Cl@ndestinos IV

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Nochebuena, doce de la noche.

 

Rhona intentó llamar a las chicas pero la línea estaba colapsada, envió algunos whatsapp a las amigas y algún que otro conocido pero costaba que entrasen, o estaban celebrando y no contestaban, “ya los leerían por la mañana”, pensó.

La noche de nochebuena cenaron solos, Daniel había reservado esa noche para ellos, muy considerado él, cuando como era habitual en él, en toda la cena le había dirigido la palabra. Acabaron de cenar, recogió la cocina y puesto que su marido se había encerrado en el estudio, no tenía nada más que hacer. Ya ni siquiera acudían a la Misa del Gallo, como había sido tradición en su familia, hasta eso había dejado perder, la costumbre era de la familia de Rhona, no de la suya, por eso no le interesaba demasiado.

No tenía sueño así que se sentó frente al ordenador, estuvo leyendo el correo y contestando a algunas personas que le felicitaban las fiestas por ese medio. Estaba a punto de acostarse cuando el móvil emitió el típico sonido que anunciaba que tenía un mensaje en el Facebook.  Curiosa, pensó quién podía estar en Facebook a aquellas horas en una noche tan señalada. Abrió la página del navegador y le dio al bocadillo de los mensajes, las pulsaciones se le aceleraron al ver que se trataba de Jaime.

Tiene un mensaje nuevo.

¡¡Feliz Navidad, querida Rhona!! Para cuando te conectes.

Muchas gracias, igual te deseo.

No esperaba que estuvieses conectada en una noche como esta, pero me alegro. —Comentó Jaime de pronto.

Estaba a punto de irme a la cama, solo repasaba el correo y les enviaba felicitaciones a mis hijas.

—¿No pasan las fiestas en casa? Por cierto, cuantas hijas tienes, nunca has comentado que tuvieses hijos.

Tengo dos, son enfermeras y viven en Londres. ¿Tú tienes hijos? —Preguntó a su vez Rhona.

No, por desgracia nunca tuvimos hijos, mi mujer tuvo un aborto y nunca más quedó embarazada.

Lo siento. —Rhona no supo qué decir, le dolía de verdad.

De eso hace ya muchos años, yo ya lo superé.

Por tus palabras deduzco que a tu mujer le ha costado un poco más.

Mi mujer no lo ha superado, desde entonces la convivencia es difícil.

No sé que decirte, de veras que lo siento, para mí, mis hijas son la mayor bendición. Perdón, creo que no debí decir eso. —Después de hacerlo pensó que no había sido muy acertado aquel comentario.

—¿Por qué no? Tienes mucha razón, los hijos son una bendición, que no tenga no significa que no lo entienda, además, tengo sobrinos.

Yo sobrinos no tengo.

—¿Entonces ahora estás sola? —preguntó de pronto Jaime.

Rhona se puso nerviosa ante aquella pregunta, no sabía cómo interpretarla, ¿era por cambiar de tema? Si solo era eso, bien, de lo contrario no sabía que pensar.

Te has quedado callada. Creo que me has malinterpretado, me he explicado fatal, quise preguntar si no tienes compromisos, quería proponerte si puedes venir pasado mañana a la galería, necesito alguien que valore el resultado antes de abrir al público la nueva exposición. —Se apresuró a aclarar Jaime.

No creo ser la persona indicada, ni siquiera he hecho una exposición en mi vida. —Intentó contestar sin dar importancia a la frase—. Lo único que sé decir es si me gusta algo o no.

El comentario que has hecho es el de una persona inteligente, no juzgas la bondad de la obra, sencillamente dices si te gusta o no. Eres precisamente el tipo de persona que necesito para que me dé una opinión sincera.

Pero yo no quiero condicionar a nadie, todos los que me conocen saben lo rara que soy, creo que me sobrevaloras, solo soy una pobre vieja aburrida que se entretiene haciendo algunas fruslerías, supongo que era esa la colaboración de la que hablabas —contestó Rhona intrigada.

Creo que la que se menosprecia eres tú, por las cosas que compartes en Facebook, creo que eres una mujer muy sensible, con un espíritu muy joven. Vieja la ropa, soy un desconsiderado, no te dije nada de la colaboración porque la galería hace aguas, no sabemos el tiempo que durará abierta al público —aclaró Jaime.

—¿Tan transparente soy? —preguntó alarmada y dio por zanjado el tema de la colaboración, pensó que no debió comentarle nada, pero ya estaba hecho.

A lo mejor es que soy muy observador, y así te llevo la contraria jajaja.

—¿La contraria? No entiendo.

Dices que eres mayor, yo creo que estás en el punto de madurez adecuado, por eso me gustas.

Aquella declaración la dejó sin habla, de pronto le subieron los colores y los calores a la cara, si no la conocía de nada, a qué venía aquella confesión, ¿habría estado celebrando la navidad y habría bebido? Debería desconectar en aquel momento, ¿y si era un pervertido? Vale que hiciera unos meses que se escribían, pero ella para nada pensó que a su edad pudiera gustarle a ningún hombre, si ni siquiera la miraba su marido. Aquello no entraba en sus planes y le rompía todos los esquemas.

 

 

 

 

 

 

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El Faro de los lamentos

El Faro de los lamentos

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En el confín de los lamentos…al final, en donde se encuentra el faro aquel…¡aquel! que se mese con el viento.
El de la luz amarillenta, tenue y fría…pálida
ya sin vida
El que no sabe lo que alumbra porque ya ni ganas tiene,
el faro aquel que parece llorar cabizbajo…porque hasta doblado esta.
triste esta.
El que una vez, hace tiempo, nos daba la luz mas hermosa
eso pensaba…en ese tiempo.
Debajo del que nos acurrucamos en las noches, aquellas noches de caricias, besos.
de amor.
Debajo de aquel faro donde me esperabas sentada, en el banco que ya no esta.
Sin avisar desapareció…como nuestro amor
desapareció.
En aquellos tiempos; el faro, el banco y tu era lo que mas esperaba yo, al final del día.
El faro erguido iluminándonos, el banco fuerte sosteniéndonos… y a nuestro amor…
que ya murió.
Como el banco desapareció, como el faro se doblo…se extinguió, como la luz palideció…
murió y en el confín de los lamentos
lloro yo.

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SUBLIME

SUBLIME

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En la cúspide del sentir me encontraba, cuando su mano se acercó con sigilo, deslizando sus dedos suavemente por mi cadera, haciendo que la infantil caricia me provocase cosquillas.

Mi piel enrojecida por culpa de aquellos juegos previos a la lucha amorosa que mantuvieron nuestros cuerpos y en los que todavía no había un ganador, pedía a gritos una tregua de sensaciones, las que iban acumulándose a la vez que dejaban pruebas indiscutibles en estratégicos puntos de la dermis alterada por la excitación.

No era ocasional que mi cuerpo sintiese en aquel primer combate múltiples descargas, gozando de ellas desde la primera a la última sacudida que hacía bullir mi sexo. Sintiendo el latido de mi corazón en semejante sitio. La definición de sublime no alcanza el grado de adjetivo con el que calificar aquel tiempo en que me amó.

Aquellos momentos llenos de erotismo y todo el conjunto de armoniosas y lascivas caricias con las que se iniciaba. Y con las que después para terminar aquel ritual hermoso estimulaba mis sentidos, hasta el punto de que con ellas dejaba expuestos mis deseos carnales.

Adelina GN

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Poema al olvido

Poema al olvido

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Poema al olvido
Amanecer de amaneceres, eres lo que siempre he buscado
Tanto deleite causas en mí, como yo nadie te ha amado
Busca un amor y sabrás lo que he sufrido
Por causa de tu recuerdo, miles de noches no he dormido
Tengo un sueño afligido, un gran afán de encontrarte
Insufrible tu ausencia, y un gran deseo de amarte
No desprendas tu vida de la mía, has de esto algo glorioso
Las llamas aún persisten, ¡qué fuego tan hermoso!
Luna rara, sol glacial, eres aún mi pasado ardiente
Tanto tiempo ha pasado, y en mi memoria estás presente
Dulce canto, fina aurora, ya no quiero más llorar
Por ti ya ninguna lágrima volveré a derramar.

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El pecado de la inocencia!

El pecado de la inocencia!

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La piel ardiente en la calidez de la noche.
Cuerpos agotados negaron la sapiente cordura .
La pasión se tornó en caminos encontrados.
Segó el deseo, pero llegó pronto el reproche!

El calor de la sangre en sus venas,
se condensó en frío helado .
Adormeció ilusiónes como cuchillo afilado.
Cortó sus alas, dando paso a decepciones!

Aquellos días donde la inquietud se hizo tortura,
fue su semblante un espejo de agonía.
Destino hiriente anidó en sus entrañas,
y fue la rabia aliada de sus días!

Era la tarde donde las hojas llovían,
ocres hambrientos de un otoño que pesaba .
No había engaño, el instinto presagiaba.
Sin previo aviso su angustia prendió en llamada!

Lágrimas regaron el jardín de la inocencia.
El miedo abrigó la soledad y el desamparo.
Amargura en un trono sin corona.
En el, su cuerpo tocarlo era pecado!

Carmen Escribano.

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