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-Voy a salir, dijo despreocupadamente
-Abrígate, ponte ese chaquetón que te compré el año pasado, el otoño ya ha entrado y puede volver a llover, al menos no te mojarás, contestó su madre
-Con eso se me ve a mil leguas, no pudiste comprar otro color, tenía que ser rojo, protestó
-Te queda muy bien con el pelo rubio, no protestes más. Y de paso a ver si pasas a ver a tu abuela, que me pregunta por ti cada día.
-Mamá yo creo que la abuela se ha echado un novio, dijo con tono pícaro
-Pero ¿qué tonterías dices?, ¡Ay hija!, desde que viniste de la universidad estás de lo más tonto.
-A ver, es que aquí no hay muchas cosas para hacer, pero no te preocupes mami, me encanta el lugar, así que me quedaré
-Bueno hija, no hace falta que me amenaces, a lo mejor puedes encontrar algo mejor en otro lugar, en la ciudad
-¿En la ciudad?, ¿Y tener qué pagar un alquiler alto, y la comida, y lavar, y planchar, y limpiar la casa?, Pero si aquí se está muy bien…
Su madre suspiró. Siempre había pensado que al crecer su hija ella podría descansar, y no tener tantas obligaciones. Sin embargo no era así. Tendré que idear algo para que haga su vida y se vaya a vivir por su cuenta se dijo, así yo podré….. No pudo terminar. La vio salir con su anorak rojo, y la capucha puesta.
Sonó el teléfono, su madre de nuevo la llamaba.
-Dime mamá, la niña acaba de salir, a lo mejor pasa por tu casa. ¿Sabes qué me ha dicho?, que tienes novio
Silencio al otro lado de la línea
-Mamá, estás ahí, preguntó
-Si, hija, aquí estoy, contesto la abuela. Bueno verás, quería hablarte de eso, pero lo he ido demorando
-¡Mamá, por dios! ¿No me digas qué es verdad?
-Hombre un novio no, un amigo solo, algún día te lo presentaré. Gracias por avisar que puede venir la niña.
Colgó
El mundo se desmorona a mi alrededor y yo sigo cocinando, pensó la madre. Recordó cuando la niña era un bebé y todos la llamaban caperucita por los gorros que llevaba y le hacía su abuela, al crecer se le quedó el mote en el pueblo, el año pasado un amigo al verla con ese chaquetón rojo y la capucha puesta, agregó el apelativo de caperucita roja, por eso no le gustaba llevarlo.
Caperucita, llamó al timbre de la abuela, ésta abrió la puerta, le dio un par de besos sin dejarla entrar.
-Pero abuela, déjame entrar que he venido a verte
-Es que ahora no me viene nada bien hija, estoy un poco ocupada, contestó azorada
-Anda, ocupada tú, pero si apenas tienes cosas que hacer, rodeando a la mujer entró en la casa. En el sofá se encontró con un hombre de mediana edad, que le pareció de lo más atractivo. Él se fijó en ella. Ambos se miraron y en sus ojos surgió un flechazo.
La abuela, que de tonta no tenía un pelo, se dio cuenta, con su voz más dulce les presentó, les ofreció un chocolate y fue a la cocina.
Regresó con un cuchillo, y se lo clavó al cazador que cayó bajo un charco de sangre a los pies del sofá.
-¿Por qué has hecho eso?, le preguntó su nieta
-Porque me lo ibas a robar, y era mío, solo mío, así que ahora, ya puedes buscar una carretilla y llevarlo al bosque.
-Abuela, es el tercero que te cargas este mes, ¿Cuando dejarás de invitar a cazadores sabiendo que vengo a verte?. Y con lo que cuesta limpiar todo esto…..
-El día que encuentre un buen lobo.

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