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La musa de la ausencia
es huésped de hace tiempo
en la página dormida del silencio

En exilios menos graves se ha perdido.
Y un recuento de nostalgias le acompañan,
versos que maduran in crescendo, la extrañan

Un terceto viejo que se sacude las formas hurañas
persiste en su empeño disciplinado que se propaga
alza el vuelo que lo eleva y descarga sus entrañas

Ahora, viene a menos musitando letanías vagas
Madrigales de dolor en la voz de las guitarras,
un eco que baila cuando cantan las cigarras

Tiene huellas en el alma que son viejas,
ya no sabe del amor ni de promesas,
el dolor lo marca con su insolencia

Hoy habita siempre en el olvido.
Y vuelve al afán de sus latidos
por la musa de la ausencia.