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Las postales empiezan en la terraza,
ventana al horizonte sin alarmas.
Un trajín de besos en tu espalda…
Y mis sueños escapistas por las ramas.
Las nubes que se alzan sobre el alma.
Y los pájaros nos elevan con sus alas.
No es la locura lo importante,
ni el loco que se asoma al vacío,
el poema es la cuerda delirante
que se fuga de los lodos del hastío.
Soledades exiliadas en el cielo
lloran turbias y espesas de nostalgia,
es la lluvia que viene sin recelo
a lavar mi cielo en lontananza.
Un tigre desaloja mi entrecejo,
un jilguero en el pecho que me canta,
tu liguero se enreda entre mis dedos
que deambulan sin recelo por tus nalgas,
tus gemidos se crecen con el juego,
mis caricias-alas que se desatan.
Dos locos se montan en el fuego.
Y el deseo volcado en la terraza.