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He visto el sol conjurando contra las espaldas de mi padre.

Lo he visto abatirse de a poco en cama de Madre con cáncer.

Y lo he visto ensañarse de a mucho, calentándome la sangre.

He visto un sol sin remilgos en los campos y en los valles,

Y con cara desafiante, alardear en lo ardiente de tu talle.

He visto un sol quemarse en pieles tostadas, y sin raza.

Y lo he visto ensañarse en los bosques entrañables que abrasa.

He esperado que nazca en los albores de la madrugada;

para que entre en los resquicios de una vida sin nostalgia.

Y en los dichosos días de abril que siempre viven en mi alma.

He visto el sol, en el camino de regreso y al iniciar la jornada.

Y cuando me regala las tardes rojas, en los balcones de tu casa.

He visto el sol brillar en lo inmenso de la Pampa,

Lo he visto esconderse en lo alto de las montañas.

He visto un sol sereno en los laberintos de mis soledades

Y lo he visto transparente, en las oscuridades de mi alma.

He visto un sol, caminando en la historia de las viejas ciudades

Y lo he visto perdido en lo profundo de lo pueblos fantasmas.

He visto el sol, en el más austral de los destinos.

Y lo he visto de testigo en la luz de tu mirada.

Me he topado con él en los recodos del camino.

Y lo he visto en los pliegues de tu falda.

He visto el sol abatirse en Birkenau y Auschwitz

Y en la más desolada de las infames barracas,

lo he visto llorar sin tregua sus marejadas

por los perversos y detestables campos nazis.

Lo he visto dormirse en la cuna del mar

Y en los pechos de la tarde.

He visto un sol naciendo sin alarde

en las raíces mansas de esta página,

alzada con un canto en la garganta,

con la mirada niña…

Y la más honda de las esperanzas.