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Como metralla que lanza gárgaras de muerte,
un virus empoderado y sin complejos
nos amenaza y nos repliega.
El miedo grita su temor a los cuatro vientos.
La página con su silencio cómplice
desafían la locura y la metáfora.
Esta página era muda hasta que parió su alerta.
Y la abstinencia le hizo los mandados a mi espuma.
La libertad se descubrió entre 14 rejas de un soneto,
hurgó una infancia de tinta en panfletos verdes
y pidió en juicio justo, indulto para la utopía,
misma que volverá dichosa por sus fueros,
porque la realidad es una bofetada clandestina.
Vivirá fugitiva y sobria con su seriedad a cuestas;
porque en la margen del río que habita está la vida,
en la otra orilla las incógnitas y su azar.
cuerdos y locos, seguiremos buscando respuestas.
Los pasos inciertos sobre los cantos rodados
que me llevan a la luna menguante; y,
los archipiélagos de estrellas en la corriente
de la vía láctea, son mis escenarios de escape.
¿Qué sueños pervivirán en mi bestiario interno?
si cada verso que escribo intenta desanimalizarlo.
En las huellas de mi ceño hay incendios interiores
y la duda se pavonea con el graffiti de sus arrugas.
He sobrevivido la arqueología de los Stones
rodando cuesta arriba y sin amar sus ruinas.
Eso me condena a ser una especie de Rara Avis
porque los sueños están en peligro de extinción.
Y necesitan elevarse a cotas más seguras.
Las bestias medran y tejen redes clandestinas,
en las trincheras del hambre y sus cicatrices,
en los umbrales donde pernocta el insomnio,
en las bóvedas de los bancos y sus intereses,
en los rellanos oscuros de Palacio Nacional,
donde suelen darse en maceta las estupideces,
en los parlamentos sin esencia ni pueblo,
en los cultivos del individualismo y la egolatría .
No hay sitio para la poesía y su sosiego.
Ni cura para la duda que enturbia mi tintero.
Tampoco hay mar que te lleve mis versos
y me traiga el tiempo en una botella.