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Siempre fui una madre generosa:
me bastaba para nutrir a todas las criaturas
acogidas en mi seno. Os di un hogar provechoso.
Atendí vuestras necesidades desde que se me distinguió,
en singular privilegio, con el don de la vida.
Vuestros hermanos mayores supieron cuidarme,
entregándome íntegra a las generaciones venideras.
Pero vosotros, mis hijos más ingratos, me explotáis,
me abusáis, me esquilmáis, me contamináis…
ni me reconozco convertida en este estercolero.
Soy una vieja prematura y mis pechos están yermos.
Agonizo. Socorredme pronto.
Yo, vuestra madre Tierra.