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Si la esperanza fuera un rayo…
Un latido que se desliza por el silencio,
apostaríamos por los misterios del trueno,
amaríamos al azote de su luz,
rezaríamos porque nos tocara en gracia.
Y no se desperdiciara como lámpara en el asfalto.
Si el Dios que no sabemos regurgita estrellas,
y permite que la luna escurra su cuenco de leche
para que no nos acostemos sin cenar,
solitarios y despojados de besos y caricias,
encandilados por el faro de las marquesinas.
Y si la cauda de su aliento ilumina
para que no perdamos de vista la vía láctea,
evitando el riesgo de derrumbarnos en el cielo.
Si tuviéramos la osadía de navegar islas espaciales
entre el sueño que corre por los agujeros negros,
avistaríamos los umbrales donde cantan los poetas,
al prodigio de las estrellas anidadas en tus ojos.