¿Sabes cuál fue la primera novela de detectives de la historia?

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El misterio de Notting Hill, escrita por Charles Félix -seudónimo del editor Charles Warren Adams- está considerada la primera novela de detectives. Se publicó por entregas en la revista Once a week, entre 1862 y 1863. En la trama, el investigador de una empresa aseguradora debe aclarar las circunstancias de la muerte de la esposa del barón R., que supuestamente se envenenó después de entrar sonámbula en el laboratorio de su marido. En la investigación aflorarán herencias codiciadas, hermanas separadas en la infancia, espíritus, hipnosis, sonambulismo y crimen.

Su influencia dentro de las novelas de detectives fue anecdótica; el género policíaco como tal, nació en el siglo XIX de la mano de Edgar Allan Poe, al crear al detective Auguste Dupin en su relato Los crímenes de la Calle Morgue, considerado el primer relato de detectives propiamente dicho de la historia de la literatura.

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SUGESTIÓN (quinta y última parte)

SUGESTIÓN (quinta y última parte)

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– No. Estás en trance de ello, respondió la pastelera, pero te puedes salvar si haces lo que te digo.
– Lo haré, lo haré, aún quiero terminar mis días organizando mi colección de sellos, es la ilusión de mi vida.
– Pues vivirás, tienes una razón importante para seguir en este mundo. – – Sólo debes purgar tu falta ayudando a prosperar a los muchachos dependientes de tí y procurarles un trabajo fijo.
– Schssssss, se escuchó bajito, acuérdate de lo del sueldo.
– Y subirles el sueldo, claro, apuntó Elenita.
– Lo haré sin duda, hablaré con el mismísimo Ministro si es preciso, pero quiero vivir.
– Pues que quedes en paz y cumplas tu promesa. Vivirás muchos años.
– Gracias, gracias, pero no te vayas sin aclararme el misterio de que hayas venido en espíritu tú precisamente que eres el motivo de mis sueños.
– ¿Yo, Don Fernando? Bueno ¿mi cuerpo humano, o como se diga?
– Sí, tú, la mujer que ha provocado esta catástrofe por tenerme loco de amor. Pienso que han enviado un espíritu con tu rostro para hacerme comprender mis debilidades y mi soberbia. Amo a mi pastelera con su carne prieta.
– Don Fernando, no puedo hacer nada por usted, soy etérea . Mi misión ha terminado pero si se lo dice a ella, tal vez….
– Lo haré hoy mismo y no le diré que el cielo me mandó su rostro para iluminarme y hacerme ver como realmente soy.
– Maldita suerte la mía, murmuró Leo, me levantó a la chica.
– ¿Y lo bien que hemos quedado, eso no vale? Respondió el asistente. Tío, fijos y sin oposición.
– Pero…¿eso se puede hacer?
– Pues claro, así se obtienen los mejores puestos.
– Laurita ya se había marchado con su minifalda puesta más contenta que un cascabel. Por otra parte Don Fernando recobró la compostura y volvió a hablar con la dignidad que requería su estatus.
– Por favor, diganle al cura que no venga y llamen al electricista. Quiero mi lámpara cuando vuelva de resolver unos asuntos.
Mientras tanto, escriban sus nombres y apellidos en un papel. Los necesito para mañana a primera hora.

Y así, sin más incidentes, terminó este pequeño sainete que esperamos haya distraído a nuestro querido e incondicional público.
Gracias por su entusiasmo (aplausos).

P.S. Los tres capítulos primeros contaban con la colaboración de Goya y sus Caprichos. El cuarto fue decorado por Edward Munch y este quinto y último por Alphonse Mucha.

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