El engañado

El engañado

2.33 Promedio (57% Puntuación) - 3 Votos

El pensaba que todo estaba bien en su entorno, que no tendría problemas con sus amistades, familiares, ilusiones y amores. Pero todo era un engaño. El creía que todos sus amigos realmente lo querían como era pero solo lo utilizaban solo como beneficio propio. Sus berrinches, comportamientos y ridiculeces lo dejaban en el punto crítico. Sus familiares cuestionaban sus logros, como si sólo se tratasen de desperdicios o tonteras. Sus amores sólo lo buscaban por momentos, porque siempre tendrían algo bajo la manga. Y sus ilusiones sólo quedaban como imágenes borrosas que no aparecían.

Se refugiaba en la poesía, para ver si se podría convertir en su mejor compañera pero solo aparecía en pequeños momentos. Comenzaba a escuchar Joy Division para ver si podría encontrar respuestas, pero solo escuchaba canciones sobre el aislamiento y soledad. Su ansiedad lo golpeaba siempre, a tal punto de que tenía miedo al salir a la calle. Los bares sólo le producían borracheras ocasionales.

Por eso, después de tantas lágrimas y decepciones, logró subir a la escalara del cielo.

2.33 Promedio (57% Puntuación) - 3 Votos
El viejo buitre

El viejo buitre

5.00 Promedio (97% Puntuación) - 3 Votos

No puede permitirse demasiados errores más. Hace bastante tiempo que ha perdido aquella extraordinaria visión de antaño. La que le permitía localizar la carroña incluso antes que las águilas calvas. Esa misma semana, ha hundido el pico varias veces, sobre algunas piedras, confundiéndolas con presas muertas, provocándose bastantes melladuras. Su aspecto es lamentable.
Ya no puede entrar con el pecho adelantado como hacen sus jóvenes congéneres, que perciben enseguida al anciano, dentro del grupo. Allí no existe el respeto, desde luego y casi siempre es relegado a la última posición, entre empujones. ¿Sabéis lo duro que es oler la carroña fresca, a un paso del pico y no poder llegar ni a catarla, mientras observas a los demás cómo se hartan?
Le invade la sensación de no pertenecer a nada o a nadie, ni siquiera a sí mismo. Mendigando migajas logra sobrevivir un día más. Quizás, ¡qué digo!, seguramente mañana será el último, de su volátil vida.
Atrás quedan esos días cuando enseñó a volar a sus polluelos, conquistó las mil y una hembras o logró batirse en duelo con los mejores de su especie, en aquel inhóspito territorio. Siempre indemne, orgulloso, triunfante…
Sale el sol del amanecer. Los tenues rayos, acarician el tibio cadáver. Una pequeña y solitaria pluma de su cuello, impulsada por el viento, anuncia el deceso.

5.00 Promedio (97% Puntuación) - 3 Votos
De vampiros

De vampiros

2.67 Promedio (62% Puntuación) - 3 Votos

—Qué hermosos ojos tienes— le dije. La luna brillaba azul en el cielo.
—Para poco me sirven –me dijo– porque ambos son ciegos.
Cerré mis ojos para entender su prisión oscura.
—Qué hermosos ojos tienes— me dijo y escuché sus pasos alejándose en la noche, en mi noche oscura que no termina.

2.67 Promedio (62% Puntuación) - 3 Votos
Khaled

Khaled

3.60 Promedio (74% Puntuación) - 5 Votos

Entre los escombros de lo que un día fue su escuela, Khaled se sienta en el suelo y juega a amontonar piedrecitas. Las amontona con las manos sucias y, cuando la pila está haciendo equilibrios a punto de derrumbarse, las derriba con un golpe de misil improvisado con el brazo derecho. Hace tiempo que ya no puede ir a la escuela, pero el pequeño sigue acudiendo día tras día, para mantener vivo el recuerdo de lo que una vez fue algo de felicidad.

Queda poca gente en el pueblo, medio derruido y falto de alegría. Muchos murieron, otros muchos huyeron en busca de una nueva vida alejada de la guerra y el desastre. A los que quedaron allí, rara vez se les puede ver esbozar una sonrisa. Khaled juega solo, apilando los escombros de su escuela una y otra vez.

Se escucha un estruendo en la distancia. Khaled, sin alterarse, alza la mirada de su juego para ver la gran nube de polvo levantada por algún misil. El cielo ha vuelto a iluminarse otra vez. Como cada día. Con calma, el pequeño lanza de nuevo su brazo para hacer caer una torre de piedras más.

3.60 Promedio (74% Puntuación) - 5 Votos
El deseo diferente

El deseo diferente

3.43 Promedio (71% Puntuación) - 7 Votos

Lucy pretendió jugar con él desde que entró en la habitación. Pasó un dedo por sus mejillas, le acarició el pecho, tomó su corbata y lo acercó a la cama. Le quitó la ropa, insinuante, hasta dejarlo con un slip. Le dio un empujoncito y lo sentó sobre el lecho. Tomó la mano diestra del visitante y la pasó por su propia entrepierna, donde los genitales masculinos disentían con el resto de su cuerpo. Jugueteó hasta la firmeza, entonces la soltó y retrocedió, alejándose de la cama.
Tirando besos al aire, Lucy se sentó en la silla de esterilla; cruzó las piernas, consciente de que la minifalda se había subido. El hombre reaccionó; ella notó la fiebre en sus ojos, la impaciencia en las manos mientras se erguía.
Lucy cerró los ojos para profundizar el placer de la espera. Oyó los pasos del hombre acercándose, sintió que sus rodillas caían sobre la madera. Esperó el contacto, pero cuando llegó, quedó confusa. Abrió sus párpados; había quedado descalza y el hombre se colocaba, de prisa, sus zapatos de tacón.

3.43 Promedio (71% Puntuación) - 7 Votos
A %d blogueros les gusta esto: