al tratar de verlas con la perspectiva de tu mirada serena.
-He vuelto al lugar en donde conocí por fin tu mirada- Ese lugar donde me abrazó el frío mientras preguntabas cosas que creía sin importancia.
Volví a esa tarde, al viento de invierno… Al calor de tus palabras.

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Claudia Santillán

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