Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

 

Joaquin trabajaba sin pena ni gloria durante toda la semana, pero no le importaba lo mas mínimo, pasaba horas, minutos y segundos pensando en ella, Laura… tan solo hacia cinco semanas que la había conocido, pero se había metido en su piel, en su pensamiento, en su deseo, en todo su ser.

Laura era una diosa, sensual y maravillosa y totalmente perversa, con ella había descubierto un mundo desconocido para él, el día que lo invitó a su lecho le mostró lo poco que conocía del fuego de una mujer, noto su nerviosismo, y fue tierna…, a lo primero, pero tan sólo fue un espejismo, no tardo en utilizarlo a su antojo, besándolo como nadie antes, acariciando y apretando con sus labios, encendiendo su sangre, surcando su piel en sus uñas que se clavaban sin piedad, marcando con sus dientes el limite del placer, cabalgándolo, haciéndolo sentir un salvaje semental, mientras su cuerpo sudado y brillante se mecía sobre él con aquellos pechos turgentes bailando su danza sensual, que lo hipnotizaba con una sublimación perversa.

Ella le había prohibido tocarlos, y él se moría de ganas de rodearlos en sus manos, apretarlos y disfrutarlos, ella se los acercaba a su boca lo justo para que pudiera rozar con su lengua aquellos pezones endurecidos, mientras lo miraba con cara divertida y se reía de aquel modo tan maravilloso  que aún lo encendía más si cabía. Laura controlaba los tiempos, hacia subir su placer hasta el momento justo, y de golpe se lo arrebataba, su lengua hacia diabluras, en el cuello, en los oídos, haciéndolo tensar con cada escalofrío, haciéndolo jadear y desesperar mientras bajaba caminando su aliento por el pecho, mientras bajaba su infierno mordiendo lascivamente, mientras llegaba a su miembro viril palpitante y lo hacia suyo por completo, mientras le mostraba su grieta golosa ya al alcance de su boca y él no podía más que devorarla con ansia, ya no existía nada mas que su sabor y ella se lo entregaba sin ningún pudor, disfrutando de su lengua titilante, haciéndolo su esclavo, haciéndolo feliz en su entrega, prohibiéndole parar mientras lo hacia estallar en el sumun del placer…
Fran Rubio Varela.