4.67 Promedio (92% Puntuación) - 3 Votos

Las cosas nunca son como esperamos. Sería ilógico que lo fueran. Si no tenemos dotes de adivinación, es imposible tener una visión exacta de cómo será lo no ocurrido o lo desconocido. Todo descubrimiento nos deja un cierto desencanto. Nada suele exceder a nuestras expectativas.Al contemplar la realidad presentida pero no confirmada, descubrimos en nosotros una voz que nos dice: “era esto”. Y en ese momento comprendemos que “esto” ya estaba en nuestro interior pero nos lo ocultábamos. Preferimos intuir algo diferente. Quizás algo mejor o menos malo. Decimos: “era esto”. Y notamos que todo encaja. Que lo sabíamos. Que era lógico. Que estaba claro.Pudimos aproximarnos más en nuestro pronóstico, pero no quisimos. Hacemos más caso a la ilusión que a la memoria, la observación, o a la lógica. Sin embargo, hemos gozado de un disfrute injustificado, y eso ya es un rédito importante. Pero lo es mucho más reconocer que, aunque ignorado por nosotros mismos, existe un sabio en nuestro interior al que nunca escuchamos. En cada uno de nosotros hay un anciano y un crédulo. Un sabio y un niño que quiere que se lo compren todo. Y cada tropiezo es una magnifica oportunidad para que ambos dejen de ignorarse y aprendan a seguir juntos y guiarse mutuamente.

Enrique Brossa
Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí. Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.
Enrique Brossa

Últimos post porEnrique Brossa (Ver todos)

4.67 Promedio (92% Puntuación) - 3 Votos
A %d blogueros les gusta esto: