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Insomnios y naufragios en la parcela de los sueños rotos,
demonios que perdieron el cielo por negación propia.
Las fronteras se movieron de la esperanza al egoísmo,
por cansancio y vértigos se nubla el horizonte turbio.
Ya no hay libros que nos digan la verdad, han envejecido.
El invierno más crudo y las heridas que cruzan el umbral
congelan los besos y los versos, que no saben calentar.
No hay blindaje para el alma cuando todo acaba, y ya no estás,
El río-nostalgia del agua clara, es una laguna mental tocada por la rabia.
Y ya no sé que cual es la ruta para llegar al corazón hoguera.
Están de más las historias heridas que no sobreviven a dos,
los pájaros se agavillan para volar en éxodo involuntario.
Las islas de la soledad emergen en medio del tedio,
ya no hay palabra justa ni medida, todo lastima y ofende.
Te sabes bella y también lo sé, pero tu mundo gira al revés.
¿Cómo le grito a la estrella que no deje de ser mi norte?
¿Cómo te digo que eres mi vida entera? Y que te amo en mis abismos,
sin mis oscuridades ni cicatrices, y en la luz que tu ser siempre prodigó.
No hay momento para curar los agravios del tiempo perdido,
ni valen arrepentimientos nimios sin la comunión de dos cuerpos,
los gritos ocuparon la razón y el amor se exilió a la sombra del desdén.
La vida difusa nos desgarra a girones el corazón y el alma,
la piel pasó a ser abrojo hiriente y dejó de ser senda dispuesta,
no podremos unir lo que la tormenta rompió en la ausencia del concilio.
Y la ternura en fuga y aterida no reconoce nuestra voz turbia y dilatada.