Ultraje.

Ultraje.

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Escucho las voces que se esconden, en la melodía de ese maldito violín.
El mismo armónico lleno de promesas tocadas para nosotros, y que ahora ahogan mis entrañas.
Quiero cerrar barreras y aislar sentimientos, en el tiempo que me amaste.
¡Necesito liberarme!
Romper esas perpetuas cadenas ,que condenan mi estabilidad y borran mi equilibrio.
Histriónicas e insinuantes palpitaciones, levantan aún un pecho desfallecido que necesita descanso.
Amargo recuerdo que entorpece la andadura sobre lisa estampa, y alberga esperanzas que llenan de vergüenza las arcas de mi insolencia.
Y es que por inecia, y quizas por venganza, entrego mi cuerpo como basta mercancía, que es moneda de cambio al ultraje recibido.

Carmen Escribano.

¡Papá, tengo miedo!

¡Papá, tengo miedo!

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— ¡Papá, papá, tengo miedo! – Por tercer día consecutivo mi hija se despertaba sobresaltada.

— Calma princesa, el monstruo ya no te hará daño.

Y en mi mente resonaban los tres disparos que le di al hombre que le robó su inocencia, tres, y hubieran sido treinta de no haber llegado la policía.

Mi pequeña, cinco años después revive una y otra vez aquella fatídica noche.

Ascuas

Ascuas

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Nos veríamos, algunos años después de aquel entredicho que nos hubo alejado, al uno del otro.
Y descubriríamos que ya no éramos, quienes un día fuimos. Vagando penosamente andaríamos por un corto espacio de tiempo para luego darnos cuenta que la vida pasa, y en ella nos consumiendo.
Cual ascuas que restan de una hoguera, y se van apagando cuando el viento sopla, en una fría tarde, una hermosa tarde de primavera.

Capricho

Capricho

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«Fue entonces que se me prendió la lamparita… Allí, en la sala de emergencias de un hospital. Acariciando la muerte. Besando las manos de la parca, entendí que nunca fui tuyo, ni tú fuiste para mí. Éramos apenas un capricho de la vida.»

Photo by :: De todos los Colores ::

La astuta

La astuta

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Avaricia, malicia, soberbia, inteligencia; cuatro palabras clásicas que definían a la chica astuta. Una joven con clase, pero también con mucha locura. Los sábados eran sus fechas de aventuras interesantes para encontrar cosas entretenidas. Al llegar a los bares, comenzaba a deslizar su belleza para obtener todas las miradas de los idiotas. Mientras los idiotas derramaban baba, ella seguía buscando a su elegido. Ignoraba a aquellos que se comportaban como huevones, esos que insistían en seducirla y que terminaban siendo mandados al carajo por ella. Finalmente encuentra a su elegido. Un hombre de pocas palabras, pero de gran carácter. Comienzan a bailar sensualmente mientras sus miradas se cruzan, dando indicios de querer a ir a un hotel. Salen del bar con dirección al hospedaje para algo más. Llegan al cuarto para realizar el acto sexual de manera apasionada y excitante. Al terminar, la astuta le propone una cita para conocerse más, pero él le dice que esto ha sido su cita. La astuta se queda en shock, ya que nunca un hombre en su vida le había negado una salida. Molesta, le tira una bofetada y le pidió rabiosamente que se marche de la habitación. El elegido le dice que a veces no siempre se ganan premios, sino que también se pierden. La astuta se queda en un silencio incomodo, donde reflexiona lo mencionado por el elegido. Al abandonar el hotel, se promete alejarse de su mundo y comenzar a pensar mucho más ella. Después de todo, ya había ganado varias batallas y esta solo fue su primera derrota. Derrotada pero siempre orgullosa.

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