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La inhóspita desolación de no saberte,
el insoportable anonimato del silencio
y la autista fiereza de las soledades,
carcomen como larvas capilares mis pies
erosionando gravemente mis sustentos.
La ausencia se apersona brutalmente
en el insufrible territorio del jamás.
Ya no hay palabras con que invocarte
ni algarabías que despierten tu júbilo,
el lenguaje agraviado es indomesticable,
vuelan ateridos los vocablos cálidos,
el ritual del amor se ha gangrenado,
ha perdido sus signos, las voces y su vértigo.
No hay promesa posible en ningún gesto
y han desertado las caricias por olvido,
los despojos del día se acumulan graves,
los sueños no convidan ninguna revelación,
huérfanos los cuerpos se marchitan.
Y deambulan secos y deshabitados
a un naufragio crónico, a una muerte anticipada.